🇵🇷🇵🇦 MARIO BUTLER Y ROLANDO FRAZER, LA CONEXIÓN PANAMEÑA QUE CAMBIÓ EL BSN

“El Rey de la Selva”, “El Presidente de la Junta de Directores”, “El Maestro de la Pintura” así se proyectaba y había que contar con él”, son las palabras del legendario técnico Julio Toro para describir a Mario Butler, uno de los principales jugadores refuerzos del Baloncesto Superior Nacional, que junto a su compatriota Rolando Frazer, cambiaron la liga para siempre.

“El Rey de la Selva”, “El Presidente de la Junta de Directores”, “El Maestro de la Pintura” así se proyectaba y había que contar con él”, son las palabras del legendario técnico Julio Toro para describir a Mario Butler, uno de los principales jugadores refuerzos del Baloncesto Superior Nacional, que junto a su compatriota Rolando Frazer, cambiaron la liga para siempre.

Una de la madrugada, año 1980. Un Volkswagen Beetle de la época ha recibido la encomienda de entregar en una pieza la humanidad de Butler desde el Aeropuerto Luis Muñoz Marín de San Juan hasta el pueblo de Morovis. Los 65 caballos de fuerza en la maquinaria alemana han tardado más de hora y media para completar los 65 kilómetros del ondulado recorrido. Y esto ha parecido una eternidad para el panameño, que se marea momentáneamente entre tantas curvas y pendientes, y se cuestiona la decisión de haber venido aquí.

Acto seguido, un ‘mini tour’ por el pueblo, luego la plaza pública y la cancha José “Pepe” Huyke pasadas las 3 de la madrugada, y un modesto salario de $7,500 por la temporada, fueron suficiente para enamorarlo por siempre de Puerto Rico y el baloncesto de los Titanes.

Tuto el visionario. La audición de Butler [y de Frazier también] para incursionar en el BSN había llegado un año antes, durante los Juegos Panamericanos de San Juan en 1979. Allí, representantes de los Warriors de Golden State miraban de cerca como la adquisición que habían hecho en el sorteo de la NBA en 1978, batallaba con los mejores equipos de América mientras representaba a su país, Panamá. Frazer hacía lo propio y le regalaba 19 puntos a los Norteamericanos de Bobby Knight en el Coliseo Roberto Clemente mientras perdía cerradamente, 88–83.

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De ese vistazo surgió la chispa en el fenecido deportista -y visionario- Jenaro ‘Tuto” Marchand, entonces presidente de la Federación de Baloncesto de Puerto Rico, de incorporar algunos jugadores oriundos de Centroamérica para reforzar los equipos más débiles del BSN y nivelar el torneo.

Frazer, fue el primero en recibir la llamada y llegó a Borinquen con perfume de anotador bonafide siendo seleccionado en el primer turno por los Polluelos de Aibonito.

Mario Butler: “¡Hola!”

Tuto Marchand: “Es Tuto Marchand ¿puedo hablar con Rolando Frazer?

Butler: “Bueno Rolando no se encuentra aquí, pero si quiere dejarle un mensaje…”

Tuto: ¿Con quién hablo?

Butler: “Es Mario”

Tuto: “Ahh, ¡contigo también quería hablar! Estamos tratando de abrir un escogido para sortear en las últimas posiciones a jugadores que son del área de centroamérica y tú y Rolando son de los principales que pensamos poner en el draft”

Frazer venía de cursar estudios en la Universidad de Briar Cliff, una escuela pequeña, creada por monjas en Iowa luego de la Gran Depresión y famosa por importar jugadores panameños incluyendo a Butler. Allí se convirtió en el primer jugador colegial en la historia de ese estado en anotar 3,000 puntos en su carrera. Frazer además era el cañón principal ofensivo de su Selección Nacional y en 1981, fue seleccionado por los Pacers de Indiana en la cuarta ronda del sorteo de nuevo ingreso a la NBA. Aunque, según artículos de la época, debido a su defensa endeble y problemas en la línea del tiro libre impidieron que se estableciera en la liga.

Butler y Frazer en Briar Cliff. La decisión de Marchand tuvo sus detractores quienes veían la medida como una práctica retrógrada para el desarrollo de los canasteros nacionales. Otros, veían como negativo que se le diera taller a jugadores de la región centroamericana, donde podrían mejorar su juego para luego vencer a Puerto Rico en compromisos internacionales.

Un poco de gasolina para tal causa, fue la medalla de oro que consiguieron los panameños durante el Centrobasket de 1981 en la isla, mientras los boricuas tenían que conformarse con la plata. La antipatía perdió combustión con el pasar de los años.

Además de los Panameños, esa cepa de refuerzos en el BSN incluyó a cuatro dominicanos: Francisco Prats que jugó con Mayagüez; Evaristo Pérez que fue a San Germán; Víctor Chacón a Guayama y Héctor Báez con Arecibo.

