🇦🇷 HIJOS DE LA LIGA: LA HISTORIA DE MATEO Y GABY DÍAZ

Por Lucas Leiva para La Liga Contenidos

Nos adentramos en la intimidad de la familia Díaz, un apellido que respira básquet desde su concepción. Gaby, el padre, fue campeón de la Liga Nacional con Estudiantes de Olavarría; y Mateo, una de las promesas más importantes de nuestro básquet.

Nos adentramos en la intimidad de la familia Díaz, un apellido que respira básquet desde su concepción. Gaby, el padre, fue campeón de la Liga Nacional con Estudiantes de Olavarría; y Mateo, una de las promesas más importantes de nuestro básquet.

Cuando las raíces son los mismas, los caminos suelen tomar rumbo similares. En La Liga hay varios casos de estos. Está en la sangre, en los genes, en ese legado que uno, el padre, triunfante y con un recorrido ejemplar, le deja a su hijo, que toma la mochila y cargado de sueños va en busca de su propia historia. Hará el camino a su manera, de su forma, con su estilo, lo escribirá con su propia pluma, pero siempre es una valiosa guía tener como padre a un gran ejemplo. En este sentido #HijosDeLaLiga relatará la historia de los Díaz.

Por un lado tenemos a Gabriel, el padre. Un tremendo que jugador, uno de los más emblemáticos de la historia de nuestra Liga Nacional. Gabi es top 10 en presencias de todos los tiempos (822 partidos en total), habiendo jugado 20 temporadas en la elite dentro de su carrera. Debutó a los 15 años en Pacífico de Bahía Blanca, y luego pasó por Sport Club de Cañada, Andino de La Rioja, Estudiantes de Olavarría, Libertad de Sunchales, Atenas de Córdoba y su querido Central Entrerriano. Recorrido ejemplar, y súper laureado.

Por el otro lado mientras tanto, tenemos a Mateo, el hijo. Con tan solo 18 años, el joven Mateo está haciendo sus primeras armas como deportista y jugando su primera temporada dentro de la categoría de la mano de Central Entrerriano. Sin embargo, la lupa ya se posa fuertemente sobre este chico, siendo uno de los proyectos más importantes que tiene nuestro básquet argentino, con un perfil enorme. Con paso también por Sport Club además de su presente en el Rojinegro, el juvenil también registra paso por los seleccionados formativos de nuestro país.

GABY DÍAZ, UNA LEYENDA ABSOLUTA. Más allá de que tomamos los 20 años que se mantuvo dentro de la Liga, algo que ya marca una vigencia tremenda, también tenemos que tener en cuenta que Gaby jugó 29 años a nivel profesional. Con Estudiantes de Olavarría dejó un sello importantísimo a nivel consagratorio, ya que fue campeón de la Liga Nacional en la temporada 2000/01, y que también su otro título con el elenco bataraz fue en la Liga Sudamericana 2001, bajo el mando de Sergio Hernández.

Pero claro, además de ser top 10 en presencias y de los mencionados dos campeonatos ganados en Olavarría el tucumano generó una enorme imagen de respeto y prestigio a través de tantos años. En todos los clubes por los que pasó marcó una huella, hasta que en el 2017 decidió despedirse de las canchas a sus 44 años, en Central y en la casa del club, el José María Bértora.

Gaby Díaz en su paso por Andino, compartiendo equipo con Manu Ginóbili

“Más allá de los logros, es todo lo que viví. El esfuerzo que hice a mí me pone orgulloso, siempre fui muy dedicado desde chico y traté de mantenerlo siempre, y esas son las cosas que más me llenan de orgullo más allá de lo que pude haber conseguido individual o colectivamente. Todo lo que viví, los amigos que hice y los equipos en los que estuve, con los jugadores con los que compartí desde Manu hasta quien sea, pasando por todos. Es increíble. Miro para atrás y pasan tantas cosas por la cabeza, y además tanto tiempo. Imagina que desde los 15 años que debuté en Liga se hacen innumerables la cantidad de cosas vividas. La selección, la Liga, los viajes, lo reconfortante de todo. Es haber disfrutado y también sufrido, es haber podido vivirlo. Eso es lo más importante”, cuenta Gaby, la más fiel referencia al trabajo y el esfuerzo personificada.

