🇦🇷🇨🇦 AMAIQUÉN SICILIANO Y SU CRECIMIENTO EN CANADÁ

Se radicó en Canadá desde hace cuatro años y brilla en la liga universitaria de dicho país con las Gaiters de Bishop’s.

“Era mi sueño desde chica y mi familia siempre me apoyó en esto”, dice Amaiquén Siciliano sobre la travesía que emprendió hace cuatro años, cuando culminó sus estudios secundarios y abordó el avión para instalarse a 11.000 km de Argentina. La oriunda de Capital se encuentra viviendo en Canadá, más precisamente en Lennoxville, un pequeño distrito de la ciudad de Sherbrooke, provincia de Quebec. “Los abrigos especiales y botas de nieve son ahora algo habitual de mi vestimenta”, comenta para describir las condiciones climáticas del sitio que -por organización, infraestructura y tranquilidad- la maravilló y hoy siente como su hogar.

La base de 22 años y 1m65 comenzó a jugar desde muy temprano, y tuvo en Vélez Sarsfield su último paso antes de emigrar para formar parte de la Bishop’s University. Allí no sólo está a punto de finalizar su carrera académica, sino que también logró desarrollar exponencialmente su faceta deportiva, consagrándose esta temporada como MVP de su Conferencia, condecoración que la llevó incluso a integrar el Quinteto Ideal de todo el país. No es casualidad que, en sus esporádicos retornos a nuestra Liga, haya sobresalido defendiendo los colores de Obras Sanitarias.

Desde el otro hemisferio, Amaiquén atendió el llamado de Prensa CAB para compartir los más atractivos detalles de su aventura, a la cual se sumó recientemente otro gran valor de la Selección Argentina: Victoria Gauna. “Es el primer año de Vico en la universidad, se está adaptando bárbaro e incluso quedó entre las mejores cinco Rookies del país”, indica nuestra protagonista acerca del presente de su compañera de raíces. Sin más preámbulos, comencemos con la entrevista donde conocerán la fantástica vida de Siciliano.

Venís de familia basquetbolera, ¿no? ¿A qué edad empezaste y en qué clubes jugaste?
Toda mi familia está involucrada con el básquet, hasta mi abuela jugó, así que estaba destinada. Tengo tres hermanos menores jugando en Obras, mi mamá Vanessa, quien tiene su propia marca de ropa deportiva y mi padrastro, Ariel García, que continúa jugando en la Liga Federal con Ramos Mejía a sus 42 años. Yo empecé básquet a los 6 en Harrods, luego pasé a 17 de Agosto, estuve en Sunderland un buen tiempo y por último en Vélez. Ya viviendo en Canadá y jugando para Bishop’s, cada vez que regresé, lo hice para Obras. También pude vivir esa sensación única de jugar con la camiseta argentina, en las selecciones juveniles.

¿Cómo se dio la posibilidad de emigrar? ¿Te costó mudarte a la otra punta del continente?
Después del Premundial U16 de México 2015 y mientras terminaba la secundaria, me contactaron, me ofrecieron una beca completa y me invitaron a conocer la universidad. Me encantó desde el primer día, firmé el acuerdo y al año siguiente me vine a vivir a casa de una pareja que trabajaba en la universidad y que también hospedó a Mara Marchizotti cuando estuvo acá. Y claro que me costó, de hecho, cada vez que estoy en Argentina y me toca irme, vuelvo llorando, pero lo hago por mi futuro.

¿Cuáles son las principales diferencias culturales a las que debiste adaptarte?
Es muy fácil adaptarse porque la vida acá es ideal, desde la limpieza de las calles hasta no preocuparte mientras caminás sola. Además, vivo en un pueblo pequeño donde no pasa mucho, el peatón siempre tiene prioridad y si te olvidás el celular, lo encontrás en el mismo lugar. En realidad, me cuesta más desacostumbrarme de este orden cuando viajo a Argentina… Un tema delicado es el racismo, debés tener cuidado con lo que decís; pero hay un gran porcentaje de extranjeros en mi universidad, son muy abiertos en ese sentido. Y los canadienses, en comparación con nosotros, son más fríos y distantes: con suerte te darán la mano y mucho menos un beso, excepto que estés con amigos o en eventos muy formales.

