🇦🇷 EL MÁS GANADOR: UN VIAJE POR LOS NUEVE TÍTULOS DE ATENAS

En un artículo para la Liga Contenidos, la periodista Noelia Ortmann repasa los títulos del Griego, con los seis conseguidos en el pasado milenio y los tres obtenidos en el pasado decenio, lo que lo convierten en el equipo más ganador de la Liga Nacional.

En un artículo para la Liga Contenidos, la periodista Noelia Ortmann repasa los títulos del Griego, con los seis conseguidos en el pasado milenio y los tres obtenidos en el pasado decenio, lo que lo convierten en el equipo más ganador de la Liga Nacional.

Atenas lograría finalmente su primer título en la historia del básquet nacional. El primero, de muchos, porque terminaría siendo, hasta el día de hoy, el más ganador de La Liga. En 1987 llegaría el momento en que el Griego cordobés comenzaría a destronar el reino que Ferro venía gestando desde el inicio de la competencia.

Héctor “Pichi” Campana y Marcelo Milanesio marcaron el camino de lo que sería aquella primera corona merecida para el club. Ese primer título, de los nueve, llegaría ante su gran rival, Ferro, a quien le ganaría la final 3 a 1. Primero se jugaría en Córdoba donde el local se llevaría los dos juegos por 98 a 95 y 89 a 82. En Buenos Aires, la cuarta victoria sería 93 a 80 para el conjunto de Caballito y el mismo resultado se daría en el encuentro definitivo pero para el Griego 93 a 80, campeón, en el Héctor Etchart.

El título del año 87 fue el primero, el más deseado por todos creo en el club. Llegamos muy bien a la final con Ferro, que era el gran rival en ese momento y bueno pudimos ganar la final 3 a 1 con un recibimiento después cuando volvimos de Buenos Aires a Córdoba realmente inolvidable. El equipo tenía una mezcla de jugadores jóvenes y con experiencia, pero sobre todo lo que tenía era hambre, hambre de llegar, hambre de ganar el primer título, hambre de derrotar a Ferro, que era el gran protagonista”, cuenta Pichi Campana.

“El día anterior al último partido con Ferro habíamos perdido 93-80 y logramos el campeonato por el mismo marcador, pero favorable a nosotros. Estimo que es el mejor campeonato logrado por Atenas, Ferro era el equipo a vencer y a imitar en esos tiempos. Festejamos en la cancha con el aplauso de gran parte del Etchart y todos gritábamos Argentina, Argentina que nos emocionaba. En Córdoba fuimos recibidos con mucha alegría, una gran caravana de autos nos acompañó por las calles de la ciudad hasta el club, creo que eso jamás lo olvidaremos. Teníamos un equipo con jóvenes “caraduras” (Marcelo y Mario Milanesio, Héctor “Pichi” Campana, Roberto Costa…) que deseaban enfrentarse con los mejores y esos días se potenciaban en su rendimiento, además contábamos con la experiencia de dos grandes y experimentados jugadores el Runcho Prato y Germán Filloy (Runcho ese año se despide del básquetbol). Tampoco me quiero olvidar de todo lo que nos aportó el querido Donald Jones”, recuerda el entrenador Walter Garrone.

“Marcelo Milanesio era sinónimo de La Liga Nacional. Era un jugador diferente a todos. Su gran virtud era su inteligencia, sacaba jugadas imposibles, que nadie te las enseña. Prácticamente nos mirábamos y él ya sabía dónde yo me iba a mover”, lo dice Campana, su compañero en esa dupla exitosa y ganadora. Calidad, sacrificio, compañerismo, generosidad, mentalidad ganadora, alguno de todos los adjetivos de Marcelo en su intachable trayectoria.

“Fue importante que los dirigentes trajeron a Pichi Campana y Germán Filloy para reforzar al equipo. Nosotros ya teníamos una base, con la llegada de ellos sabíamos que íbamos a dar un salto de calidad e íbamos a ser competitivos, a esto le sumaríamos el hambre de gloria que teníamos en ese momento por la juventud y por lo que éramos, gente del interior que enfrentábamos a Ferro, que tenía jugadores de Selección Argentina. Dentro de mi carrera, jamás integré un equipo de ese nivel o jerarquía”, cuenta Mario Milanesio.