Y el histórico emblema suma: “Más allá Cuando viajás, ahora que por ejemplo lo hago con los chicos, y alguien que te vio jugar te dice algo de lo que hiciste, encontrarte con esa gente y poder hablar de otras épocas. Creo que ese es el reconocimiento más lindo que uno puede tener, más allá de todo lo que uno ha vivido, o poder charlar con algunos de lo que pasó es muy lindo”.

Mateo recuerda muy bien los años vividos en plenitud como jugador de su padre. Claro que es un recuerdo que tiene hasta muy fresco, ya que Gaby se retiró hace apenas unos años y lo hizo desplegando un rendimiento brillante. Y lo recuerda, más allá de ese cierre en Central Entrerriano, con su paso por Belgrano de San Nicolás en la temporada 2008/09.

“Tengo muchos recuerdos con mi viejo. Lo que más recuerdo es hace no mucho tampoco, yo ya era un poco más grande porque tenía 6-7 años, en una temporada donde mi papá estaba en Belgrano de San Nicolás jugando el TNA si no me equivoco, y después la temporada en La Unión de Colón también. Me acuerdo muy bien de esa época porque vivimos muchas cosas juntos”, cuenta Mateo.

TRANSMISIÓN DE VALORES. Humildad y trabajo son algunas de las muchas características fuertes y positivas que tienen los Díaz, con el sacrificio como estandarte y sabiendo que esa es la clave más importante de todas. Tal es así la referencia que tiene Gaby en el paso por los clubes que han tenido el honor de tenerlo en sus filas, y por el mismo camino va Mateo, guiado por ese espejo que tiene en su padre.

“Es algo que viene desde la casa. Es un ejemplo que tuve yo de mi viejo y mi familia, y es el ejemplo que trato de inculcarles siempre. No solo a mis hijos sino también a los chicos que entreno o dirijo, y pasa por eso. A lo que voy es a las personas que formamos como entrenadores o como padres, a la guía que podemos ser en ese sentido”, relata Gaby, en ese reconocimiento que todos tienen sobre sus valores y la transmisión de los mismos para con una familia que ejemplica desde su naturalidad.

Gaby dirige a los chicos de las categorías formativas del club rojinegro

“Lo veo como un ejemplo en lo humano. En lo deportivo también me parece que ejemplifica mucho desde cómo se entrenó, cómo se dedicó, el tiempo que invirtió, las cosas que dejaba de lado para el básquet. La verdad es que para mí es un tremendo ejemplo. Trato de aplicarlo en mí. Por ahí hay veces que es difícil, pero siempre intento hacerlo. Desde lo humano también”, cuenta Mateo sobre la visión para con papá.

“Por ahí somos un poco diferentes. Mi viejo por ahí es más tímido y yo soy más de hacer bromas (risas), otra forma de ser. Trato siempre de ser como mi viejo también desde lo humano, él es demasiado respetuoso y humilde, que son cosas que yo creo que llevan a que una persona progrese tanto y llegue a lo más alto”, agrega el chico entrerriano.

UN APELLIDO QUE RESPIRA BÁSQUET. La descendencia de los Díaz está mucho más que vigente y sucede algo que parece muy claro con el apellido: esa ferviente pasión y amor por el básquet. Pasó con el abuelo, Tompy; con papá Gaby; y ahora en la actualidad también con el hijo Mateo. Una descendencia que marca una tendencia y que, para quienes pudimos y podemos admirar sus juegos, particularmente nos deleita.

