🇦🇷 HIJOS DE LA LIGA: LA HISTORIA DE VALENTÍN Y RAFAEL COSTA

Nos metemos en la intimidad de la familia Costa. Rafael, el padre, fue campeón de la Liga Nacional con GEPU en la 92/93 y un jugador emblemático de la época; Valentín, el hijo, está haciendo sus primeros pasos en Rivadavia, en la Liga Argentina. Sus historias, anécdotas y un enorme respeto y admiración mutua.

Cuando las raíces son los mismas, los caminos suelen tomar rumbo similares. En La Liga hay varios casos de estos. Está en la sangre, en los genes, en ese legado que uno, el padre, triunfante y con un recorrido ejemplar, le deja a su hijo, que toma la mochila y cargado de sueños va en busca de su propia historia. Hará el camino a su manera, de su forma, con su estilo, lo escribirá con su propia pluma, pero siempre es una valiosa guía tener como padre a un gran ejemplo.

En este sentido #HijosDeLaLiga relatará la historia de los Costa. Rafael Roque, el padre, un recordado que jugador que supo hacerse su nombre dentro de la rica historia de la Liga Nacional, base de excelente técnica y uno de los íconos del básquet de GEPU a través de la historia del club puntano; mientras que Valentín Rafael, el hijo, está haciendo sus primeras armas, hoy en Rivadavia de Mendoza, y con tan solo 20 años vislumbra un futuro esperanzador si logra mantenerse por esta curva ascendente de desarrollo.

Hay una herencia que se transmite de padre a hijo, intangible pero sí con sentimientos muy fuertes que la caracterizan, y es esa pasión y dedicación por el básquet. Claro está, que de un lado hay una camino de respeto y admiración por seguir como modelo, y del otro lado una guía fiel para un orgulloso apoyo y esos cálidos consejos.

RAFAEL, UNA NUTRIDA Y RESPETABLE TRAYECTORIA. Rafael jugó profesionalmente más de dos décadas, pasando por todos los niveles nacionales. Incluso tengamos en cuenta que tampoco se retiró hace mucho tiempo, y hoy se mantiene ligado al básquet desde otro rol, habiendo sido asistente, entrenador hasta hace muy poco, y ahora hasta dirigente desde la presidencia de su querido GEPU.

Con el club puntano fue parte del épico equipo de los ’90, consagrándose campeón de la Liga Nacional temporada 1992/93, lo que fue el segundo de los títulos que lograron los de San Luis en la elite. El Lobito, Gustavo Ismael Fernández; Juan Espil; Esteban Pérez; un equipazo entre los cuales se encontraba un joven Rafael de 19 años.

“Lo de GEPU por supuesto siempre lo llevo presente conmigo, que a nivel personal fue lo mejor que me tocó vivir deportivamente, en la 92/93, cuando salimos campeones de la Liga. En Pico FC también tuve un año muy bueno; el segundo año en Argentino de Junín y el primero en Ciclista también fueron dos años que yo me sentí jugando bien, más allá de que por ahí no fue con un título. En 2009 ascendimos con La Unión de Formosa del TNA a la Liga, y también fue un año muy bueno. Tuve la suerte de haber estado siempre en grandes equipos donde me he sentido cómodo”, recordó el mítico jugador.

El padre hizo un camino muy amplio deportivamente. En Liga Nacional primero con GEPU, Andino de La Rioja y Racing; luego pasó al viejo TNA, donde pasó por Independiente de Neuquén, Echagüe, Independiente de Zárate; para posteriormente volver a la Liga y pasar por otros clubes como Pico FC, Argentino y Ciclista de Junín, y Central Entrerriano. Tendría un último paso por La Unión de Formosa en la 2008/09, donde fue parte del plantel campeón que ascendió a la elite aquella temporada. Luego al Torneo Federal, donde también tuvo su regreso a GEPU.

Como dato, más allá de su título con GEPU o incluso en su juventud cuando jugó Argentinos juveniles y U21 con la selección de Córdoba, está el dato de que Rafael fue elegido como el mejor jugador del TNA en la 1996/97, cuando defendió los colores de Independiente de Neuquén y en lo que fue su primer año dentro de la categoría.

“De cuando mi viejo jugaba Liga Nacional me acuerdo muy poco, porque era muy chico y generalmente cuando iba a la cancha era para jugar que para ir a ver sus partidos, entonces me acuerdo muy poco de eso. Más de grande lo pude ver en el Torneo Federal, ya para sus últimos años antes de retirarse”, comenta Valentín, que claro, siendo muy joven para el último año que Rafael estuvo en Liga (2007/08, con Valentín teniendo 8 años apenas).