El segundo bicampeón de la historia sería el Atenas de 1988. Un equipo conformado en su mayoría por cordobeses. No sería fácil. El Griego lograría pasar las Semis frente a Pacífico superando dos lesiones importantes como las de Pichi y Filloy. El rival en la final, River. Atenas barrería la serie 3 a 0: 93 a 82, 85 a 83 y 95 a 87. “La final contra River en Bs. As. fue un partido durísimo, pudimos revertir el partido en el segundo tiempo, el equipo supo una vez más sobreponerse a presiones y hacer nuestro juego. Este año toman protagonismo dos jóvenes, Palito Cerutti Y Diego Osella, ambos de 19 años, que nos aportaron muchísimo, especialmente cuando se lesionaron Pichi y Germán. Muchos partidos como contra Pacífico en Tres Arroyos hacíamos control de la pelota y buscábamos jugar la misma con nuestros interiores, además supimos superar la fuerte presión de la gente. Por el ataque a la Tablada se suspendió el cuarto partido, regresamos a Córdoba y tuvimos que volver para jugar con el buen equipo de Pacífico. Creo que este juego ganado fue el campeonato, nos hizo crecer como grupo y equipo”, recuerda Garrone.

“A Marcelo, lo selecciono a los 15 años para jugar el Argentino de juveniles, ese mismo año se incorpora a Atenas con su hermano Mario. Desde muy joven tuve la fortuna de ayudarlo, de crecer y aprender de él. Muchacho sencillo con ganas de aprender, ganador, luchador que disfrutaba entrenar. Dios le otorgó talento, pero especialmente voluntad en el esfuerzo diario de sus entrenamientos dentro y fuera de los horarios de práctica. Con el tiempo se transforma en un líder del grupo y carismático con la gente. Fue y es un grande del deporte argentino. En mis comienzos era entrenador de las categorías formativas de Atenas y a Pichi lo sufrí en sus comienzos como rival (Redes Cordobesas), luego puedo compartir con él las selecciones juveniles de la provincia y claro está en La Liga con el primer equipo de Atenas. Ha sido una pesadilla para todas las defensas, con condiciones físicas excepcionales, creativo y súper goleador, desequilibrante. Un ganador. También fuera de la cancha un muchacho súper inquieto, organizador de los festejos de los logros deportivos que teníamos, especialmente en Bs. As. o tirar cuetes en las siestas del equipo. Soy un agradecido por haber sido unos de sus entrenadores durante varios años, los vi crecer desde muy jóvenes, tenían una comunicación gestual entren ellos especialmente en ataque que finalizaba con una sorprendente ovación de la gente, porque la acción entre ambos era un gol de magnífica construcción. Dos grandes del deporte argentino”, Walter Garrone sobre Pichi y Marcelo.

Llegaría el título de 1990. El festejo quedaría en un segundo plano por la trágica muerte de Palito Cerutti, pocos días antes de obtener el nuevo campeonato. Un accidente automovilístico terminaría con la vida del joven jugador de 21 años, tras estar 12 días internado. Atenas se llevaría la corona por primera vez ante su gente, tras superar a Sport Club en la final por 3 a 0 (89 a 72, 72 a 59 y 78 a 72).

Así lo rememora, su entrenador: “Antes de la final con Sport de Cañada tuvimos que jugar contra dos grandes equipos, Olimpo y Estudiantes de Bahía, para nada fue sencillo. Fue un año triste, partió para siempre nuestro querido Palito Cerutti. Él también estuvo presente en esta final (un poco en cada de uno de nosotros, especialmente en Marcelo, que fue nuestro goleador). Ese año contábamos con un excelente tirador como Luis González y con dos extranjeros de calidad Kennard Winchester y Thomas Jordan (mejor centro de la Liga). Nos alojamos a 70 km. de Cañada, en Leones, mi pueblo natal. Se nos atendió en forma excelente y nos hacían sentir muy bien y gracias a Dios conseguimos el campeonato y fue un homenaje a Palito. Para mí ha sido un honor haber dirigido a excelentes personas y jugadores. Haber tenido dirigentes que se jugaban por equipo año tras años y por contar con grandes asistentes como Fernando Sforza y el gran amigo Rubén Magnano, ellos también son responsables de tantos éxitos de Atenas de Córdoba”.

