NICO MAZZARINO: “DESPUÉS DE 34 AÑOS DE CARRERA SIGO AMANDO JUGAR AL BALONCESTO”

Nicolás Mazzarino escucha el motivo de la entrevista y lanza, entre resignado y sonriente, “me lo imaginaba, ¿de qué otra cosa podemos hablar?”. Bueno, con este uruguayo, que ha estado entre lo más destacado del básquetbol de su país durante largo tiempo, se puede hablar de muchas cosas. Sus 25 años de sólida carrera profesional (sí, el dato es correcto, son 25 años de profesional) ofrecen muchos temas para abordar. Sin embargo, tiene razón, lo vinimos a buscar para preguntarle cómo es jugar en el alto nivel a los 43 años, cuando muy pocos lo hacen.

Nicolás Mazzarino escucha el motivo de la entrevista y lanza, entre resignado y sonriente, “me lo imaginaba, ¿de qué otra cosa podemos hablar?”. Bueno, con este uruguayo, que ha estado entre lo más destacado del básquetbol de su país durante largo tiempo, se puede hablar de muchas cosas. Sus 25 años de sólida carrera profesional (sí, el dato es correcto, son 25 años de profesional) ofrecen muchos temas para abordar. Sin embargo, tiene razón, lo vinimos a buscar para preguntarle cómo es jugar en el alto nivel a los 43 años, cuando muy pocos lo hacen.

Porque de eso se trata, no de permanecer en actividad o de estar completando un plantel con presencia testimonial. No, se trata de competir, de no pasar desapercibido y hasta de ser influyente en el juego. Sus números lo avalan: en el grupo A de la Liga de las Américas Mazzarino, a pesar de la eliminación de Malvín de Montevideo, aportó 16 puntos con un valorable 43% en triples en 29 minutos de promedio. “Aunque con mi edad debería disfrutar más, cuando perdemos o las cosas no me salen, me sigo amargando. Soy exigente como cuando era joven y no sé si está bien ser así. Pero también esa actitud, tal vez, es la que me permite seguir. No es común estar jugando a los 43 años, jamás lo imaginé, pero por lo que pasa en la cancha siento que mi nivel es aceptable y puedo continuar”, explica el nacido en la ciudad de Salto, en el límite con Argentina.

Con el correr de los minutos de charla, Mazzarino se suelta y expresa: “Vine a la Liga de las Américas, que es un torneo muy exigente, con un calor muy fuerte en San Pablo y terminé con buenas estadísticas. Me sorprendo yo mismo. Hoy mi rol debería ser secundario, pero si bien ya no soy la primera figura, sigo cumpliendo un papel importante. Y cuando veo que jugué casi 29 minutos de promedio, me asusto. Es mucho para mi edad, me desgasta. Pero el mismo tiempo, me motiva”.

El jugador de Malvín asegura que no le importa cómo lo ven los rivales, pero se ríe cuando cuenta que “tanto mis compañeros como los rivales me deben ver como el viejito de la Liga Uruguaya. Si ahora hasta juego con los hijos de antiguos compañeros míos… En el público tampoco veo nada especial. Los de Malvín me quieren y los rivales me insultan. Pero debo reconocer que me siento respetado. Debe ser porque en toda mi carrera nunca generé conflictos, ni polémicas. El problema es que muchos se olvidan que tengo 43 años y me exigen como si tuviera 30. Yo mismo digo, ´hey, tengo 43, muchachos, entiendan eso´. En el plantel de Malvín, cuando se hacen o dicen cosas, tengo que bajar al nivel de los chiquilines para entender y participar del grupo. Son de una generación muy diferente a la mía”.

Mazzarino reconoce que debe cumplir la función de líder del equipo, aunque dice que lo hace a su manera, “diciendo pocas cosas. Trato de ayudar sin ser invasivo. También fui joven y no me gustaba que los más veteranos me estuvieran mucho encima. Por eso, hablo poco y trato de ser ejemplo con mis acciones”.

Desde su debut en 1994 y luego de ocho años en el básquetbol uruguayo Mazzarino fue detrás del desafío personal de probarse en otras ligas. En 2002 emigró para jugar el tramo final de la temporada 2001/02 en Argentina y desde allí el gran salto a Italia, donde jugó 11 campañas. “Disfruté como loco mi paso por Europa, su profesionalismo, en el que solo debes pensar en jugar al básquetbol. Pero en 2013 tomamos una decisión familiar junto a mi esposa de regresar a Uruguay, pensando en la crianza de nuestros hijos. Además, no quería seguir en Italia y no jugar, al tiempo que deseaba volver a Uruguay en un buen nivel. Pero lo importante fue que priorizamos a la familia, que para mí es lo más valioso”, cuenta el esposo de Magela, una salteña como él, con la que caminan a la par desde hace 23 años, y el padre de Francesco, de 16 años, y de Delfina, de 12.

