🇦🇷 BOCA Y SU TÍTULO DE LA LIGA NACIONAL EN LA TEMPORADA 2003-04

Boca realiza un repaso por sus tres títulos de Liga Nacional a lo largo de su historia. En este caso revive la edición 2003/2004 del máximo torneo nacional, obtenida en La Plata frente a Gimnasia.

Boca realiza un repaso por sus tres títulos de Liga Nacional a lo largo de su historia. En este caso revive la edición 2003/2004 del máximo torneo nacional, obtenida en La Plata frente a Gimnasia.

Preparación. La dolorosa final perdida ante Atenas en la temporada 2002/2003 todavía pegaba duro. Pero claro, la historia debe continuar y no hay tiempo para lamentos ni para pensar en lo que podría haber sido y finalmente no fue. Había que arrancar una nueva versión del básquet Xeneize y la apuesta fue fuerte, ya que se sostuvo una base de la campaña previa y además se agregaron refuerzos de comprobada jerarquía.

Jugadores como Sartorelli, Leiva, Guaita, Sandes o Burgos se quedaron para ir por la revancha, mientras que el desembarco de un entrenador top como la Oveja Hernández encabezó la llegada de piezas competitivas (Paolo Quinteros, Byron Wilson, Fernando Malara, Chila Mc Cray, Tato Rodríguez) para redondear un plantel que conformó un mix ideal de talento, experiencia y juventud con la idea de ir por todo lo que se cruce en un largo camino. Pasada la pretemporada y los amistosos, llegaba la hora de competir oficialmente.

En ese marco, la Copa Argentina aparecía como el primer torneo oficial. Y, en una campaña que amerita también una nota especial al respecto, el Xeneize fue pasando por todos los escollos hasta coronarse campeón de manera invicta. River (por entonces en el TNA), Obras y Quimsa quedaron por el camino en las fases previas, mientras que en el cuadrangular final disputado en Córdoba le tocó el turno a Gimnasia, Argentino y el anfitrión Atenas. Había material y ya un título en el bolsillo, era turno de empezar la Liga Nacional.

Primera fase. El formato de aquella temporada hacía que la primera fase fuera muy importante, ya que la mitad de los puntos obtenidos en ella se arrastraban para la segunda etapa del certamen, en la que había que enfrentarse contra todos los rivales (incluida la Zona Norte). El Xeneize disputó la Zona Sur junto a equipos de suma jerarquía como Obras, Gimnasia (LP) o Gimnasia (CR). Boca tenía todo para marcar el camino, solamente debía demostrarlo en la cancha a lo largo de los 14 partidos, siendo el siempre duro Gimnasia (CR) el primer escollo a sortear.

El equipo de la Oveja ratificó la química de juego que había demostrado en la Copa Argentina, por lo que la cosa fluyó de manera casi inmediata en el rectángulo. Mucho poder de gol, diferentes jugadores capaces de tomar la batuta cuando fuera necesario, más un compromiso a la hora de defender que no es fácil de ver en planteles tan talentosos fueron el combo ideal para quedarse con 11 de los 14 partidos disputados. El Xeneize solamente perdió ante los dos Gimnasia (La Plata y Comodoro Rivadavia) fuera de casa, mientras que Obras fue el único que se llevó la victoria del Luis Conde.

Cierre del 2003. La 2003/2004 traía el “Pre Top 4” al finalizar la fase regular para que 4 de los 16 equipos se clasifiquen al Top 4 que cerraría el año calendario. Puntero de la Sur, Boca debía medirse ante el último (Ferro) y las diferencias quedaron expuestas ya que con dos goleadas el equipo de la Oveja liquidó la serie 2-0 y clasificó. Casi en un presagio de lo que vendría meses después, el siguiente rival fue Gimnasia (LP) y (más coincidencias) el Xeneize arrancó perdiendo. Ya en la Bombonerita, Paolo y Byron hicieron de las suyas y la historia se revirtió, por lo que Boca clasificó al cuadrangular que clausuraría el 2003 en Rafaela.