Ya con Rubén Magnano en el puesto de DT, Atenas conquistaría su cuarto anillo en la temporada 1991-92. El Griego buscaría destronar el último campeón, G.E.P.U. El primer juego se lo llevarían los cordobeses de local (88 a 84), con una gran actuación de Luis Villar (en lugar de Diego Osella lesionado) con 21 tantos. En el segundo encuentro, Pichi fue figura indiscutida con ¡52! puntos y victoria (101 a 94) para ir a San Luis con la serie 2 a 0. Allá se llevó el tercero 87 a 85. Pichi no pudo jugar el cuarto partido por un tirón en el muslo derecho. G.E.P.U. ganó el cuarto 104 a 80. La historia terminaría en el Polideportivo Carlos Cerutti, nombrado de esa manera en reconocimiento al jugador fallecido de Atenas. El equipo de San Luis comenzó mejor pero finalmente con Marcelo Milanesio en la conducción y las apariciones de Pichi Campana en los momentos claves, Atenas se llevó su cuarto título en La Liga Nacional (97 a 89). “Es el campeonato que más goce”, dijo por ese tiempo Milanesio. “Para mí ese año, que me dan ese tremendo equipo, lleno de estrellas, fue un punto de inflexión muy importante para mi carrera. No era fácil en ese momento para mí. Ese año la dirigencia de Atenas deposita la confianza en mí, un poco sostenida por la idea y el concepto que tenía de mí Walter Garrone”, sostiene Rubén Magnano. “Lo importante de ésto fue que Atenas consiguió su campeonato. Fue una época de muchísimos aprendizajes. Creo que tuve la capacidad de ponerme un poco, si bien las normas las daba yo, a la escucha de las figuras del equipo, llámese Milanesio, Campana”, recuerda el entrenador.

El Luna Park. Año 1998. Una de las finales más recordadas de la historia y un 4-0 de Atenas sobre Boca para llevarse su quinto título nacional (89 a 87; 103 a 88; 96 a 87 y 111 a 90). Los dos últimos partidos se jugaron con un gran marco de público. El Luna Park recibió más de 7.000 espectadores por noche. En es último encuentro, Fabricio Oberto sería la figura con 37 puntos. Magnano lo rememora: “Fue una final muy recordada, siempre resalto la capacidad dirigencial, de futuro, de la dirigencia de Boca de abandonar su reducto y jugar este playoffs final en el Luna Park. Realmente fue una fiesta del básquetbol, tengo muy grabada esa última noche”.

El sexto anillo para el Griego vendría en la siguiente temporada 1998/99. Bruno Lábaque comenzó como el base titular de aquel equipo por la lesión de Marcelo Milanesio, quien estuvo 77 días sin jugar y 20 partidos de la primera fase. Atenas logró la continuidad de Pichi Campana por tercera temporada consecutiva e incorporó a Leo Gutiérrez, de apenas 21 años. La serie final fue ante Independiente de General Pico en el Polideportivo Carlos Cerutti, en donde se consagró campeón el equipo cordobés, luego de ganar la serie final 4 a 3. El primer duelo se lo llevó la visita (67 a 65), Atenas empató 72 a 67. En General Pico, el Griego se puso 3 a 1 (ganó los dos encuentros 79 a 71 y 52 a 47). Los otros dos se los llevó Independiente por 77 a 74, con la mejor actuación de Nocioni en la serie final, y 89 a 68. En el definitivo, Atenas festejó. Lo superó por 70 a 58. “Fue un año lindo, estar con Pichi, Marcelo, Osella fue de mucho aprendizaje. Mucha exigencia, lo teníamos a Rubén de entrenador. Llegamos a una final contra un equipo duro. Me acuerdo que no lo podíamos defender al Chapu, nos hizo un desastre”, relata Leo Gutiérrez. “La localía de Independiente era muy dura, no era sencillo jugar ahí para Atenas. Tenía muy buen equipo. Fue una final muy disputada, que ganamos si mal no recuerdo en el séptimo juego en el Polideportivo. Tuvimos que batallar duro para quedarnos con el título”, indica el DT Magnano.

Año 2001. Temporada especial porque en ella se retiraría el jugador ícono, que marcó la historia de Atenas, Marcelo Milanesio. Una temporada recordada, también, por la crisis económica que atravesaba el país, una de las razones que llevó al corte de extranjeros en el equipo. El rival del Griego en la final sería Estudiantes de Olavarría. El equipo cordobés buscaría revancha del 99-00. “Veníamos mal. No encontrábamos el ritmo ni la onda del juego”, recuerda Leo Gutiérrez. “Todo lo que sucedió en el 2001, el corralito, a nosotros nos benefició, nos quedamos con un equipo mucho más corto. Terminamos jugando la final con Estudiantes. Ganamos el quinto en casa que fue la despedida de Marcelo (Milanesio). La verdad fue lo que necesitaba Marcelo para retirarse, me llena de orgullo haber estado en ese equipo”, sostiene una de las figuras de aquel plantel campeón.