Antes de ellos, Manuel Lugo Barinas (Varilla), también dominicano, es considerado como el primer refuerzo en el BSN y fue líder anotador en 1947 y 1948 mientras militaba con Quebradillas. También fue el primer jugador en encestar 30 puntos en un partido de la liga.

Impacto Inmediato. El impacto de la “Conexión Panameña” en el BSN fue inmediato y superior al de los otros cuatro refuerzos. Aunque Frazer no logró un campeonato hasta 1986, se mantuvo desde 1980 al ’89 entre los mejores cinco anotadores de la liga, incluyendo los años ’80, ’81, ’82 donde obtuvo la mejor cuota promedio por partido con 34.0, 33.4 y 34.2 puntos respectivamente. Siempre fue el mejor amigo del tablero.

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Igualmente Butler, quien obtuvo su primer título en 1987 en Morovis y fue el mejor rebotero del torneo desde 1980 al 1983. El pívot también fue líder de rebotes en 1985, ’86 y el ’88 y monarca en la acumulación de tablas de todos los tiempos con 8,236 en sus 29 temporadas de servicio. En el caso del Expreso Panameño, su llegada supuso también una dominancia en el área defensiva, dejando tatuajes en todo jugador que transitaba la pintura sin pagar peaje y coleccionando siete galardones como Jugador Defensa del Año en 1984, ’85, ’87, ’88, ’91, ’93 y ‘94.

“Primero habían medias protestas de la gente”, explicó Mario “Quijote” Morales, líder anotador y campeón con los Mets de Guaynabo en esa temporada de 1980, sobre la inclusión de los refuerzos. “Fue una idea de Tuto para nivelar la liga. Fueron latinoamericanos, pero lo que vinieron fueron unos caballos. A pesar de las protestas, Tuto sí logró nivelar la liga. Aibonito y Morovis que ganaban 10–11 juegos al año, se metieron a por lo menos tener el chance de clasificar”.

“Instantáneamente Mario y Rolando dieron una presentación de lo mejor del BSN y se mantuvieron a ese nivel de excelencia”, añadió Toro quien dirigió a Butler en varias ocasiones en Puerto Rico y México. “Están en todas las estadísticas y se incorporaron a la sociedad puertorriqueña, que quizás sea más importante que los números que puedan haber producido”.

En ese dato de naturalizarse y fundirse en la cultura puertorriqueña es donde posiblemente están las mayores aportaciones de Butler y Frazier. El dúo de jugadores, vivieron, abrazaron, representaron y respetaron esa vida de pueblo interior que hasta el día de hoy llaman hogar. No tan solo vinieron a jugar y cobrar, sino a aportar y mejorar el producto.

El pueblo es lo primero. “A mí me encantó el clima”, relata Butler sobre la primera impresión en Morovis. “La gente era casi la misma cultura que la de nosotros en Panamá. La comida, modernizada, algunos sitios se parecían más a estar en Estados Unidos por tener las mismas franquicias y negocios ahí. A nosotros nos impresionó mucho cómo se mantuvo la cultura en la isla. Subíamos a los pueblitos y la gente vivía diferente”.

Frazer también dice que la transición a la cultura boricua -campo adentro- fue una fácil. Además, para el copioso anotador la proximidad a la cancha era una amenidad que no podía dejar pasar.

“Yo llevo aquí ya 40 años y estoy viviendo en Aibonito”, acotó el jugador que apodaban “El Príncipe” por su estilo elegante de jugar al básquet. “Yo me quedé en Aibonito, me casé, y tengo tres hijas y como te dije; yo me quedé en el pueblo donde jugaba y siempre que jugaba como refuerzo, si era posible, me quedaba en el pueblo donde estaba la cancha, porque como yo vivía de eso, iba todas las mañanas a tirar a la cancha”.

La Liga. En 1980 el BSN era una liga dominada ampliamente por dos o tres franquicias fundadoras. De los últimos 13 torneos hasta ese entonces, 11 habían sido copados entre los Piratas de Quebradillas y los Vaqueros de Bayamón. Era la liga de un imparable Georgie Torres, el poderoso Rubén Rodríguez y el versátil Raymond Dalmau.

“Cuando yo llego aquí la liga era muy competitiva”, dijo Frazer quien estableció un récord como el primer jugador en anotar 1,000 puntos en una misma temporada en 1981. “El equipo de Aibonito había llegado último la temporada anterior y me tocaban a mí como refuerzo. Los jugadores que yo me encontré en el primer año en la liga la mayoría yo los conocía porque jugaba en la selección nacional”.