Una pregunta clave es, ¿por qué seguir jugando a los 43 años? Las respuestas pueden ser variadas, pero Mazzarino, contundente como cuando mete uno de sus habituales triples, señala dos que conmueven y emocionan: “Porque me da miedo el día del retiro y porque después de 34 años de carrera sigo amando tanto jugar al básquetbol como cuando empecé a los nueve”. El silencio en la charla le indica que queremos más detalles y él agrega que su vida “siempre fue muy rutinaria. Viví para ser jugador e hice todo lo debía. Aunque tengo algunas inversiones comerciales, me cuesta dejar, no imagino cómo será mi vida después de jugar. No sé cómo reaccionaré, si podré seguir en la actividad como entrenador. Hoy sigo disfrutando del básquetbol y pienso seguir hasta que no pueda más. De la mente estoy perfecto, aunque el cuerpo me va abandonando de a poco”.

Cuando se repasan las conquistas deportivas de Mazzarino se encuentran cinco títulos en el Torneo Federal de Montevideo (uno con Hebraica Macabi y cuatro con Welcome) y más recientemente otros tres en la Liga Uruguaya con Malvín, sumados al título en el Campeonato Sudamericano con la selección de su país y una medalla de bronce en los Juegos Panamericanos. No obstante, él aclara que “para todos los años que jugué parecen pocos títulos. Igualmente, estoy satisfecho con mi carrera. Si no logré más, fue por no tener capacidad para hacerlo. Yo di todo lo que tenía, no me quedé con nada. No me arrepiento de ninguna decisión. Lo que conseguí es lo que soy”.

Otra incógnita no menos vital es, ¿hasta cuándo va a seguir jugando? Mazzarino recuerda que “cuando volví de Italia firmé por tres años, pensado que sería el final. Pero después firmé por una temporada más. Y luego por otra. Veremos cuando termine esta Liga. Yo no me pongo un límite. Si sigo como ahora y Malvín u otro equipo me quiere, ¿por qué no seguir?”

Una carrera profesional de 25 años suena asombrosamente extensa. Tanto que parece difícil poder mirar hacia atrás con nitidez. Sin embargo, el tirador uruguayo ve muy claro “de dónde salí, de una ciudad pequeña y que aprendí a jugar en una cancha abierta, aun en días de lluvia. Que a los 15 años tuve que dejar Salto, alejarme de mi familia y mis amigos y estar solo en Montevideo para poder cumplir el sueño de ser jugador de básquetbol. Y también veo que llegué a ser profesional en Uruguay y después viví 11 años en Italia, que fue lo que más disfruté en mi carrera. Viví las exigencias y las comodidades del profesionalismo. Cosas buenas, como las amistades que logré y todo lo que aprendí, más de las derrotas, que de los triunfos. También hubo cosas malas, como no llegar a tiempo desde Europa a ver a mi papá antes de morir. Pero no me arrepiento de nada, fui feliz en todo este camino”.

Si la mirada se apunta hacia adelante, ese futuro tan temido para Mazzarino no parece correrse del básquetbol y la tarea de entrenador será el primer intento que probará el temido día después. “Cuando llegue el retiro imagino que será un momento triste. Una forma de no sentirlo tanto puede ser continuar como entrenador. En 2013, pensando que el final estaba cerca, hice el curso de entrenador. Logré el título, pero por ahora lo guardé. Veremos qué pasa en su momento, si sirvo para esa tarea, si soy bueno o si me gusta. Tendré que hacer la prueba”, deja como interrogante.

Antes de cerrar la charla le preguntamos a Mazzarino si se sintió incómodo teniendo que exponer sus sensaciones de deportista de edad fuera de lo común. “No, al contrario, me encanta hablar de mis vivencias en el básquetbol. En mis años de esplendor no lo pensaba, porque vivía enfocado en el juego. Tal vez haya sido un error. Ahora me gusta contar mi vida deportiva. Lo disfruto. Para algunos puede no ser fantástica, pero es mi vida, la que yo supe construir”.

Texto: Alejandro Pérez/FIBA
Fotos: FIBA

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