Más allá de eso, Valentín tiene muy claro lo que representó y lo que significa su padre, más allá de lo deportivo. “Gracias a Dios en cualquier lugar al que he ido y con todas las personas que lo conocen siempre me hablaron muy bien de él. Sacando la parte de jugador inclusive, siempre me hablaron muy bien de mi viejo y eso me pone muy contento, tranquilo y orgulloso de que la gente lo quiera tanto”, deslizó.

VALENTÍN, LOS JÓVENES INICIOS DE UNA ESPERANZADORA CARRERA. El base de 20 años comenzó a desarrollarse en GEPU, teniendo en cuenta que tuvo una primera experiencia en el TNA cuando para la temporada 2014/15 defendió los colores del equipo de provincia en la Fusión GEPU-Española, con un reconocido entrenador al mando como lo es Mariano Aguilar, jugando en el mítico Ave Fénix. Allí, promedió apenas 1.6 minutos en 7 partidos, con solo 15 años.

“Cuando tenía 15 años empecé a entrenar acá en San Luis con el TNA y ahí ya empecé a tomarme el básquet de otra forma. Ya estaba entrenando doble turno y estaba empezando a trabajar mucho más en mi físico, que todavía era muy chico. Ese mismo año empecé a jugar en mi club también, lo que además me ayudó a tener un poco más de roce”, recuerda el joven hijo.

Más adelante, para mediados de la 2016/17, Valentín termina acordando su llegada a Comunicaciones de Mercedes, en lo que fue un salto deportivo importante dentro de su carrera. Allí, con el paso del tiempo y con muchísimo trabajo en el medio, fortaleció su juego y en consecuencia su físico también tuvo una curva evolutiva.

No jugó mucho aquel primer ciclo de medio año, porque tuvo que ir adaptándose dentro de un equipo que fue uno de los grandes dominadores de la competencia y que incluso ese año logró el ascenso del TNA a la Liga Nacional (memorable definición por 3 a 2 contra Estudiantes en la serie por el campeonato y el ascenso), pero ahí fue forjándose desde el juego, entrenando con el equipo de elite que entre otros tenía experimentados como Gastón Essengue, Nico Lauría, Ariel Pau, Kily Romero y Franco Vieta.

“Desde chico ya tenía ganas de ir a probarme a algún equipo de afuera y ahí fue que empecé a probarme en clubes hasta que llegué a Comunicaciones. Al principio fue difícil acostumbrarse a un lugar nuevo, gente nueva, colegio nuevo, así que me llevó unos meses de adaptación y me costó un poco en ese arranque. Ahí mi familia ayudó mucho, y también por parte del club y de mis compañeros, que hicieron las cosas más fáciles para mí. En el receso nos quedábamos con los chicos reclutados para jugar las formativas, meses de entrenamiento todos juntos que me ayudaron mucho a afianzarme un poco más. Y después cuando empezó la temporada de la Liga Nacional sabía que tenía que estar bien para la Liga de Desarrollo porque era lo que iba a jugar, y al otro año igual, pero siempre entrenando con el plantel de Liga y preparado por si algún compañero estaba ausente para poder darle una mano al equipo”, comenta el hoy base de Rivadavia de Mendoza.

“Antes de irse fuimos juntos a varios clubes que estaban interesados en él. Nos hicimos un viaje largo como de 10 días los dos juntos, quería acompañarlo y ver cómo estaban cada uno de esos clubes. Finalmente nos decidimos por Comunicaciones que en ese momento estaba Tulo Rivero. Comu estaba en el TNA y Valen llegó a mitad de esa temporada. La verdad es que me gustó mucho cómo estaban trabajando, me gustó el lugar, una ciudad muy chica, previendo que por ahí cuando los chicos se van de casa uno trata de tener cuidado con lo que está fuera del básquet, así que más allá de que estaba muy lejos de acá de San Luis pensamos que era lo mejor para él, pensando ya exclusivamente en la parte deportiva”, agregó Rafa sobre esa llegada de Valentín a Mercedes.

Rafael también recuerda cómo fue ese joven arranque de su hijo. Desde su lado, como padre, lo acompañó a buscar su mejor opción en ese entonces antes de aterrizar en Mercedes, pero también contó cómo fueron las sensaciones de tener lejos a su hijo, de ver cómo aquel chico que crió y le enseñó todo (al día de hoy lo sigue haciendo) comenzaba a dar esos primeros pasos, esos inicios que conocía a la perfección, porque él también en su juventud también hizo su propio recorrido.

