🇦🇷 RIVER PLATE, CAMPEÓN CON AUTORIDAD DEL TNA 2003-04

Autoridad. Si existe alguna palabra para definir la temporada 2003/04 de River Plate en la Liga Argentina de Básquet sin lugar a dudas que ese término sería “autoridad”. Y es que estuvimos presente ante un equipo arrollador, ganador por dónde se lo mire, que marcó una de las mejores efectividades registradas no solo dentro de la categoría sino que además de las dos divisiones de la Liga Nacional.

Autoridad. Si existe alguna palabra para definir la temporada 2003/04 de River Plate en la Liga Argentina de Básquet sin lugar a dudas que ese término sería “autoridad”. Y es que estuvimos presente ante un equipo arrollador, ganador por dónde se lo mire, que marcó una de las mejores efectividades registradas no solo dentro de la categoría sino que además de las dos divisiones de la Liga Nacional.

Apenas 7 partidos perdió en toda la temporada, tres por la primera fase y otros cuatro encuentros ya dentro del TNA 1. ¿En playoffs? Perfecto, sin perder ningún juego, lo cual hace más grande su mote de imponente ya que todas las series que le tocó jugar las definió con un 3 a 0. El total arrojará un registro de 31 victorias sobre 38 presentaciones en todo lo que fue ese periodo, contando fase regular y también postemporadas. Un equipo que quedará marcado en el recuerdo como uno de los más aceitados que tuvo la categoría.

Yendo un poco más al detalle y haciendo mención en esta efectividad tremenda que tuvo, River consiguió esa temporada un registro de 81,6% de victorias. ¿Cuál es el otro caso rápido se nos viene a la cabeza por su andar casi inquebrantable? Ben Hur en la 2001/02, otro con un recorrido bárbaro que llegó a ganar 27 de 34 compromisos para un total de 79,4% de efectividad. En esta balanza, River queda un pequeño escalón por encima de los rafaelinos, porque más allá de que perdieron la misma cantidad de juegos (7), los millonarios ganaron un poco más de partidos.

Aquella temporada 2003/04 River se armó con el objetivo y la única ambición de ascender. No había otra alternativa para el club de Núñez, cualquier otro resultado no iba a contentarlo. Y más allá de contratar algunos nombres importantes y tener en la conducción a un técnico con dilatada experiencia como el gran Mario Guzmán, también hay que destacar que el grupo tuvo a muchos jóvenes que estaban dando sus primeros pasos dentro de la categoría, alguno más talentoso o con más renombre que otro, pero siempre siendo un grupo de chicos llenos de ambición.

Guzmán entonces decidió convocar a dos jugadores importantes para darle bases sólidas al armado. Por un lado pidió la llegada de Gustavo Roque Fernández, un jugador de elite y un armador con una visión de juego tremenda, que venía de jugar en la Liga Nacional tras varios años con Andino de La Rioja, y que los últimos dos años antes de su llegada a River había estado en Gimnasia de La Plata. Con el base (también había pasado por Atenas y Echagüe) se aseguró un top.

El cordobés tenía algunas ofertas para mantenerse en la máxima categoría, sin embargo optó por sumarse al proyecto de River y acertó con creces. Fue el gran motor del equipo con 11,6 puntos, 2,6 rebotes y 2,8 asistencias en 29,7 minutos. Roque Fernández ya había tenido paso por el TNA, recordando que antes de esa llegada a River y sus ya mencionados años en la Liga Nacional, registraba dos años en el segundo escalón, uno en Luz y Fuerza de Misiones y el otro en Estudiantes de Santa Rosa. Así recuerda Roque Fernández su llegada al club millonario.