Para Butler, sin embargo, el BSN fue el patio donde, no tan solo tuvo que darse a respetar como jugador, sino también un espacio donde pulir su juego ofensivo, una faceta en su arsenal de habilidades que él mismo admite lo privó de establecerse en ligas como la NBA y la CBA donde tuvo varias opciones durante su carrera.

“Yo comencé como un jugador principalmente defensivo/rebotero y mientras que pasaba el tiempo, fui mejorando mi talento ofensivo. Era malísimo en el tiro libre. Era un juego físico y acuérdate era [mi] primer año, y tuve encontronazos en todos los juegos. Esto es como en cualquier lado, la gente quiere probarte y yo no me dejé. Era una época cuando Puerto Rico tenía más de 20 centros naturales y buenos”, aseveró el rebotero deluxe.

Al final, todo funcionó y Butler se convirtió en un jugador de dos vías con una extensa carrera profesional en la ligas de Brasil, Argentina, Ecuador, Colombia, Venezuela, España (ACB), México, República Dominicana y Panamá.

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Frazer, por su parte, fue galardonado en dos ocasiones como Jugador Más Valioso en el BSN [’81 Y ‘87], fue el mejor anotador del Campeonato Mundial FIBA en 1982 y a la vez dejó huellas en las ligas profesionales de Argentina y la prestigiosa ACB de España.

El Legado. Sin lugar a duda la Conexión Panameña dejó una imborrable huella en el baloncesto puertorriqueño. A partir de su llegada, el término ‘refuerzo’ tomó fuerza y definición, siendo fundamental en la manera cómo se construían las franquicias en el BSN. De ahí en adelante, con la enmienda del reglamento, para permitir la inclusión de refuerzos de cualquier parte del mundo en los equipos, el torneo se convirtió en una lucha de poder que muchas veces ganaba quien más dinero pudiera gastar.

“Revolucionaron el juego con una forma de jugar exquisita, con sus diferencias y estilos de juego. Ya los equipos tenían que conseguir jugadores que pudieran neutralizarlos un poco. Aunque ellos siempre iba a hacer su trabajo en cualquier escenario”, admitió el siempre filosófico Toro.

El mentor añade que un verdadero refuerzo es alguien que viene a mejorar el producto y tanto Butler como Frazer lo hicieron.

“Definitivamente subió el nivel de la liga”, opina Quijote, quien confensó en un principio sentirse confundido entre si apoyar o repudiar la medida. “Antes había 16 equipos y en Puerto Rico no había quizás el talento para poder tener 16 equipos competitivos y esos refuerzos le dan el chance a cualquier equipo, si hace la asignación, si hace el trabajo, y consigue uno o dos refuerzos como hay ahora, quizás no te convierta en contendor o favorito para el campeonato, pero si te hace un equipo competitivo”, añadió Morales.

La voz de la experiencia. Siendo ambos una referencia en la historia del baloncesto profesional en Puerto Rico, Frazer y Butler tienen la jurisdicción para examinar y juzgar la liga más antigua de la región. Fueron testigos en primera fila de los cambios en la gerencia de los equipos que empezaron a traer refuerzos para contrarrestar la Conexión Panameña.

“Los dueños por desesperación de ganar un campeonato inmediato empezaron a hacer tantos cambios y yo creo que ahí fue donde la gente perdió la pasión por el juego”, señaló Butler quien se mantuvo con los Titanes de Morovis desde 1980 hasta 1998. La gente se se identificaba con jugadores que se quedaban años y años en el mismo equipo. Y ahora se conviritió de que una semana este jugador podría estar en Ponce y mañana podría estar en Bayamón y la gente llegaba a la cancha y decía quién es este jugador, no se identificaba”.

Rolando Frazer y Mario Butler ofreciendo clínicas deportivas para jóvenes de El Chorrillo en el Club Kiwanis en Panamá

“El BSN es muy buena liga, no tiene nada que envidiarle a nadie”, aseguró Frazer. “Yo jugué en Argentina y España, una de las mejores ligas de Europa. Y BSN no tiene porque envidiarle nada a nadie. La liga de aquí está bien organizada, bien hecha y como te digo, hay que seguir trabajando. Arreglar un poquito en el aspecto de los refuerzos. En lo demás la liga se ha puesto más profesional que cuando yo jugaba”, dijo el príncipe.

La Conexión Panameña fue una de las grandes prescripciones de Tuto Marchand para tratar con los virus de disparidad que afectaban la liga en su formato de 16 equipos. En 1980, los refuerzos fueron una dosis perfecta de competitividad que resultaron en el nacimiento de un sentimiento patriótico-deportivo insular, porque como dice Butler “Los pueblitos aprecian mucho más a los equipos porque no tienen muchas cosas que los representan”.

Para Butler y Frazer, Panamá es su patria, la pintura su casa y los pueblos de Aibonito y Morovis, su hogar.

Texto: Emmanuel Márquez para Prensa BSN

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