“Esto viene por mi viejo pero antes por mi tía, que fue jugadora de selección argentina, campeona sudamericana, Norma Díaz (NdR: Norma integró el plantel argentino campeón del Sudamericano de 1948; 70 años después, Argentina repetió el título en Tunja 2018). Mi tía empezó con el básquet en la familia, jugadora muy reconocida en Tucumán y también a nivel nacional en su época. Después tengo otro primo que no es el hijo de ella sino de otra tía, que jugó Liga Nacional en Firmat FC. La verdad es que era inevitable que sigamos básquet, no había forma de que salga para otro lado. Está en la sangre, en los genes. Se transmite”, cuenta Gaby sobre esa descendencia basquetbolística en la familia.

Gaby es sinónimo de básquet, lo respira desde siempre y es todo un apasionado por nuestra disciplina, y todo esto, esa sangre que tira y en lo que prácticamente era un destino ya natural, le sucede a Mateo, que desde que nació está vinculado al básquet por su papá y que absorbió y sigue nutriéndose de todos los conocimientos que tiene a través suyo.

Como su abuelo y su padre, Mateo está fabricando sus propios pasos a nivel profesional (Foto: Prensa GELP)

DETRÁS LOS PASOS DE PAPÁ. Si bien probó con algún que otro deporte antes de encontrar su pasión en el básquet, algo que parece genético, Mateo explica una situación vivida que le sirvió para darse cuenta que quería seguir el camino de su padre.

Más allá de lo deportivo y la atracción a la naranja, aquella maneja con tanta simpleza, el joven de Central Entrerriano cuenta que las vivencias que tenía Gaby como jugador, desde los entrenamientos, la rutina y la vida misma como atleta de su padre, lo llevaron a darse cuenta en su etapa por San Nicolás, allá por 2008, a terminar de decidirse e inclinarse por nuestro deporte.

“Cuando mi viejo estaba en Belgrano lo acompañaba a mi viejo todo el tiempo. Creo que nuestra familia para ese entonces ya estaba viviendo en Gualeguaychú, él vivía en esas ciudades y los fines de semana se venía para Gualeguaychú. Recuerdo que yo me iba con mi viejo siempre porque estábamos en vacaciones y estábamos todo el día juntos. Lo acompañaba a entrenar, a comer con los jugadores. Creo que ese tiempo me marcó mucho en lo personal, me gustaba mucho esa vida de jugador. Siempre admiré muchísimo y quise tener esa vida para mí también. Esos pasos que hizo mi viejo son los que quiero seguir”, relata Mateo.

Mateo llegó al Rojinegro para esta temporada, después de pasar por Racing y Sport Club (Foto: Prensa Central Entrerriano)

Mientras que Gabriel agregó: “Ese año en Belgrano en el TNA fue el verano que Mateo más me acompañaba. Estuvimos muy juntos en esa temporada, iba conmigo a los entrenamientos y compartimos muchas cosas juntos”.

En este orden de las elecciones personales, Gaby buscó que sus hijos en algún momento analicen otras opciones, que no sientan la presión de seguir sus pasos. Básicamente por lo que había pasado Gaby en su infancia, no quería que sus hijos padezcan ciertas comparaciones. Pero pasó justamente que sus dos hijos más grandes, tanto Mateo como Alejo (de 19 años, el más grande, que juega en Neptunia), terminaron siguiéndolo.

“Cuando mis hijos recién arrancaban me pasó algo con eso. No sé si quería que se cortara un poco, pero sí quería que los chicos vivieran otra cosa y no vivieran con esa mochila que viví yo por mi viejo o familia. Quería sacarles un poco esa mochila y que vivieran otras cosas. Cuando jugué en Atenas hicieron natación y cuando llegamos a Gualeguaychú jugaron al fútbol infantil. Mateo era fanático, pero de un día para el otro arrancó con el básquet y no lo soltó más… qué se yo, es el algo que se hereda, no se puede hacer nada con eso. Hoy Alejo juega al Federal en Neptunia con 19 años y Mateo está acá en Central, y la verdad es que algo que no se puede evitar… con el más chiquito ya no lucho directamente (risas)”.