“No sé si hay otro campeón del TNA que ganó todos sus partidos en playoffs, sin perder ninguno. No recuerdo cuántos perdimos en total perdimos durante el año, pero la verdad es que fueron muy pocos. Creo que la efectividad de ese año de River compite contra el Ben Hur de Rafaela que todos resaltan. Mario Guzmán me convenció de ir a River y tomar el desafío, yo venía de haber sido dirigido por él porque ya nos conocíamos desde la época de Andino. Tenía posibilidades de seguir en la A, pero me convenció la propuesta y la verdad es que formamos una química espectacular más allá del buen equipo de básquet que teníamos. Más allá de que me tocó integrar grandes equipos en mi carrera, con ese River me pasó algo que no se volvió a dar en ningún otro equipo que participé, que ftuve esa sensación de que se dio todo muy fácil ese año, tanto en la química del equipo como en lo basquetbolístico. Cada uno encontró su puesto, su función, y la verdad es que sentimos que fue muy fácil todo, porque el equipo respondió perfecto en todo sentido”.

Otra pieza fundamental y de experiencia en ese River fue Andrés Rodríguez. El interno, que podía jugar tranquilamente en los dos puestos del poste, también venía con una muy buena experiencia, aunque con más años dentro de la Liga Argentina. Echagüe, Lanús, Ciclista y Conarpesa habían sido los pasos anteriores del interno bonaerense, que fue el hombre de referencia que Guzmán quería para el juego interior. Fue el primer ascenso para Andy, que luego ascendió otras dos veces más (con San Martín de Corrientes y con Quilmes de Mar del Plata), promediando 12,9 puntos y 5,6 rebotes en 24,0 minutos de juego con River, recodando de la siguiente forma su paso por el club.

“Tenía 26-27 años, y la verdad es que esa temporada me agarró en una edad espectacular. Yo venía de Conarpesa de Puerto Madryn que teníamos un equipazo, estábamos armados para ascender, con Pipío Pedemonte, Gustavo Nóbile, Edu Villares, Casemayor, Pablito Marani que era de ahí, y Jony Treise que era re jovencito ese año. Pero nos había agarrado en semifinales el Central Entrerriano de Diego García que estaba rapidísimo… increíble lo rápido que estaba ese chico en ese momento, no era solo que no lo podíamos defender, no lo podíamos cortar directamente, ni un foul, explotó ahí en Central”.

“Cuando se armó el proyecto River, cuando Mario fichó como DT me llamó porque me había tenido en Ciclista dos años antes. Y la verdad es que no lo dudé, primero porque económicamente el club estaba muy fuerte en ese momento, y segundo porque sabíamos que íbamos a armar un muy buen plantel. El equipo se armó de a poquito, muy bien, con el asistente Roberto Santín que nos hacía entrenar bien, Mario sabía lo que quería. River nos ofreció todas las comodidades para entrenar y solamente entrenar, dedicarnos únicamente al básquet, porque la verdad es que el club cumplió todo con nosotros. Se fue dando así, química de equipo, perdimos creo que un solo partido de local”.

Mención importante para un interesantísimo Mariano Byró, que ya había dado un salto de calidad importante más allá de su corta edad y recordando que había tenido un recordado paso por Echagüe de Paraná. El escolta venía de quedarse en las puertas del ascenso la temporada anterior, donde había alcanzado instancias de semifinales hasta caer contra Argentino de Junín, quien al ganar esa serie se quedó con el boleto a la A. Rápida revancha para Byró, que tuvo medias de 15,3 puntos, 2,9 asistencias y 1,3 asistencias en 29,4 minutos, siendo un claro faro de referencia ofensiva. El perimetral recuerda que su llegada a River fue con la intención de ascender y al fin pudo concretar ese anhelo un año después.

“Venía de un año en Echagüe donde me había podido hacer un nombre en el TNA, y me había quedado en la puerta del ascenso porque perdimos las semifinales contra Argentino de Junín, entonces tenía esas ganas de ascender, me había quedado ese gustito amargo. Era el segundo año del formato en el que los finalistas ya ascendían a la Liga Nacional. Ese año de River y el anterior fueron así, donde el ganador de semis ya ascendía. Cuando llegué a River era mi cuarto TNA, era muy chico, pero gracias a ese año, y después seguir dentro del equipo para la Liga Nacional de la temporada siguiente, fue importante porque dio ese empujón”.