El primer choque de aquella serie fue para conjunto cordobés (88-82). El segundo y el tercero también (104-83 y 91 a 87). El Bata ganó el cuarto por 96 a 90 y finalmente el quinto quedó en manos de Atenas por  87 a 81. Milanesio tuvo la despedida que se merecía. Ganó su séptimo título en La Liga, con la única camiseta que vistió en su carrera, la “9”.

“Cuando el equipo quedó sin los dos extranjeros dio un salto de calidad tremendo. Todos encontraron más minutos y más trascendencia en lo que sabían hacer y así el equipo se fortaleció. Si yo hubiera dirigido desde la platea hubiéramos ganado igual, porque el equipo ya era un equipo. Cada uno sabía que tipo de sociedad tenía con cada compañero de juego y sabían cómo y dónde aplicarla y además ejecutaban casi de memoria lo que habíamos entrenado durante todo el año. Yo estaba muy confiando en mi equipo”. “Ganamos con autoridad”, detalla su entrenador Horacio Seguí.

“Marcelo fue un poema en ese último año y en ese quinto juego más aún. Fue más importante la despedida del ídolo que el torneo que ganamos, la gente lo despidió con un desbordante cariño y un reconocimiento que emocionaba hasta erizarte. Fue glorioso dirigirlo”, la frase con la que Seguí lo recuerda a Milanesio.

El DT rememora una anécdota que tiene grabada de ese campeonato: “Eubanks tenía la costumbre de rezar en el vestuario antes de salir al campo de juego. Todo el equipo siempre fue respetuoso de eso. Esperábamos que el terminara y salíamos. Bruno, si mal no recuerdo, un día dijo: “Por qué no nos unimos en un abrazo todos y que él diga su plegaria  en inglés y después todos decimos Amén” y eso hicimos. Comenzamos a hacerlo, y lo seguimos haciendo después de que Eubanks dejó el equipo. La oración estaba a cargo en forma rotativa dentro del plantel de jugadores, se agradecía por estar allí y tras el Amén nos saludábamos e ingresábamos al campo de juego, cuando terminábamos volvíamos a cerrar con oración. De alguna manera graficaba un resumen de lo que habíamos crecido como grupo de juego, porque lo hacíamos ganáramos o perdiéramos. Un gran plantel, un mejor equipo”.

Atenas volvería a quedarse con el título en la 2002-03. Esta vez remontando un 2-0 en la serie final.  Perdería los dos primeros juegos ante Boca (81 a 78 y 85 a 66) y ganaría los otros cuatro (92 a 87, 100 a 92, 80 a 78 y 99 a 89). En este campeonato Bruno Lábaque se consagraría como el sucesor de Marcelo en la conducción del equipo y le daría un título más a Pichi Campana.

“El equipo siempre estuvo unido, con un compromiso enorme. Conocíamos nuestras limitaciones y sabíamos ejecutar el rol que cada uno tenía. Realmente ese fue el mejor año de mi carrera en todo sentido. Era un desafío y una responsabilidad enorme representar al club, luego del retiro del gran emblema del básquet cordobés, Marcelo Milanesio. A la vez tuvimos la suerte de tener en el equipo al otro emblema, Pichi Campana, que nos la hacía mucho más fácil a todos. Comenzamos con altibajos, no lograbamos tener regularidad durante la temporada, llegamos a estar en la décimo primera colocación en la tabla, hasta que la llegada de Oscar Huevo Sánchez logró potenciarnos. Empezamos a obtener victorias que nos colocarían en la segunda colocación de cara a los playoffs. Ese fue el momento donde creímos que podíamos ser campeones, teníamos la confianza y la dinámica necesaria para imaginarlo. Hasta que llegó la final con Boca, ellos tenían la ventaja de localía y habían realizado una serie regular con unos playoffs excelentes. Fue una serie muy igualada y para el infarto. Arrancamos perdiendo la serie 2-0 igualmente teníamos la convicción de que podíamos dar pelea, logramos igualarla en Córdoba y llegamos a un quinto juego donde sabíamos que ganarlo nos daría la posibilidad de cerrar la serie de local. Así fue que a falta de pocos segundos el gran Pichi Campana mete un doble de penetración para ganar el juego y ponernos 2-3. El 6to. juego fue el más parejo de todos, electrizante. Se jugaron 2 tiempos suplementarios con posibilidades para los dos equipos de ganarlo, por suerte fue para nosotros y pudimos consagrarnos campeones. Para mí es una de las series finales más apasionantes de la historia de La Liga Nacional, por la paridad de los equipos y por el desarrollo emocionante que tuvo”. Las palabras son de Diego Lo Grippo, elegido el MVP de las finales.