LA LIBERTAD DE HACER SU PROPIO CAMINO Y ESA SUPERACIÓN. Erróneamente uno tiende a comparar a los hijos con sus padres, a buscarle similitudes y hasta en algunos casos ejercer presiones innecesarias sobre jóvenes en plena etapa de desarrollo. Pero está claro que son ellos mismos quienes van a buscar fabricar su destino, su propio camino, sin carga alguna por lo que han conseguido o no sus padres, con la libertad de saber que son libres de elegir en todo momento. Ese es el deseo de todos, y es el desarrollo más sano para cada uno de ellos.

En el caso de Mateo, y más allá de que en algún momento Gaby temió por la posible presión que pudiese recaer en su hijo, la realidad es que el base de Central Entrerriano es un amante del desafío y estas cosas, que en algún momento pueden ser tomadas con algún tinte negativo, sirven como aliciente para que Mateo tome un modelo a seguir. Sin presiones, sin apuros, incluso viéndole el lado positivo a esto: no cargarse con una mochila sino tomar como ejemplo al mejor referente que puede tener, su padre.

“Ser ‘el hijo de…’ la verdad es que nunca me pesó ni me generó una presión. Siempre lo tomé como algo bueno, digo ‘mirá, mi viejo es un ejemplo’. Quiero tratar de ser lo mismo que él o mejor inclusive. La verdad es que nunca lo tomé como algo malo, para mí es un espejo”, responde Mateo, que a pesar de toda esta juventud demuestra una madurez absoluta, que no solo puede transmitirla dentro de la cancha y en las decisiones que toma dentro del juego, sino también en la forma de pensar, en cómo se desenvuelve y toma responsabilidades.

“Lo está sobrellevando y muy bien. Yo de chico viví esa presión pero muy fuerte en Tucumán por la historia de mi papá, es muy reconocido… imaginate que tiene una estatua en el club, en Tucumán BB, y crecí con esa presión. Es muy difícil para chicos de 10-12 años algo así, porque la gente no mide, la gente te dice ‘ojalá fueras como tu papá’ y la mochila cada vez es más pesada. En mi caso lo pude sobrellevar, salir y poder lograr algo, pero para ellos no quería algo así. Pero se dio así, no se puede luchar porque en estas cosas la sangre tira. Afortunadamente veo que la están llevando bien, tendrán algunos momentos no tan buenos, pero tienen que aprender y lo están haciendo bien”, explica Gaby.

Gaby se retiró en 2017, jugando para su querido Central Entrerriano (Foto: Diario El Día)

Hoy con 47 años, el campeón con Estudiantes en 2001 sabe que sus hijos fueron y van fabricando sus historias individuales también dentro del básquet. De la forma que lo sienten ellos van escribiendo sus propios relatos, con los valores que se transmiten desde casa pero haciendo siempre lo que ellos creen mejor, sin generar ningún tipo de presión y sabiendo que sobrellevan bien los comentarios del exterior.

“Cuando mis hijos empezaron a jugar les dije que se olviden de jugar, que se diviertan y que de alguna forma se caguen en lo que digan los demás. Sean buenos o malos, que lo hagan con ganas y lo disfruten dentro de lo posible. Trato de darles algún mensaje para que no sea tan difícil más adelante, pero bueno, eso también es un poco inevitable. Todo esa conversación queda un poco en el olvido y ellos tienen que vivir sus vidas día a día. Ahí están, luchando con eso y sobrellevándolo”, cuenta Gaby sobre Mateo y Alejo.

LA VIDA EN CENTRAL: LA CONVIVENCIA DENTRO DEL MISMO EQUIPO. Desde que la familia decidió radicarse en Gualeguaychú, ese lazo entre padre e hijo se ha intensificado, con el paso de los años y más ahora donde comparten el mismo equipo. ¿Cómo es esto? Gaby, un histórico que jugó 3 años para Central en el Torneo Federal, es asistente técnico de Mariano Panizza, entrenador del primer equipo, y esto lo ha unido mucho más a su hijo en el día a día, ya que Mateo fue uno de los refuerzos del club entrerriano para esta temporada de Liga Argentina.