El equipo de Guzmán se completó con un muy joven Lucas Picarelli que estaba dando sus primeros pasos y debutó en la categoría ese año; un recambio interior con experiencia como Leonardo Segura, que venía de ascender la campaña anterior con Central Entrerriano y que ya venía de jugar varios años en Gualeguaychú; más Franco Marchionno, un histórico de River que venía de jugar en el club desde los ’90; y el tirador Federico Radavero (había estado en Vélez y Quimsa las últimas temporadas).

Como extranjero el equipo fichó a Durelle Brown, un extranjero que ya había tenido un muy fugaz paso por Andino de La Rioja en la 2001/02 de la Liga Nacional y que arribó a River con la intención de ser una de las referencias en el juego interior. El resultado fue más que importante, promediando 18,6 puntos y 5,1 rebotes en 30,5 minutos por juego.

Otro que se sumó al equipo fue Federico Arce, que venía de jugar Liga Nacional con Estudiantes de Olavarría durante varios años (en el medio incluso pasó por Vélez en el ascenso). Arce aterrizó al plantel con la temporada ya iniciada, ya que en principio el equipo se había cerrado con Fernando Calvi, que venía de jugar varios años en San Andrés antes de su llegada a Núñez pero que tan solo pudo jugar tres partidos en River, ya que se lesionó en los primeros encuentros y no continuó en el plantel.

Al plantel se sumaron algunos jóvenes con varios minutos Joaquín Olmedo, Matías Plut, Sebastián Sevegnani, Dante Pedrazzi y Sebastián Fernández, quienes fueron oxígeno vital para la rotación de los mayores del plantel.

Andy Rodríguez, referente dentro de la pintura, explica un poco cómo se paraba ese equipo todas las noches, recordando detalladamente las funciones de cada uno de los componentes principales del grupo. Subraya esa combinación excelente que consiguió al compartir el juego interno con Brown, entendiéndose a la perfección y desplegando grandes actuaciones a través de ese año.

“El quinteto titular lo formábamos con Roque Fernández en la base, tipo con muchísima experiencia y de tantos años en la Liga, en un grandísimo nivel, con mucho cerebro, talento y dándole pausa al equipo; después Byró que era una promesa en pleno ascenso que venía creciendo año a año; también estaba Radavero que era un tipo rendidor, un alero muy fuerte y agresivo; y después a mí me tocó conformar una dupla tremenda con Durelle Brown, un americano que conmigo se entendía a la perfección, los dos multifacéticos jugando en el 4 y 5, en el poste bajo y alto… nos complementábamos excelente, un extranjero muy rendidor y una gran persona”.

“Me sentía súper cómodo con Durelle, ya nos mirábamos y nos entendíamos. Después teníamos los que venían de atrás, que nos daban una mano tremenda. Estaban Lucas Picarelli, que creo que venía de Estados Unidos, tenía unas patas tremendas y era todo un revulsivo; después estaba Marchionno que era un chico que jugó todas las formativas en River y que en esa época ya era medio- veterano pero dio el salto de calidad en el TNA y jugó muy bien; y después estaba Leo Segura en el suplente del grande que también nos daba una mano importante”.

Más allá de haber tenido un paso arrollador, River no tuvo un arranque de temporada sencillo. Y es que el equipo comenzó el año con una dura derrota ante el Quilmes de Mariano Latorre, en el sur bonaerense (81-78). Más allá de tener a todo su quinteto inicial en doble dígito de puntuación (Roque Fernández 12, Byró 17, Radavero 16, Brown 13 y Rodríguez 12), a River no le alcanzó para vencer al equipo dirigido por Pablo Bianchini. Eso fue un primer llamado de atención, apenas iniciada la temporada, y así lo recuerda el escolta figura.