También está el tema del idioma, ¿no? ¿Qué me podés contar sobre costumbres, clima y comidas?
Yo tenía un nivel de inglés muy bajo, incluso hice un curso intensivo para comenzar mis estudios, pero al mes ya hablaba fluidamente. Hace poco, compartimos habitación con Vico (Gauna), y me dijo que me escuchó hablar oraciones completas en inglés mientras soñaba… (Se ríe). En cuanto a comidas, a casi todo le untan miel de maple, extraída del árbol de arce (cuya hoja es emblema del país y está representada en su bandera), y otro plato tradicional es el poutine, unas deliciosas papas fritas con queso y salsa especial. Lo peor es el clima: mientras en verano tenemos hasta 30°, ¡en invierno te chocás con -30°! Con la temperatura en positivo, apenas por encima de 0°, ya se suele andar de short, ja.

¿Cómo es ser una estudiante-atleta y darle la misma atención a ambas actividades? ¿Qué planes tenés a futuro?
A finales de mes, me gradúo en Marketing y Emprendimiento. Me encanta la carrera, tenés libertad para armar tu plan de estudios, y si no mantenés un buen promedio, no podés jugar. Me encantaría moverme a Europa, pero mientras no tenga la ciudadanía, probablemente continúe en Canadá jugando y haciendo un Máster. Su sistema está planificado para que la vida deportiva se adecúe a la académica, modificamos los entrenamientos según el horario de clases. Cuando entrenábamos cada día a las 6.30am, a veces me levantaba tarde y salía directamente en pijama, el tema es que esa era mi vestimenta el resto del día… (Se ríe). Y todas en el equipo tenemos nuestra manta y almohada en el vestuario para descansar entre clases, eso es clave, ja.

¿Recordás alguna anécdota de tu vida en Canadá?
Era mi primer juego, íbamos de visitante, y me había ido a la cama la noche anterior sin hacer el bolso porque salíamos 11am. Me quedé dormida, desperté totalmente desesperada, armé todo como pude y salí corriendo mientras llamaba a la mujer de la casa donde vivo para que me ayude. Salió del trabajo, me levantó a mitad camino y llegué un minuto antes de que salga el micro. Casi me matan en mi primer partido en Bishop’s…

Cuando me hablás de tu universidad, me imagino las clásicas películas norteamericanas…
Sí, es tal cual… (Se ríe). Los chicos de fútbol americano son los más populares del lugar, y luego sigue el básquet. Nos llevamos muy bien con ellos y con el equipo de básquet masculino, con quienes viajamos juntos a los partidos. Suelo ir a ver al equipo de fútbol americano, y hasta estuve metida con los playoffs de la NFL y el Súper Bowl. Pero si bien tenemos un campus muy grande, es pequeño en comparación a los del resto del país, me sigo sorprendiendo cuando viajo a otros realmente gigantes.

¿Cómo es el estilo de juego de la liga? ¿Y cómo definirías el tuyo?
Es similar al estadounidense: se juegan más posesiones, hay muchos tiros en transición y se apunta más a la técnica individual. En Argentina es algo más europeo, más táctico, de hecho allá casi no me animo a hacer un step-back para lanzar, ja… Creo que mi juego es rápido y vertiginoso, me gusta correr mucho. Gracias a Gonzalo Gómez (NdeR: actual DT de Berazategui), en Sunderland, mejoré mucho mi mano izquierda; y últimamente avancé en defensa, que era mi mayor déficit y hoy me siento mucho más cómoda.

¿Y cómo describirías tu personalidad? ¿Cuáles son tus pasatiempos?
Por un lado soy estructurada, porque necesito tener todos mis horarios organizados, pero también soy bastante extrovertida, me encanta juntarme con amigos, y tengo ropa y cepillos de dientes por todos lados, vivo de casa en casa. A la pandemia le fui escapando para no estar tanto encerrada, aunque estando con mi familia me di cuenta cuánto extrañaba la comida de mamá… (Se ríe). También soy la típica persona que no podría poner música en una fiesta: mi playlist va desde algo triste, pasando por cumbia y reggaeton, hasta algo en francés (se escucha mucho acá). Y durante el año académico no puedo mirar series, porque me colgaría mirándola y no estudiaría nada.

Por último, ¿qué le dirías a la Amaiquén que, seguramente, en algún momento tuvo miedo de emigrar y cumplir su sueño?
Que no dude en viajar porque, si sus relaciones son reales, nadie se olvidará de ella. Ese era mi mayor miedo, que no me recuerden y dejen de quererme, pero entendí que incluso a la distancia se pueden mantener los vínculos. Claro que también tenía temor a no poder jugar a este nivel, pero me fui adaptando, creciendo y hoy sueño con ser profesional.

Texto: Kevin Chareun / Prensa CABB

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