Ahora bien, Gaby confiesa que tomó con cierto temor la llegada de Mateo a Central para esta temporada. Y es que dentro de este aspecto había que tener en cuenta algunos factores, como compartir situaciones nuevas que antes quizá no se daban con tanta injerencia, el estar involucrados ambos dentro del mismo plantel y el saber guiar y dirigir, desde su rol como asistente de Panizza, a todos por igual.

“Esto lo saben todos, pero yo no quería que Mateo viniera a Central. Porque sabía lo difícil que podía ser. A mi papá lo escuché decir una vez, en una charla entre adultos, que nunca me iba a dirigir a mí… por una cuestión esas de antes, esos códigos de antes donde los padres no dirigían a los hijos para no hacer diferencias. Pero esas cosas se daban un poco más antes, en esto con Mateo era más porque quizá se podía volver una situación difícil o incómoda. La decisión de venir a Central la termina tomando él. Antes de empezar se analizaron otras posibilidades, tenía posibilidades de jugar en otro club de Liga Argentina, pero Mateo quiso venir acá y yo respeto eso”, cuenta Gaby.

“Esa quizá es la parte difícil, adaptarnos a ese cambio. Más allá de tener a un chico como él, que sabemos de sus condiciones y del compromiso de trabajar con chicos de sus condiciones, la clave está en el día a día. En la cancha lo tomo como un jugador más. Más allá de que lo conozco más que nadie, y sé todas las cosas que tiene para mejorar y corregir, y que uno obviamente quisiera estar trabajando todo el tiempo. Pero también es darle su espacio, y eso trato de hacer yo. Permitirle que se equivoque y aprenda él solo a corregir sus errores, ayudarlo en su medida aunque a veces uno tiene ganas de poder corregir todo el tiempo pero eso no es muy sano”, agregó el histórico Díaz.

En el seleccionado de Entre Ríos ya habían compartido experiencias (Foto: El Entre Ríos)

Mateo por su parte sabía que llegar a Central era un desafío para su carrera deportiva. Lo motivaba jugar en un equipo protagónico y con historia, y tener a su padre al lado significaba y dicta que puede aprender mucho más en esta etapa de crecimiento. Claro, habrá mucho por corregir porque está en desarrollo, pero sin dudas siempre está prestándole un oído a los consejos tanto a su papá como al entrenador Panizza y los referentes del plantel (con Adrián Forastieri como mentor por ejemplo)

“Es algo muy lindo compartir el mismo equipo con mi viejo. Por ahí no es algo que se dé tan común de tener a tu papá dentro del mismo grupo de trabajo, pero lo disfruto muchísimo. Trato de escuchar todo el tiempo lo que me dice, en todo momento está recalcándome cosas y guiándome, así que trato de aprovecharlo. Por ahí a veces no es fácil, por la convivencia de todo el tiempo y al estar todo el día juntos, lo tengo tanto en ese rol de padre como de asistente del equipo. Pero trato de aprovecharlo al máximo y disfrutar de lo que me puede dar mi viejo porque sé que no se me va a dar muchas veces, puede que sea que me toque en esta temporada y después realmente no sé cuántas veces más se podrá repetir, así que trato de aprender mucho y al máximo”, explica Mateo.

Y continúa, entre cierta timidez, un poco de picardía, pero sosteniendo ese perfil responsable que lo caracteriza: “Me aconseja cosas en todo momento. Quizá por ahí yo soy un poco que no me gusta que me corrijan tanto (risas), pero sé que tengo que mejorar mucho. Obvio, me gusta que enseñen cosas, pero a veces en el momento en el que las estoy ejecutando por ahí no me gusta que sean tantas cosas (risas). Pero obvio, sé que me falta crecer, estoy en etapa de desarrollo y trato de estar tranquilo para aprender todo”.