Párrafo aparte para Pichi Campana. Recuerdo siempre lo que me dijo el día que ganamos la final: “Huevo, si había séptimo no podía subir la escalinata del avión…”. Y sabés Pichi te llevaba a caballito yo, porque vos me diste la posibilidad de saber lo que es dirigir jugadores diferentes”, palabras del Huevo Sánchez.

Fuimos a Boca y perdimos los dos juegos, recuerdo en la conferencia algo que me incentivó al escuchar a Gabini: “Si no nos ganaron hoy, no nos ganan más…” Me encantó esa frase… ¡Luego ganamos 4! Otro dato importante fue que al llegar al aeropuerto, Eder Baralle y Bruno, me preguntaron la hora que entrenábamos. Mi respuesta fue contundente: ¡no hay práctica! Ahí saltaron los dos diciendo ¿cómo si vamos 0-2? Y bueno si quieren vayan ustedes, yo no voy. Fue así que llegaron los juegos en Córdoba y nos pusimos 2-2 con un juego defensivo que apuntaba siempre atacar el traslado en todo el campo con el objetivo que no llegue limpio el balón adentro a Leiva y Gabini en posteo, y lógicamente negar salidas a tres puntos de Guaita y Manteca Prego. Fuimos a Bs. As. y la zonita nos dio muchísimos resultados y en forma insólita nos pusimos 3-2. Nuevamente en Córdoba, ya con un clima como nunca vi, y en doble suplementario ganamos una final memorable por 99-89 (tras empatar en 73 y 80). Tuve esos gladiadores que fueron increíbles con un abanderado como Bruno Lábaque valiente y ofensivo, más un 4 como los de antes en Lo Grippo, quien fue el iniciador de esa ofensiva que nos dio tanto rédito. Mati Lescano un jugador clave en mi sistema, más Quincy, Zeque Dentis y el resto que rindieron siempre. Tampoco olvidar a Mario Milanesio (que de loco no tiene nada) quien me ayudó muchísimo en ver con claridad y convivir en el mundo Atenas”, el recuerdo de su entrenador Huevo Sánchez.

En la temporada 2008-09, Atenas lograría su novena corona en La Liga Nacional, de la mano de un viejo conocido, Rubén Magnano, quien volvería a tomar las riendas del equipo. “Mi vuelta fue particular porque venía de mi paso por Europa. Una situación especial en Atenas porque venían con algunos años sin poder disputar el título. La dirigencia puso casi un cien por cien en mis manos el armando del equipo. Yo tomé ese desafío y todas las responsabilidades que implicaba. Tuvimos un mano a mano con cada uno de los integrantes de la plantilla, diciéndoles cuáles eran mis intenciones, el método de trabajo, a donde apuntábamos. Leo era el referente que teníamos, secundando por Bruno. Ellos iban a llevar un poco las riendas del equipo. Creo que fue un equipo muy batallador, jugamos de una manera muy agresiva. Nos coronamos en la cancha de Peñarol”, son las palabras del entrenador al rememorar aquel título, el último que lograría el Griego hasta la actualidad.

La serie se la llevaría ante Peñarol por 4 a 2. El primer encuentro lo ganaría por 69 a 61. Perdería el segundo 85 a 75. Ganaría el tercero 76 a 74. Caería en el cuarto por 77 a 68 y finalmente se llevaría los dos últimos por 79 a 76 y 91 a 83. “Temporada dura, con un tremendo entrenador. Jugábamos bien, éramos muy agresivos en defensa. Fue una serie complicada con Peñarol. Fue una final dura y pareja. De los últimos tiempos la mejor final que se ha visto por los dos estadios en los que se ha jugado y por los equipos, eran los dos muy parejos”, sostiene Leo Gutiérrez.

No podía faltar la palabra de otro de los emblemas de Atenas, Bruno Lábaque: “La temporada 2008-2009 fue una temporada hermosa, donde el comandante en jefe era Rubén Magnano, trabajamos muchísimo durante el año para tener los frutos en una final que quedará para la historia por los escenarios donde se jugó la final, que fueron el Orfeo y el Polideportivo de Mar del Plata. Contra un Peñarol que tenía un equipazo, fueron partidos muy chivos, donde tuvimos la fortuna de terminar la serie en Mar del Plata. En mi caso, especial, porque sabía que después de esa final me alejaba por un tiempo de Atenas para priorizar la familia e irme a jugar a Bs. As.”.

Con este último torneo, Atenas se consagra, con nueve títulos, como el equipo más ganador de La Liga Nacional hasta la actualidad.

Texto: Noelia Ortmann / La Liga Contenidos

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