Sobre esto detalló: “Fue un momento difícil sinceramente, pero apoyando lo que quería y quiere, con lo que siempre soñó, que era poder ser un jugador profesional. Fue una mezcla de felicidad y angustia por nuestra parte por tenerlo lejos, él se fue feliz de la vida y nosotros lo acompañamos en esos primeros pasos. El primer momento fue bueno pero creo que a partir de los 2-3 meses empezó a sentir un poco el cambio, supongo que debe haber extrañado un poco, tuvo un momento en el que quiso volverse pero logró enfrentarlo y superar ese momento, y se quedó en Comunicaciones. Se quedó 2 años y medio allá para después terminar ahora en Rivadavia de Mendoza”.

Y agregó: “La verdad es que para la familia fue un momento muy difícil cuando él se fue, fue un cambio muy grande para nosotros, para mi señora, para mí y para sus tres hermanos. Te imaginarás que todos estamos con el básquet, y acá en GEPU con sus hermanos tenemos base para rato (risas). Cuando se fue Valen yo estaba con un poco de miedo principalmente, miedo que supongo que tenemos todos los padres. Conociendo un poco cómo es el panorama del básquet a nivel profesional traté de elegirle un buen lugar para que pueda desarrollarse a nivel profesional”.

Su paso por Comunicaciones se prolongó hasta la pasada 2018/19, teniendo el mencionado breve pero enriquecedor paso por el TNA en la 2016/17 y las siguientes dos temporadas en la elite, tras el ascenso de los correntinos a la Liga (2017/18 y 2018/19). En ese último tramo promedió 3.6 minutos en la máxima categoría, obviamente teniendo también participación activa en el plantel de Comu dentro de la Liga de Desarrollo.

UNA ANÉCDOTA MUY ESPECIAL. Valentín y Rafael tienen un dato anecdótico y de privilegio, algo que no todos los padres e hijos pueden concretar: compartir una cancha, no como jugador y entrenador, sino que ambos como jugadores, como compañeros dentro del parquet. Fue cuando tuvieron la oportunidad de coincidir en el Provincial, con los colores de GEPU.

“En ese Provincial, de acá en San Luis, yo ya me había retirado como jugador profesional, estaba como entrenador de las formativas en GEPU y Valentín tenía 15 años. Fue un gusto que me dí, yo ya estaba con 40-41 años. En principio fue para mantenerme bien físicamente y saludable, entonces iba y entrenaba en el club. A medida que me fui sintiendo bien terminé jugando. La verdad es que para mí fue un momento muy lindo y placentero, haber disfrutado un poquito de tiempo jugando con Valentín. Son momentos únicos. A medida que va pasando el tiempo y los años uno se va dando cuenta que hay momentos únicos e irrepetibles, y también lo va viviendo de diferentes maneras. Lo disfruté muchísimo, disfruté haber entrenado y jugado con él”, recuerda Rafael, que cuenta con alegría ese gran momento.

“Con mi viejo jugué dos años en la primera local de GEPU, él ya había dejado pero volvió a jugar el Provincial para GEPU que en ese momento había clasificado para el Prefederal. Pero como siempre se mantuvo entrenando, ese año en el TNA el Tigre (Aguilar) me invita a jugar porque había pocos juveniles y yo recién estaba empezando a jugar un poco mejor. Mi viejo era el jefe de equipo de la Fusión en el TNA, y también entrenaba, entonces estuvimos esos dos años ahí entrenando juntos y jugando en la primera provincial”, recuerda por su parte Valentín.

En ese entonces, y sabiendo que también ya tenía funciones como entrenador en la institución puntana, Rafa ya era un sostén importante para Valentín desde la palabra, desde su experiencia, brindándole herramientas y consejos para que su hijo siga formándose y fortaleciendo su juego.

“Como siempre y como todo padre, fui marcándole alguna que otra cosa, ayudándolo y sin ser obsesivo. Siempre busqué ayudarlo en su desarrollo y en lo que era su comienzo, en ese momento también coincidíamos que yo también estaba como entrenador, y la verdad que tenemos una muy buena y linda relación. La pasamos muy bien”, explica un veterano de cientas batallas (jugó un total de 472 partidos en LNB).

Desde la experiencia para Valentín, el haber compartido equipo con su papá fue un momento valioso desde el lado emocional, recordándolo con anécdotas hasta graciosas y sintiéndose verdaderamente bendecido por el privilegio que se dio al jugar no solo con un histórico jugador sino que también, y por sobre todas las cosas, con papá.