“Disfruto mucho del día a día con mi papá. Poder conocer todas sus vivencias, escucharlo, y absorber todo ese conocimiento para aprender, es algo realmente muy bueno. De chico, cuando mi viejo jugaba, lo acompañaba siempre a todos los entrenamientos y todos los partidos, estaba en todo momento con él, y ahora poder vivirlo y disfrutarlo de esta manera realmente es muy lindo”.

EL RENDIMIENTO DE MATEO Y EL APOYO DE GABY. A pesar de su marcada juventud, Mateo es uno de los pibes de mayor ascendencia dentro de nuestra competición. Con solo 18 años está haciendo una campaña de alto nivel dentro de Central que, junto rendimiento de un equipo que a pesar de ser recientemente ascendido ya ha dado que hablar en la Liga Argentina, se apoya mucho en el joven base. La temporada pasada jugó en Sport Club de Cañada de Gómez el Torneo Federal, y para esta 2019/20 se animó a dar un paso más adelante tomando el desafío en el Rojinegro.

“Central es un tremendo club. De más chico no había tenido nunca antes la posibilidad de jugar acá, yo jugué en Racing, en las formativas, y después cuando empecé a jugar en la primera la temporada pasada lo hice en Sport en el Federal, pero siempre tuve las ganas de jugar acá en Central. Este año se dio que Central estaba por jugar la Liga Argentina, y coincidentemente yo también tenía ganas de jugar esta competencia, y tuve la suerte de firmar con Central así que se me dio todo junto”, cuenta Mateo, que sabía que llegar a una institución tan pasional e histórica era un desafío que quería sentir en carne propia.

“La verdad es que es tremendo jugar todos los partidos con un montón de gente apoyándote y alentando al equipo. Saber que en la cancha van a estar tus amigos, tu vieja, tus hermanos, todos los que te quieren. Es algo tremendo. Todos los partidos los vivo al 100%, y disfruto demasiado estando acá en Central”, añade el chico de 18 años.

Con 18 años, Mateo promedia 21,9 minutos por partido y 11,7 puntos en esta 2019/20 (Foto: Damián Cáceres)

Mateo está promediando 21,9 minutos por noche, una medida importantísima para un jugador de tan corta edad aún y con el plus de saber que lo está haciendo en un equipo protagonista (Central está segundo en la Conferencia Sur). En ese tiempo en cancha, arroja cifras de 11,7 puntos (tercer máximo anotador del equipo), 4,4 rebotes, 2,9 asistencias, 1,4 robos y 13,2 de valoración.

“Me gusta el ritmo en el que se juega en la Liga Argentina, yo tenía ganas de jugar esta competencia. Es un juego muy físico, pero también se puede jugar al básquet muy bien. En lo personal me ha tocado sumar muchos minutos, fui tratando de ganármelos, buscando ser útil para el equipo, para lo que se necesite”, dice Mateo.

Estamos ante un rendimiento valorable, que más allá de las frías estadísticas también se traduce en la madurez con la que maneja su juego y lo muy cómodo que se siente dentro de un equipo que le ha dado su merecido lugar dentro de la rotación. Acá también está claro que actúa la mano de Mariano Panizza, el entrenador del Rojinegro.

“Lo está llevando bien, con confianza. Eso lo fue ganando él solo, y con la confianza del entrenador, para ir teniendo sus minutos. Creció con el correr de la temporada, como así también fue creciendo el equipo. El equipo estaba muy bien antes del parate y Mateo acompañaba estando en un muy buen nivel, lo veo con más seguridad, confianza y más recursos. Estaba muy bien con grupo más allá de tener una diferencia de edad de varios años con algunos”, explica Gaby.