“Ya nos habían tildado como candidatazos antes de arrancar el año, y me acuerdo que el primer partido de la temporada lo jugamos contra Quilmes. Nos querían matar, porque la realidad es que había una diferencia de presupuesto importante entre los dos y habíamos perdido ese partido, arrancamos mal. Recuerdo que era viernes por la noche y estábamos volviendo para Núñez, pero del enojo que había con nosotros Mario Guzmán nos hizo entrenar. Se suponía que íbamos a tener libre hasta el lunes pero Mario nos puso entrenamiento sábado y domingo con todo (risas). Después de eso el equipo anduvo bárbaro, estaba muy bien ensamblado, Mario había hecho un trabajo increíble y cada uno entendía bien su rol. La verdad es que fue un equipo excelente, anduvimos muy bien durante todo el año”.

Tal y como explica Byró, el equipo tardó un poco en arrancar pero pudo acomodarse rápidamente, y más allá de ese traspié en el estreno luego terminó logrando un rendimiento alto. En la segunda fecha se recuperó con victoria en Junín ante Ciclista (98-78), para luego jugar su primer partido de local en Núñez y derrotar a El Nacional de Bahía Blanca (93-78). Luego llegaría golpes contra Olimpia en Venado Tuerto (81-59) y Conarpesa (89-83), otro de los candidatos del certamen.

Desde su sexta presentación en adelante River apretó el acelerador y no aflojó con 9 triunfos seguidos: 99-97 en suplementario ante Independiente de General Pico, 82-76 a Estudiantes de Bahía, venganza ante Quilmes por 94-67, 93-88 a Ciclista, 88-84 a El Nacional, 83-80 a Olimpia, brillante 95-87 a Conarpesa tomándose revancha en Puerto Madryn, 92-77 a Independiente de Pico y finalmente 102-98 a Estudiantes. Cerró la primera fase con todo, sumando 25 puntos y adueñándose del primer lugar de la tabla para entrar al TNA 1 con un récord once triunfos en catorce encuentros.

“No me puedo olvidar de Roberto Santín, que estaba de asistente y fue clave”, agrega Roque Fernández, haciendo una pausa necesaria para puntualizar sobre la presencia de un histórico de la institución. Y agrega: “Un tipo súper conocedor del club, que tiene mucho vestuario y mucho pasillo en River. Fue un nexo fundamental entre todos. Cuando nos juntaron todos, cuando se terminó de armar el plantel, si bien tanto Andy Rodríguez como yo llevábamos un poco ese peso de ser los líderes del plantel, donde la verdad es que tuvimos una química hermosa con Andy en lo grupal y el manejo del equipo, otra pata fundamental de ese equipo además de Mario fue Roberto”.

La función del preparador físico cumple obviamente un rol por demás fundamental, y el mismo base también se encargó de destacarlo. “El preparador físico que tuvimos fue muy pero muy importante, con muchísima experiencia dentro del club, habiendo vivido incluso toda la época buena pasada de River. Un histórico en el básquet de River como Eduardo López Delgado, que fue además el preparador físico y el asistente de Argentina en el Mundial del 90 con Carlos Boismené. Recuerdo que hicimos la pretemporada en la pileta de River. Ese año querían innovar, y entre la pileta de River que nos hacían correr en el agua y los Bosques de Palermo que eran interminables las vueltas que nos hacían dar porque eran de la vieja guardia, ese estilo militar (risas). La verdad es que fue genial, no recuerdo otra pretemporada tan divertida como esa, porque te exigían mucho pero también nos divertíamos mucho entre todos”.

Volviendo al desarrollo del calendario, el TNA 1 también arrancó con síntomas positivos para los dirigidos por Guzmán, venciendo primero a La Unión de Colón (103-82) y luego a Regatas Corrientes (87-79). Esa racha positiva, que llegó a ser de 11 victorias al hilo entre primera ronda y segunda fase, tendría un freno cuando River cayó contra Conarpesa con un doble de Eduardo Villares en el final (82-80), pero se levantaría rápido con un triunfo sobre Olimpia en Venado (88-66). Volvería a jugar en casa y perder nuevamente, ante el en ese entonces puntero Tucumán BB en suplementario (94-90).