“La verdad es que por ahí uno no se da cuenta en ese momento de lo afortunado que fui al poder compartir eso con mi viejo, pero ya después con el paso de los años obviamente pasa a tener un valor agregado y mayor. Pasé momentos verdaderamente muy lindos junto a él dentro de la cancha, y tenemos muchas anécdotas que más adelante las iremos contando en cenas familiares. Fue un muy lindo momento y una muy linda sensación el poder haber jugando juntos, aunque en ese equipo se las tiraba todas (risas). La verdad es que soy muy afortunado por eso, tengo sensaciones muy lindas de esos años”, cuenta el pibe del Naranja.

RESPETO Y ADMIRACIÓN DE VALENTÍN POR SU PADRE. Valentín tiene muy claro que, con tantas buenas referencias pero también con lo que ve y conoce tanto deportiva como personal y cotidianamente en su día a día, Rafael, su papá, es su gran modelo a imitar. Y hasta como jugador tienen algo en común, el ser la misma referencia en la cancha, la base, ese protagonismo desde la conducción, cerebro del equipo, quien maneja los hilos.

“Mi viejo siempre fue mi referente y es mi ídolo. Es al jugador al que me quiero parecer y hasta superar, pero siempre teniendo la imagen suya delante mío, aprendo todo el tiempo de las cosas que me explica. Por ahí también viéndolo en la época de cuando jugaba yo intentaba imitar alguna de las cosas que tiene. Mi viejo siempre fue mi imagen a seguir”, explica con orgullo Valentín.

“Por más de que no lo he visto jugar mucho, no sé si nos parecemos tanto. El básquet ha cambiado, entonces por ahí tenemos distinto juego. De todas formas yo siempre intento hacer todas las cosas que él hacía muy bien, como defender, imitando esas cosas buenas que hacía como jugador. Entiendo que me falta muchísimo, pero lo tengo como una referencia”, agrega.

El hijo recién está comenzando a dar sus primeros pasos, sin embargo ya viene demostrando condiciones interesantes y una capacidad de desarrollo más que importante a pesar de su juventud. Y en ese modelo de referencia que tiene con papá, el mayor de los hijos de Rafael (Valentín tiene 3 hermanos más) destaca lo distintos que son desde el carácter, aunque siempre manteniendo ese mismo ferviente y fiel amor por la naranja.

“En personalidad creo que no somos muy parecidos, porque mi papá es mucho más tranquilo y yo soy más energético. Pero a la hora de que cruzarnos en los 1 contra 1 terminábamos peleados porque somos bastante competitivos (risas). En eso creo que nos parecemos mucho, creo que esa es una de las cosas que heredé de mi papá (risas)”, explicó.

EL DÍA A DÍA DE ESA UNIÓN. Valentín sabe del constante apoyo de su padre, que siempre está ahí para cuando necesita una mano, sin importar las distancias ni kilómetros que puedan separarlos, hoy de San Luis a Mendoza, pero en su momento también era hasta Mercedes. Por sobre todas las cosas, el joven armador también subraya que en ningún momento hay obsesión, sino que lo dejan ser libre y que las charlas con consejos que tiene con Rafael son muy amenas y distendidas.

“Intenta dejarme ser yo mismo. Nunca se está metiendo mucho en lo que es mi juego. Sí por ahí me aconseja mucho, cuando nos juntamos a comer o por ahí tomamos unos mates y hablamos de básquet. Me da consejos como ‘tenemos que mejorar más esto’ ‘tenemos que entrenar más esto otro’ ‘tenés que imitar a tal jugador’… cosas así… me recomienda y hace ver algunas cosas que por ahí yo no me doy cuenta cuando juego por ejemplo algunos pick and roll. Pero son charlas, nunca un reto, ni ahora ni desde que juego al básquet, jamás peleamos o discutimos por eso. Mi viejo siempre me ayuda pero no volviéndome loco sino que dándome mi espacio”, cuenta muy satisfecho Valentín.

Rafa por su parte también detalló el trato que tiene hacia su hijo, la fluidez del mismo y lo bien que se llevan en todo sentido. Esa imagen de tanto respeto que hay lo permite; del hijo hacia el padre por el camino recorrido, la experiencia y la persona que es, y el padre hacia el hijo por la libertad que le da sabiendo de su calidad como persona y joven deportista que se inicia.