El inicio de la segunda fase era una suerte de tentempié de cara al Top 4. Apenas cuatro partidos y efectividad perfecta para el Boca de Sergio Hernández en las pasadas por las siempre duras canchas de San Nicolás (Regatas) y Gualeguaychú (Central Entrerriano), mientras que la despedida en casa llegó con una ajustada victoria ante Quilmes y una categórica goleada frente a Gimnasia (LP) que sirvió para ratificar que la clasificación obtenida poco tiempo antes no había sido fruto de la casualidad. Soberano en la Liga Nacional, era hora de ir por el último torneo del año.

Ben Hur de Rafaela era el anfitrión de un Top 4 que también tenía a Boca, Obras y Atenas. El Coliseo del Sur reunió a cuatro de los mejores equipos de la Liga Nacional, y la ilusión se hizo presente ya que el Xeneize doblegó de entrada al local y a los Tacheros, quedando mano a mano con el Griego en la última noche de competencia. Sin embargo, el goleo de Leiva y Quinteros no alcanzó para frenar a Pittman y Osella, por lo que Atenas ganó 101-92 y se quedó con el trofeo, pero las buenas vendrían poco después.

“Lo primero que recuerdo de esa temporada que fue la primera en Boca mía es que teníamos un grandísimo equipo con mucho talento, era un equipo muy unido, que sabía lo que quería y lo que era jugar en Boca, lo que significaba eso. Creo que fuimos muy superiores durante toda la Fase Regular”, rememora Paolo Quinteros.

Arranque del 2004. Luego de varios meses de dura competencia afrontando tres torneos en poco tiempo, el receso navideño vino bien para frenar un poco la máquina y pasar las fiestas en familia de cara a lo que se vendría tanto en la Liga Nacional como en la Liga Sudamericana. Quedaban por delante 26 partidos de la serie regular, los playoffs para ir en búsqueda del título que se había negado en la 2002/2003 y obviamente había que sumarle el gran desafío de jugar un torneo internacional.

Las victorias ante los ásperos Ben Hur y Belgrano en la Bombonerita abrieron el 2004, pero el golpe de efecto vendría poco después. Boca vapuleó 91-69 a Atenas en Córdoba en su tercer partido del año y marcó territorio. Oficialmente el Xeneize era el rival a vencer por todos y lo fue demostrando noche a noche, ganando sus primeros siete duelos tras el receso, sumando 23 victorias en los 30 cotejos de la segunda fase y abrochando el 1 de la serie regular con varias jornadas de anticipación. Sin embargo, el presente no era el ideal ya que una dolorosa caída en casa ante Atenas marcó la eliminación en semifinales de la Liga Sudamericana y había que sacarse esa espina.

Con 16 equipos, el formato de aquella Liga Nacional indicaba que los cuatro primeros descansaban, los ubicados entre los puestos 5 y 12 debían jugar reclasificación, dos más terminaban su participación y los dos peores (Regatas y Ferro) tras esos 44 partidos deberían jugar la temporada siguiente en el Torneo Nacional de Ascenso. Era hora de descansar, entrenar y ver quien llegaba desde los cruces de reclasificación que tendrían una duración aproximada de diez días.

Cuartos de final. Luego de un reparador descanso tras asegurar el 1 de la serie regular, el equipo de la Oveja debía medirse con Belgrano. Los nicoleños, hoy en día disputando el provincial bonaerense y con diferentes pasos anteriores por el Torneo Federal, eran un hueso duro de roer ya que sostenían una base histórica y le agregaban jugadores silenciosos pero de buen rendimiento. Así fue como llegaron a la Bombonerita con apellidos que para el memorioso de la Liga siempre son recordados (Colla, Rodríguez, Field, Bertucelli, Zuelgaray, Dastugue).