La recuperación de River ante El Nacional en el siguiente encuentro (88-76) permitiría que los de Guzmán regresen a la cima del TNA 1, pero una nueva derrota en la siguiente jornada ante Quimsa (88-85) le puso algo de suspenso a la obtención del uno, más allá de que River no perdería esa condición de líder. Los Millonarios se recompusieron en Colón tras superar a La Unión (93-82), y luego también a Regatas Corrientes (97-76) para conseguir mayor estabilidad. Llegó entonces otra victoria clave en Madryn ante Conarpesa, en suplementario (119-116), determinante prueba de carácter; y luego otro triunfazo más ante Olimpia de local (91-86), cada vez más cerca de clasificar entre los cuatro mejores del TNA 1 y entrar directamente a cuartos.

La racha volvió a frenarse contra Tucumán BB en el norte del país (84-79), pero igual River no perdió la punta y dio rápida vuelta de página: 100-88 a El Nacional en Bahía para asegurarse el 1 de la tabla. La última fecha de la regular, la 14° del TNA 1 y ya con todo dentro del bolsillo, el equipo capitalino volvería a festejar luego de imponerse a Quimsa de local (98-76).

River concluyó la fase regular con registro de diez victorias en catorce compromisos (récord 10-4), y sumado al arrastre de la primera etapa concluyó con 36,5 unidades dentro de la tabla, absolutamente líder. Detrás del equipo de Guzmán, quedaron ubicados Olimpia (34,0), Quimsa (34,0) y Tucumán BB (33,5), un grupo de cuatro equipos que por quedar arriba en el cuadro de posiciones evitó la reclasificación y consiguió su boleto directo a cuartos.

“Era un grupo humano increíble, fue muy lindo haber formado parte de ese equipo. Incluso el extranjero Durelle Brown se había adaptado y era uno más de nosotros. Recuerdo que cuando me llamaron para ir a River me habían dicho que era para salir campeones y ascender, así que estaba muy contento cuando se dio. Armamos un grupo increíble, creo que fue de los mejores equipos en los que me tocó estar. Perdimos solo 7 partidos durante todo el año. Era como entrar a la cancha sabiendo que íbamos a ganar, algo increíble, creo que nunca más viví esa sensación que hasta partidos que estaban casi perdidos sabíamos que los íbamos a ganar”, relata Byró, reflejando en palabras un poco de ese perfil altamente ganador del equipo.

Por su parte, Andy Rodríguez también recuerda ese imponente paso del Millonario durante todo el año. “Llegamos a la definición del torneo de la mejor manera posible. Jugamos tres playoffs y la verdad es que fue increíble porque no perdimos ni un partido, me parece que somos el único equipo en la historia del TNA que salió campeón invicto en playoffs. Clasificamos primeros en el TNA 1, y atrás segundo fue Olimpia”.

La reclasificación arrojó victorias de Independiente de Pico (3 a 2 contra La Unión), El Nacional (3 a 0 frente a Echagüe de Paraná), Conarpesa (3 a 0 ante Ciclista) y Regatas Corrientes (3 a 0 contra Asociación Mitre). El único que clasificaría del TNA 2 sería Independiente, líder de su grupo en la regular, lo que dejaba dentro del cuadro de los ocho mejores del torneo justamente a casi la totalidad de equipos que había jugado el TNA 1. O sea, sin grandes sorpresas.

Se pasó entonces a una etapa mucho más decisiva, y justamente sería Independiente de General Pico el rival de River en cuartos. Los de Guzmán venían de casi tres semanas sin competencia, descansados, y sabiendo que eso puede significar un arma de doble filo, la historia en Capital Federal arrancó con grandes emociones. Los de Pico eran dirigidos por Adrián Capelli, y entre sus filas tenían algunos nombres como Fernando Martina, Martín Pasquinelli, Javier Ledesma, Fernando Baudracco y Maxi Bertolino.

Fue victoria local por 103-101, altísimo goleo y en un juego con un suspenso tremendo, donde los pampeanos casi dan el golpe y roban localía, pero River, de la mano de un doble de Roque Fernández a 9 segundos del final, terminó festejando ante su gente. Como si fuese un calco del recorrido hecho durante el calendario regular, todo el quinteto titular terminó en doble dígito de puntuación (Roque Fernández 20, Rodríguez 16, Brown 15, Byró 12 y Radavero 12).

