🇨🇺 LEONOR BORRELL, EL AZOTE DE LAS CANASTAS

Por Henry Morales (@henrysoyyo86)

El baloncesto femenino en Cuba es uno de los tantos deportes que ha engrandecido la imagen de la mujer cubana. Entre tantas féminas que practican este deporte, la imagen de Doña Leonor Borrell, el “Azote de las Canastas” sobresale como la mejor basketbolista cubana de todos los tiempos.

Nacida en la tierra de Santa Clara, Leonor abrió los ojos al mundo el día 10 noviembre del año 1963 y con su llegada una estrella se apegaba a su figura para acompañarla por la vida haciendo historia. Sus padres Justina y Eugenio, no tenían idea de que ese fruto del matrimonio formaría parte de la gloriosa historia del deporte cubano. Hermana de Laura, Orlando y el estelar exNBA Lázaro Borrell.En sus genes, Leonor llevaba el basket.

Su relación con el deporte de la espectacularidad iba ha llegar tardíamente. Con 11 años comenzó sus andadas en el baloncesto acompañando a su hermana mayor Laura quien practicaba atletismo. El camino que transitaba a la pista tenía una cancha de basket donde los niños practicaban ese deporte. Fue en esa misma ruta diaria, que un entrenador la convenció de llevarla a convertirse en una practicante. Desde ese instante, el amor a la pelota naranja entabló un sagrado matrimonio con ella que sigue vivo hasta hoy en día.

Tránsito prácticamente toda la pirámide de alto rendimiento ( denominación al sistema deportivo cubano de categorías menores), demostrando un juego de piernas que encandilaba a cualquier entrenador y puntería de cara al aro que la hacía anotar desde cualquier parte de la cancha. Todos estos factores antes mencionados, hicieron que Leonor elevará su nombre hasta arribar a la Selección Nacional de mayores con tan solo 16 años.

Foto: Juventud Rebelde

Una pívot de tan solo 1.88 metros que con cada salto elevaba su cuerpo de manera excepcional hasta parecer colgarse del cielo. Hizo debut en los Juegos Panamericanos de San Juan, Puerto Rico en 1979. Allí Leonor mostró el temple y las aptitudes necesarias para codearse al baloncesto de máximo nivel. Según varios conocedores del baloncesto de la época, comentaban tras bambalinas que más de un scout puso sus ojos en ella con tal de llevársela a la WNBA. Pero Leonor era de otro tiempo, quizás otra época donde al deportista cubano no le seducía tanto la idea del profesionalismo.

El tiempo corría en el calendario y Leonor crecía con cada torneo que participaba y a la vista estaba el Campeonato Mundial de Moscú 1986. Una jovencita de edad (23) pero experimentada en juego, acaparaba titulares. Borrell era un dolor de cabeza en zona ofensiva, lo mismo se apoderaba de la pintura ante rivales más altas que fusilaba desde la media y larga distancia. Vital en el sexto lugar del quinteto cubano, en el plano individual Leonor se llevó las palmas al ser la máxima anotadora y la segunda reboteadora del torneo. Sus producción de cartones se elevó al punto de ser un total de 26.7 puntos por encuentro, toda una barbaridad.

Pero el hecho no sería casualidad pues cuatro años más tarde, se efectuaría el Mundial de Malasia 90. En esta cita la selección caribeña alcanzaría el tercer puesto, tan solo cediendo ante las nóminas de Yugoslavia y Estados Unidos, finalistas del torneo. Borrell fue fundamental, sus números eran sólidos, 15.9 puntos y 7.2 rebotes por juego. Brillantes actuaciones ante Yugoslavia y República Checa la hicieron valerse merecedora del respeto a nivel internacional y consolidarse como una fuera de serie.

El sueño de ser olímpica se le vio frustrado en Seúl 88, pues la delegación cubana no asistió a la cita por diferencias políticas. Esto la vida da revanchas y Barcelona 92 tocaba las puertas de la villaclareña. Unos Juegos Olímpicos recordados por ese gran Dream Team del baloncesto norteño, pero para Cuba las féminas acaparaban titulares. Borrell era la líder de la selección caribeña que parecía destinada al podio. Vitales actuaciones dejó en el tabloncillo frente al equipo unificado al cual en 31 min le anotó unos 28 puntos y 9 rebotes. Tal vez irse sin medallas representó algo doloroso, pero “el azote de las canastas” tuvo un gran torneo, promediando 17.5 puntos y 8.5 rebotes por encuentro.

Entre victorias a nivel continental y regional con la selección criolla, Leonor expandía su leyenda y en el sector masculino, su hermano menor Lázaro Borrell acaparaba titulares como una de las grandes promesas del basket masculino. El siempre valoraba que llegó a este deporte gracias a su hermana y quien fue una gran influencia en su carrera.

 

En el año 1997 con 32 años, hacia público su adiós a las canchas para dedicarse a la maternidad, dejando claro que su hija era su mejor medalla. Muchos no la entendieron y otros le brindaron su apoyo incondicional, pero la realidad es que una grande se iba para no volver jamás.

“Fue una decisión que quizás no gustó”, explicaba la propia Leonor hace un par de años en una entrevista para Cibercuba. “El básquet siempre me gustó. Era mi mayor pasión. Me divertía jugando, anotando canastas, pero nada comparado con mi hija”

La nostalgia se apodera de más de un corazón amante al baloncesto al no vislumbrar a otra jugadora como ella. El baloncesto femenino en Cuba no vive sus mejores días y los amantes al deporte de la bola naranja extrañan a mujeres como ella, se siente nostalgia por el Azote de las Canastas.

El historial de Leonor Borrell
en Sports Reference

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