La serie, pactada al mejor de cinco partidos, no fue fácil, pero Boca la cerró 3-0 aplicando su ley en diferentes momentos de cada encuentro. Belgrano planteó dura batalla en el primero gracias a Julio Ariel Rodríguez, pero Wilson lo liquidó para un Boca que se sacó un peso de encima y se impuso fácilmente en el segundo para estirar la ventaja a 2-0. Los nicoleños se hicieron fuertes en el Fortunato Bonelli y entraron en ventaja al minuto final, pero un triple de Guaita, más el goleo de Paolo y Malara decretaron que Boca se volviera a casa clasificado y sin la necesidad de disputar un cuarto juego.

Semifinal. Se sabe que los partidos ante Obras siempre fueron especiales. Y más aún si lo que está en juego es el pasaje a la semifinal de la Liga Nacional. El Xeneize llegaba con una buena semana de descanso tras haber barrido a Belgrano, mientras que el equipo de Núñez había dejado en el camino a Gimnasia de Comodoro Rivadavia (3-1 sin ventaja deportiva) y asomaba como un rival de temer ya que en su plantel tenía ni más ni menos que a Leonardo Gutiérrez, más otros jugadores de importancia como Lázaro Borrell, Eduardo Dominé, Lawrence Wallace, Juan Manuel Locatelli y un joven Pipa Gutiérrez.

El arranque de la serie fue en la Bombonerita y Boca hizo pesar la localía. Obras planteó una dura batalla palo y palo a todo gol en el primer choque, pero los muchachos de la Oveja gozaron de un Paolo en llamas (32) más el buen aporte de Tato Rodríguez y Wilson para ganarlo 105-100. El segundo punto fue diferente, la visita tuvo un buen primer cuarto, pero después Boca no dejó dudas. Contundente 98-79 con el goleo de Wilson (28) y una defensa sublime como aristas altas de cara a la continuidad de la serie en Núñez.

El equipo de la Oveja tuvo una chance de oro en el tercer juego ya que Obras no contó con Borrell, pero a puro corazón y de la mano del goleo de Leo Gutiérrez el local forzó la prórroga y allí se impuso 102-98 estirando la serie a un cuarto duelo. El último punto de la llave fue un partido vibrante, una batalla con dos equipos que tenían jugadores lesionados que así y todo salieron a la cancha y rindieron a gran nivel. El Xeneize lo dejó pasar en el tiempo regular, pero un Chila Mc Cray deslumbrante (30) comandó la victoria 107-101 en el tiempo suplementario y aseguró el pasaje a la gran final.

“En la final si bien tuvimos el incoveniente del reloj de 24 y después perdimos el partido, por lo que perdimos la ventaja de localía, lo supimos dar vuelta, eso hablaba del potencial que teníamos para ganar el título. Para mí fue algo importantísimo, increíble. Algo tremendo. Ese año con Sergio (Hernández) salió todo lo que habíamos soñado desde que comenzó la temporada. Fue un grandísimo año para mí”. Palabras de Paolo Quinteros. 

Final. El inicio de la serie final no fue el esperado por Boca ni mucho menos. El momento más deseado de la competencia reunía a dos equipos que ya se conocían casi de memoria por la gran cantidad de enfrentamientos que habían tenido desde que arrancó la temporada 2003/2004. Pero lo cierto es que el Lobo lo ganó, literalmente, dentro y fuera de la cancha. El primer punto mostró a un Gimnasia obrero, batallador, que supo controlar a las figuras locales y lo cerró bien al final para imponerse 86-82. Lo del segundo juego es historia más conocida, el reloj de 24 no funcionó, se aplicó el reglamento y la ventaja platense se extendió a 2-0.

No eran momentos fáciles para Boca. El equipo de la Oveja tenía que demostrar que aparte del talento, el gol y la defensa, también tenía eso que no sale en las estadísticas pero que es más que necesario para ciertos momentos de cada competencia. Y vaya si lo tuvo. El tercer juego mostró a un Xeneize solidario, con gol repartido y duro atrás, pero por sobre todas las cosas dueño mental del encuentro para ganarlo 89-83 y limar la desventaja a 2-1. En el cuarto la cosa fue parecida, Boca lo ganó 94-89 y retornó de la capital provincial sabiendo que ese 2-2 parcial le devolvía la tranquilidad a futuro.