El segundo juego, dos días después, River lo volvió a ganar pero con más soltura: 86-76, con Byró como máximo anotador con 19 unidades escoltado por Andy Rodríguez (16) y Roque Fernández (12). Así fue mucho más suelto a suelo pampeado, match point y confiado. Y no titubeó, después de llevarse un triunfazo en el Gigante de la Avenida por 94-89 y liquidar la serie por 3 a 0. Brown tuvo un partidazo en aquel encuentro, firmando 30 unidades para alzarse como el máximo anotador de la noche.

Con River en semifinales del torneo, el rival fue El Nacional de Bahía Blanca, que venía de superar una durísima serie contra el duro Tucumán BB (3 a 1). Serie clave, ya que según el formato del torneo de ese año, los ganadores de las semis conseguían sus ascensos y el derecho deportivo de jugar en la A al siguiente año. En la otra llave, el Regatas Corrientes de Silvio Santander y el Conarpesa del Huevo Oscar Sánchez, también se midieron por conseguir el otro ascenso.

Los bahienses, dirigidos por Juan García, tenían algunos nombres importantes dentro de sus filas como Diego Casemayor, Federico Sureda, Enrique Marina, Sebastián Farías, Lucas Martina y Pedro Franco. Pero River volvió a mostrar solidez, porque más allá de no lucirse tanto ganó el primer encuentro por 75-63 (tremendo juego de Byró con 26 puntos, seguido por Roque Fernández con 14) y a los dos días volvió a imponerse, con muchísima más claridad y un juego más fluido, por 108-93 (Byró 27 unidades, Roque Fernández 18 y Marchionno 14). De nuevo, haciéndose fuerte en casa, armó las valijas para ir rumbo a Bahía Blanca y buscar un triunfo más.

Acariciando el ascenso, estando a tan solo un pasito de lograrlo, River llegó a tierras bahienses para concretar el sueño. Era lo que tanto anhelaba desde que arrancó a armarse allá por mediados del 2003, y en aquel tercer juego de la serie en el Osvaldo Casanova tocó el cielo con las manos: 82-81 en un partidazo con enorme suspenso, que casi se lo lleva El Nacional si no hubiese sido por el tiro que no ingresó de parte de Sureda y esa pelota dividida que correspondió a River. Noche mágica para el equipo de Guzmán, que logró barrer una serie más por 3 a 0 y se quedaba con el ascenso.

“Me acuerdo que al principio le ganamos a Independiente, con un partido muy chivo en el primer juego de la serie, un partido que nos costó mucho, casi lo perdemos pero lo terminamos ganando; y después definimos la serie 3 a 0. Después jugamos contra El Nacional por el ascenso, que eran semifinales del torneo, jugando contra un equipo muy bueno donde recuerdo que estaba Sureda, Martina, Ojeda, Casemayor, y lo definimos en el Casanova porque en esa época todavía no era El Nacional de Monte Hermoso sino que jugaba en Bahía. Ascendimos ahí, en Bahía Blanca, ganando 3 a 0 también. Después del ascenso nos tocó ir contra Regatas, que ese año le había ganado a Conarpesa en semifinales y también ya venía de ascender. Regatas tenía un equipo bárbaro, terminó dándose esa final por el honor que felizmente también pudimos ganar y cerrar un año bárbaro con un 3 a 0 en Corrientes. Fue un año inolvidable”, repasa Andy Rodríguez sobre las dos series de playoffs que le dieron el ascenso al club de Núñez.

Llegó entonces la serie final contra Regatas Corrientes, que venía de ganarle con desventaja deportiva a Conarpesa por 3 a 1 y también había ascendido. Fue, como bien relató Rodríguez en el párrafo anterior, ya por el honor. El objetivo principal ya estaba consumado, que era ese ascenso, pero claro que una final siempre adquiere una mayor relevancia por ese mano a mano por el título. Ambos habían llegado ahí por sus propios méritos y fueron dignos ascendidos, pero había que ponerle la frutilla al postre y River terminó coronándose. Aquel 6 de mayo de 2004, River se bañó de gloria.