“Tenemos un diálogo permanente en el día a día, la verdad es un vínculo muy lindo. Valen tiene un carácter muy bueno donde normalmente me cuenta todo lo que le pasa, yo no era tan así. Me da pie a mí para que pueda hablarle mucho. No soy un obsesivo, pero sí trato de guiarlo, de cuidarlo. Hablamos de todo, no solamente de básquet, hablamos de lo que es la vida, el afuera del básquet, de cómo se tiene que manejar profesionalmente dentro y fuera de la cancha”, cuenta.

Y una de las cosas que más trata de inculcarle es el tema del estudio, la importancia de desarrollarse intelectual y paralelamente en una carrera, en una profesión, estudiar sabiendo que la vida del deportista es corta. En ese sentido, Rafael aconseja mucho a Valentín tratando de llevarlo por un camino y un abanico de opciones que quizá antes eran un tanto más reducidos.

“Valentín ya está en una edad donde toma sus propias decisiones y tratamos de inculcarle también que tiene que estudiar, que tiene que hacer una carrera universitaria en paralelo con el básquet, está en la edad y el momento para hacerlo. Es un gran desafío para él y para mí también como su papá, lograr que entienda que el básquet y el deporte tienen una fecha de vencimiento, y que después la vida continúa. Yo no lo hice en su momento, quizá no teníamos la herramienta que ellos sí tienen hoy, pero sé que no es fácil porque las exigencias son altas dentro del básquet profesional pero estoy convencido de que si se lo propone lo va a hacer, y eso para mí sería una gran alegría, que pueda estudiar, hacer lo que le gusta. De mi lado, nosotros como familia, vamos a hacer todo lo necesario para que pueda hacerlo”, reflexiona.

EL ORGULLO DE RAFAEL POR EL CAMINO QUE VA TRAZANDO SU HIJO. Como todo padre, Rafael desea que la vida de su hijo sea exitosa, haciendo lo que tanto ama, dedicándose al básquet de forma profesional y desarrollando una trayectoria que le dé grandes satisfacciones. Quiere verlo feliz y, al ver cómo hoy está desenvolviéndose y creciendo dentro del ambiente, se le infla el pecho de hermosas y cálidas sensaciones.

“Siento mucho orgullo y admiración. Los que estamos en esta parte del profesionalismo sabemos que es difícil mantenerse, hacerse un nombre, un lugar dentro de nuestra Liga… y Valentín va camino a eso. Sabiendo que tiene muchas cosas por mejorar todavía, tiene margen de mejora y mucho, y lo hablo con él, lo sabe, y sabe que está en una etapa de aprendizaje, que está creciendo, que este año en particular está adquiriendo mucha experiencia”, cuenta.

Se siente como si el paso a la Liga Argentina fue un avance notorio para Valentín, porque más allá de que los números y los minutos que está sumando hablan por sí solos, también hay una serie de situaciones cotidianas en el día a día que son importantes para la maduración. Sobre esto, Rafael añadió:

“Haber bajado de categoría le ha hecho muy bien, maduró mucho en estos meses, fue de menos a más porque al principio le costó un poco algunas situaciones nuevas que le tocó vivir y un poco de eso se trata. Hablamos un poco de eso, que tenía que ser para vivenciar en carne propia situaciones de un equipo, con jugadores mayores, con la responsabilidad de llevar un equipo, algo que no que es fácil, y desde ahí poder empezar a mejorar y ver también cuáles son las cosas en las que debe trabajar y poder continuar con su carrera deportiva. Por supuesto su sueño es jugar en la Liga Nacional, en la elite de nuestra liga, pero está en proceso y camino a eso”.

Y la familia termina siendo ese gran sostén para el futuro esperanzador de Valentín. Está su padre Rafael en ese marcado apoyo, pero también su mamá y sus hermanos. Al fin y al cabo, la familia siempre termina siendo la columna vertebral de toda la carrera de un deportista, porque esa compañía tan fiel lo apoyará en todo momento, en los buenos y en los no tantos, con el norte de Valentín apuntado a su cumplir sus anhelos de Liga Nacional.

“Me hace feliz de cómo le está yendo y cómo es. Sé que es una buena persona, un muy buen pibe que siempre está predispuesto a ayudar y colaborar, y eso me enorgullece más. Ojalá que pueda cumplir su sueño. De nuestro lado, tanto mío, de mi señora, de la familia, vamos a estar siempre cerca de él para poder acompañarlo, en las buenas y en las malas como es esto, y deseo que pueda cumplir su sueño de jugar en Liga Nacional y de que se pueda hacer su nombre también ahí en ese nivel”, cerró Rafael, leal y devoto de los sueños de Valentín, ese hijo que sueña con poder seguir los grandes pasos de papá.

Texto: Lucas Leiva/La Liga Contenidos

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