MATEO DÍAZ, EL FUTURO EN SUS MANOS. En más de una ocasión se lo ha escuchado a Mateo hablar de sus deseos por recorrer el mundo de la mano del básquet, y ciertamente es algo que podría lograr a través del trabajo constante e incansable. El futuro aún no está escrito, pero sin lugar a dudas todo dependerá de ese sacrificio que ponga el joven jugador para alcanzar sus sueños.

Mateo recuerda algo fundamental en la vida de todo deportista: la familia, el apoyo de sus seres queridos en cada momento. Y es seguramente el lugar donde descansa, donde se respalda, donde recibe los consejos más sanos y donde además de su padre están también su mamá, hermanos y amigos de siempre.

“A largo plazo trato de no volverme loco ni pensar a largo plazo. Me encantaría llegar a una Euroliga o a la NBA por ejemplo, uno siempre aspira a llegar alto creo y sería todo un desafío, pero trato de no volverme loco, no desesperarme y trabajar día a día porque disfruto mucho jugando al básquet. Obviamente que pienso en proyectos, pero en todo momento estoy escuchando lo que me van diciendo las personas que están conmigo. Mi familia, el apoyo de ellos es muy importante, y mis amigos que por ahí no saben mucho de básquet pero me ayudan con lo que pueden”, cuenta el base.

Por su parte, Gaby solo anhela que Mateo siga viviendo el proceso y que aprenda del camino. Como fiel ejemplo que es, Gaby tuvo que irse de Tucumán a los 15 años para seguir sus sueños a Bahía Blanca, donde debutó con Pacífico a los 15. Y sabiendo que la carrera que cada uno desarrolla tiene tintes positivos como no tanto, es conciente de que su trabajo lo llevará a alcanzar lo que se proponga.

“Cuando me fui de Tucumán y llegué a Bahía, con 15 años, estaba Marcelo Richotti, que fue mi espejo y mi modelo a seguir. Siempre fue todo un señor, y en ese entonces ya era un referente, palabra mayor de trabajo y humildad. Hoy a Mateo le pasa que escucha mucho a Adrián (Forastieri), lo respeta mucho, y el año pasado cuando estuvo en Sport, siendo Cañada un lugar al que nosotros vamos siempre, le pasó también con Dani (Farabello). Que pueda estar en un lugar donde pueda seguir aprendiendo y esté rodeado lo mejor posible. Trata de dar pasos, probarse y superarlos”, comienza explicando Gaby.

“Que trate de seguir aprendiendo. Que pueda vivir todo esto. Lo disfrutará y lo sufrirá también, es parte de todo, y es parte de un aprendizaje poder disfrutar de un año como este con sus compañeros de equipo, de poder estar con ellos y ser parte del equipo, y seguir creciendo. Mateo fue dando pasos, desde los 15 años que jugó Liga Provincial de Mayores en Racing; después a Sport subiendo al Federal; este año en Liga Argentina. No sé qué es lo que va a pasar la temporada que viene, si será Liga A, Liga Argentina… siempre probó subir dando pequeños pasos, probándose a él mismo, desafiándose en cada competencia”.

“Que trate de seguir mejorando, no sabemos adónde lo llevará su techo. Siempre le digo que dependerá de él, está en sus manos, en el sacrificio de cada día, en el esfuerzo que haga, que tenga ese compromiso y ojalá que mantenga las ganas y el deseo de poder seguir creciendo por sobre todas las cosas. Que siempre dé su máximo para poder llegar, estar y ser competitivo, para poder afrontar esos desafíos. Que viva ese día a día y que siga mejorando. Ese esfuerzo diario lo llevará a las oportunidades que en algún momento pueden surgir, ojalá, y para eso tiene que seguir trabajando, con compromiso y esas ganas que tiene”, cierra un histórico que ve en sus hijos la sucesión de un legado, aquel legado que más allá de los éxitos está repleto también del disfrute, del respeto, de las ganas de vivir de una pasión y de dar todo por ese amor incondicional a la naranja.

Parte del proceso de los seleccionados menores, Mateo vislumbra un futuro por demás esperanzador (Foto: FIBA)

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