El resultado parcial de la final no lo indicaba, pero Boca ya iba ganando. Tal es así que en el quinto juego no contó ni con Tato Rodríguez ni con Paolo Quinteros pero se quedó con la victoria más holgada de la llave (82-72) de la mano de Wilson y sus 27 puntos. Había que ir por todo a La Plata, pero el Lobo tenía otras ideas, a Boca se le complicó sin Paolo y el partido fue a dos tiempos suplementarios. Y, tras una batalla extenuante, con conversiones de Mc Cray, Tato  Rodríguez, Leiva o Fioretti que se recuerdan hasta el día de hoy, el equipo de la Oveja ganó 113-106 en el Poli de calle 4 y levantó su segundo título de la Liga Nacional de Básquet.

Merecidísima consagración de Boca en aquella temporada liguera. El Xeneize no se quedó llorando luego de la dura final perdida ante Atenas, armó un plantel de marcada jerarquía y rápidamente empezó a ganar por todas las canchas del país ya a partir de la Copa Argentina. No fue un desfile, hubo rivales muy duros y también aparecieron contratiempos que no se esperaban (la final del Top 4, la Sudamericana, el reloj de 24 ante Gimnasia), pero el equipo de la Oveja tuvo lo que tenía que tener tanto dentro (talento, figuras, gol, defensa, lujos, etc) como fuera (temple para revertir duros momentos y también la humildad necesaria para dejar egos de lado en un plantel poblado de figuras) de la cancha para quedarse con la edición 2003/2004 de la Liga Nacional de Básquet y darle un trofeo más a las vitrinas del club.

“Es imborrable el recuerdo de ese torneo”. Sandes, ala-pivote mendocino, es un jugador de gran trayectoria, tanto a nivel nacional como internacional. Sin embargo siempre recuerda que el Club Boca Juniors fue fundamental en el desarrollo de su carrera deportiva, ya que debutó con apenas 17 años en La Liga Nacional de Básquet en el año 2001 y en la temporada 2003/04 logró consagrarse campeón de la Liga también con la camiseta azul y oro.

Hoy Matías es una pieza fundamental del plantel Xeneize, pero no olvida sus inicios en la alta competencia ni a sus compañeros: “La temporada 2003/04 fue una gran oportunidad que tuve pues el club decidió apostar a los jugadores más jóvenes. La  temporada anterior Boca llegó a la final que la perdió con Atenas, pero a mí me tocó vivirla como juvenil, con poco o casi nada de protagonismo, en cambio en la 2003/04  estaban Juan Sartorelli, Diego Guaita, Matías Fioretti, estaba yo, Martín Leiva que  también era muy joven. En lo personal tuve muchísimo más protagonismo de lo que había pensado”, afirma.

El mendocino valora el gran desafío que fue para el nuevo entrenador esa temporada: “Sergio Hernández llegó a Boca y de repente se encontró con un equipo plagado de juveniles, no tenía otra opción que ponernos a jugar, nos tenía que tirar a la cancha y ver qué pasaba y, por suerte, le pudimos responder. En lo personal fue genial porque superé todas mis expectativas”.

Sandes se muestra muy satisfecho de la actuación del equipo durante el desarrollo del torneo: “Ese campeonato fue muy bueno, dominamos de punta a punta y sobre todo con un plantel muy joven, por momentos teníamos un promedio de edad quizás de 19, 20 años en cancha, y mantener a lo largo de toda la temporada ese nivel fue genial. Creo, también, que la inconciencia de la edad te hace por ahí rendir un poquito más y lo disfrutás más, lo recuerdo con la sensación de un año súper divertido”, enfatiza.

