LA GRAN NOCHE DE DAMIEN WILKINS

Por Daniel Mérida (@baloncestero)

Venir de una familia de deportistas y ser hijo y sobrino de dos jugadores de nombre más que reconocido en la liga más importante del mundo, que tu padre haya jugado 14 temporadas en la NBA entre Nueva York, Cleveland, Vancouver y Orlando y que tu tío tenga su dorsal retirado en Atlanta, sea una referencia entre los “dunkers” de los 80 y los 90 y extiendese su carrera por Italia y Grecia, son hechos que colocan claramente el listón familiar bastante alto.

Venir de una familia de deportistas y ser hijo y sobrino de dos jugadores de nombre más que reconocido en la liga más importante del mundo, que tu padre haya jugado 14 temporadas en la NBA entre Nueva York, Cleveland, Vancouver y Orlando y que tu tío tenga su dorsal retirado en Atlanta, sea una referencia entre los “dunkers” de los 80 y los 90 y extiendese su carrera por Italia y Grecia, son hechos que colocan claramente el listón familiar bastante alto.

Sin embargo, ninguno de ellos tendrá lo que su hijo/sobrino consiguió esta pasada temporada en la ciudad venezolana de Barquisimeto, una ciudad donde una larga lista de ex-NBAs no habían cumplido anteriormente las expectativas al mismo nivel que nuestro protagonista lo hizo vistiendo la camiseta de Guaros de Lara.

Era 11 de enero de 1980 y sólo quedaban nueve días para que Ronald Reagan tomase el relevo de Jimmy Carter como el presidente número 40 de los Estados Unidos. Ese mismo día nacía Damien Wilkins en North Carolina, mientras su padre Gerald tenía 17 años y su tío Dominique jugaba su primer año en la Universidad de Georgia, mismo estado en el que nació Jimmy Carter. Sin embargo, la “noche de autos” ocurre 36 años después de todo aquello y unos 3.000 kilómetros más al sur.

2016 iba a ser el año de Guaros de Lara, tenía que ser el gran año. Era el momento. La gran inversión del empresario Jorge Hernández era ya de varias temporadas, pero no fue hasta este año cuando se “tocaron” las teclas justas, se acertó con los fichajes y la batuta de Néstor “Che” García hacía que el equipo fuese sólido en la LPB (Liga Profesional de Baloncesto de Venezuela) y que avanzase fase tras fase en la Liga de las Américas, el torneo de clubes más importante de Latinoamérica al más puro estilo de la Euroliga. La Final Four se celebraba en Barquisimeto y 12.000 personas abarrotaban el Domo Bolivariano queriendo ver a su equipo levantar el título de la Liga de las Américas.

Foto: Guaros de Lara

Sin embargo, la historia no estaba muy del lado de Damien Wilkins ni de Guaros de Lara. Los tres últimos campeones del torneo habían sido equipos brasileños y sus tres rivales en la Final Four también estaban bajo la bandera de la verde-amarelha. Los antecedentes de otros ex-NBA en el estado Lara tampoco invitaban al positivismo: Hassan Adams, Smush Parker, John Millsap, Reece Gaines, Anthony Mason, Mardy Collins, Dermarr Johnson, Salim Stoudamire, Marcus Fizer, Devin Green, Stephen Graham y David Noel formaban una larga lista de jugadores que habían vestido los colores de Guaros desde 2012 sin acabar de cumplir expectativas y sin ser decisivos en los días claves de la temporada.

No todo era negativo y había puntos que hacían presagiar un triunfo que ya le tocaba saborear a Guaros de Lara.  Se dice que los éxitos de los equipos en el baloncesto de Latinoamérica va relacionado a tener una base importante de jugadores nacionales, más allá del aporte de los extranjeros. Casualmente esta temporada fue la que menos ex-NBA llegaron a Barquisimeto y la temporada en que el equipo contaba con cuatro hombres importantes de la exitosa selección de Venezuela como Néstor Colmenares, Windi Graterol, Luis Bethelmy y Gregory Echenique, aparte de un lesionado Heissler Guillent que había sido uno de las sensaciones de la Vinotinto en el verano anterior. Además de todo esto, Damien ya sabía lo que era jugar en Latinoamérica tras sus dos temporadas en Puerto Rico con Indios de Mayagüez. Esta noche no le iba a llegar de nuevas ese ritmo de juego especial que se vive en Latinoamérica ni lo que aprieta la fanaticada de los equipos, que además estaba a su favor en esta noche, su gran noche como jugador profesional.

Ni su etapa universitaria en North Carolina y Georgia, ni aquellos 41 puntos ante Atlanta aprovechando la titularidad que le dio la salida de Ray Allen y Rashard Lewis, ni el tiro ganador de su primer partido como local en el Target Center de Minneapolis ni ninguna de las noches en que vistió la camiseta de Atlanta, Detroit o Philadelphia. Su noche iba a ser aquella en que la marca J99 había elegido aquella camiseta especial de color verde pistacho, aquella noche en que enfrente tenía al Baurú brasileño, campeón defensor del torneo y que quería convertirse en el primer equipo en revalidar título de la Liga de las Américas.

Foto: Steve Mitchell / USA Today Sports

La receta de Guaros de Lara tenía todos ingredientes de buena calidad, había sido cocinado a fuego lento y todo hacía prever que el resultado final iba a ser un buen cóctel de éxito. El precedente del partido de semifinales también ponía a Damien Wilkins con buena vibra de cara a la final. El alero estadounidense venía de anotar 28 puntos ante Mogi das Cruzes y de batir en un bonito duelo ofensivo al también veterano Shammel Stallworth. Su rival para la noche de la final no fue un cualquiera, sino un hombre récord en esta Liga de las Américas, un jugador con experiencia NBA y referencia de la selección brasileña como Alex García. Sin embargo, el MVP de las finales de 2009 y 2015 no iba a poder detener a Damien Wilkins en esa final, en su gran noche.

Baurú aprovechó unos nervios iniciales de Guaros de Lara que se tradujeron en dos técnicas al banquillo venezolano. Los pupilos del “Che” García se fueron recomponiendo con el pasar de los minutos del primer tiempo e igualaron la contienda antes del descanso gracias a su mejora defensiva y al acierto exterior de Zach Graham, descartado meses antes por Estudiantes y que en Guaros de Lara demostró esa valía que se había ganado anteriormente en México.

Los problemas de faltas de Alex García fueron el punto de inflexión del partido. Damien Wilkins se encontró más liberado en ataque y sacó su mejor versión para liderar la línea exterior de Guaros. Entre él y Tyshawn Taylor anotaron 18 de los 25 puntos del equipo larense en el parcial definitivo y la deseada victoria y el título se quedarían en Barquisimeto con un marcador final de 79-84.

Los 20 puntos de aquella noche, sumados a los 28 del partido de semifinales, le valieron a Damien Wilkins el título de MVP de la Final Four en una gran noche para recordar para él, para la familia de Guaros de Lara y para todo Barquisimeto, un lugar que aquel adolescente que estudió en el Dr. Phillips High School seguro que no sabía ni que existía, un lugar donde por fin hubo un jugador con pasado NBA que levantaba un título. Y fue Damien Wilkins.

Artículo publicado originalmente en Skyhook Magazine

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