Aquel elenco correntino de Santander tenía en sus filas nombres importantes como Mario Romay, Jorge Corbalán, Claudio Sollberg, Gustavo Mascaró, Martín Melo, Pablo Maglia y un recordado extranjero como Micah Brand. La serie arrancó con River llevándose el primer encuentro por 102-95 con seis jugadores en doble dígito de puntuación (Brown 22, Radavero 19, Byró 18, Roque Fernández 17, Rodríguez 15 y Segura 11). No fue suficiente la tarea de Romay aquella noche, casi imposible de frenar con su tiro exterior (7/8 en triples, sumando 23 tantos).

River volvió a ganar nuevamente en casa, otra superando los cien puntos y con un mucho más sólido 101-87 en el segundo encuentro. Misma sintonía que el primer juego, con muchos jugadores millonarios repartiéndose el goleo (Byró 22, Roque Fernández y Rodríguez 18, Brown 12 y Segura 10), y del lado del Fantasma con Romay siendo la bandera ofensiva. Con la serie 2 a 0, los de Guzmán quedaron a un paso de coronar el año y viajaron a Corrientes para definir todo.

Al igual que en todo su recorrido por playoffs y con un claro mensaje de firmeza, la historia terminó de definirse en el José Jorge Contte, en el estadio de los sueños. Fue 93-86 para River, con Brown sumando una noche descomunal donde se despachó con 27 unidades, escoltado por Rodríguez (16 tantos) y Byró (14). Fue 3 a 0 en la serie final, ganando otra serie más sin dar el brazo a torcer en ningún momento. Ese 28 de mayo, la entidad de Núñez cerró una temporada perfecta, con récord de 9-0 en playoffs y controlando de principio a fin la 2003/04.

“Tengo de los mejores recuerdos. Es más, a mí River no solamente me dio la posibilidad de salir campeón y lograr mi único título como profesional, sino que además me permitió hacerme más conocido, me dio la posibilidad de debutar en la Liga Nacional. Fue una experiencia única. Con varios de los chicos todavía tengo contacto, hay una relación hermosa”, reflexiona Byró, que como bien dice renovó con el equipo para la siguiente temporada, con River ya en la A.

Otros que se mantuvieron fueron Rodríguez en la pintura y el cerebral Roque Fernández. El cordobés deja como reflexión final la importancia que tuvo River dentro de sus más de 18 años de carrera, destacando al igual que Andy y Byró que siempre tuvieron todas las comodidades y que eso hizo que la temporada sea sencilla desde el transitar, además de que obviamente el grupo y la química de todos sus componentes se combinaron para lograr un excelente funcionamiento dentro de la cancha que los llevó a dominar el torneo.

“Lo que siempre remarco es la posibilidad de haber jugado en un club muy grande e importante. Teníamos todo, en la indumentaria, en las comodidades de los vestuarios, cuando ascendimos a su vez se hizo la cancha nueva. De a poquito fuimos llenando la cancha porque el equipo generó tantas expectativas que terminamos en cancha llena. Eso tuvo su continuidad al otro año y ya en la Liga Nacional, que con la base del TNA también nos fue bastante bien. Tengo un recuerdo espectacular de esas dos temporadas en River. Mario Guzmán la verdad es que armando grupos lo hizo muy bien ese año. Yo ya había jugado en el TNA, y si bien cuando llegué a River venía de jugar varios años en la A, esa temporada la disfruté muchísimo, la pasé muy bien”.

Así fue como River, una institución de prestigio y gloriosa en todas sus disciplinas, terminó firmando una temporada perfecta dentro del TNA 2003/04. Un campeón que quedará en el recuerdo por su supremacía, por esa brillantez en el juego y por ganar también partidos que incluso por grandes pasajes del mismo parecían perdidos. River y su solidez, agregó así su nombre dentro de la gran historia de los campeones de la categoría.

Texto: Lucas Leiva para La Liga Contenidos
Fotos: La Liga Contenidos

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