La serie final comenzó complicada, Boca viajó a La Plata perdiendo la serie 0-2. “Después de perder el primer partido, entramos muy motivados para ganar el segundo y el reloj de 24 segundos no funcionó. Viajamos mentalizados que debíamos ganar, que la adversidad no nos iba a vencer. Por suerte dimos vuelta la serie, pero Paolo Quinteros, nuestro anotador, nuestro mejor jugador estaba lesionado y Tato Rodríguez tampoco pudo jugar. Así que esa final jugamos mucho tiempo Juan Pablo Sartorelli, Fernando Malara, Diego Guaita, Martín Leiva y yo, entonces era un promedio de edad súper joven para lo que significaban esos partidos, jugadores muy jóvenes en un escenario totalmente adverso”, señala.

Y finalmente se ganó en dos suplementarios. “Si, de la mano de Sergio Hernández. Es imborrable el recuerdo del éxito de esa campaña que culminó coronándonos campeones”, concluye Matías Sandes quien fuera elegido por la prensa especializada “mejor sexto hombre del torneo”.

“Éramos una gran familia”. Paolo Quinteros, de gran trayectoria en La Liga Nacional, en el exterior y en la Selección Argentina, concretó su deseo de jugar en Boca Juniors en la temporada 2003/04. Cuando arribó al club de La Ribera ya era una joven promesa del básquet, debutó en el Torneo Nacional de Ascenso con La Unión de Colón, luego vistió la camiseta de Estudiantes de Olavarría, equipo con el que consiguió un campeonato de La Liga Nacional de la mano de Sergio Hernández y de allí pasó a jugar en el vecino país de Uruguay. Ya estando en Boca Juniors, para la temporada 2003/04, tuvo una gran temporada convirtiéndose en el goleador del equipo pero, para él, La Liga terminó con un sabor agridulce ya que, por un lado se coronó campeón pero por otro, en el cuarto encuentro frente a GELP de la instancia final, se lesionó.

Luego de jugar la Liga Uruguaya defendiendo la camiseta de Trouville, Paolo nacido en la ciudad de Colón, Entre Ríos, volvió a La Liga Nacional a cumplir su sueño de vestir la azul y oro: “Para mí fue importantísimo, era uno de mis anhelos cuando estaba en Uruguay jugando, deseaba poder volver a La Liga y en un equipo grande, si era Boca Juniors mejor y, por suerte, se pudo concretar”, recuerda.

Pese a que pasaron muchos años el escolta no se olvida de sus compañeros de esa época: “Me acuerdo que éramos un equipo muy unido, súper competitivo, en los viajes todo el tiempo estábamos compitiendo ya sea a las cartas o a lo que fuera, éramos todos como una gran familia”, y pasando al terreno deportivo agrega: “Hasta en los entrenamientos competíamos. Había muchos jugadores con mucho talento, con un grandísimo entrenador como Sergio Hernández que sabía cómo manejarnos, teníamos dos extranjeros fenomenales como Byron Wilson y Chila McGray, a los que conocíamos bien y sabíamos cómo eran dentro y fuera de la cancha. Pero todos, sin excepción, jugábamos por el bien del equipo”.

Quinteros, quien obtuvo en los Juegos de Beijing, en el año 2008, la Medalla de Bronce, evoca las finales de la temporada 2003/04 con el conjunto Xeneize: “Fue una serie durísima. Nos enfrentamos a Gimnasia y Esgrima de La Plata. Recuerdo que el primer partido lo perdemos, jugando mal y Gimnasia jugó muy bien, y luego en el segundo juego lo perdemos por un problema en el reloj de 24 segundos, así que ahí estábamos 0-2 abajo. Teníamos que ir a tratar de robar dos partidos en cancha de ellos para empatar la serie y lo hicimos”.

Se coronaron campeones y el perimetral entrerriano había logrado su anhelo, pero la alegría que conlleva lograr el título se vio algo empañada: “Yo la verdad que tengo una sensación agridulce con eso, porque justamente en el cuarto juego me lesiono y me pierdo lo que resta de la serie, aunque eso no quita que me sienta feliz de los logros obtenidos”, concluye.

Texto: Prensa Boca y AdC
Fotos: Marcelo Figueras
y La Liga Contenidos

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