🇦🇷 PEÑAROL Y SU TRICAMPEONATO EN LA LIGA NACIONAL

En esta nueva entrega de Campeones Históricos recordamos al primer tricampeón de La Liga Nacional, Peñarol de Mar del Plata, en las voces de Sergio Hernández, Tulo Rivero, Leo Gutiérrez, Nico Lauría y Ale Reinick.

Peñarol de Mar del Plata lograría en la temporada 2011/12 un hecho histórico en nuestra Liga Nacional: se consagraría como el primer tricampeón de la competencia. Tras obtener su primer título en 1994, con jugadores de jerarquía tales como Diego Maggi, Marcelo Richotti, Esteban De La Fuente, entre otros, y la conducción de Néstor García, el Milrayitas comenzaría a crear su dinastía en La Liga a mediados de la década del 2000.

Luego de tres temporadas consecutivas donde fue semifinalista y dos veces subcampeón (final frente a Boca en la 2006-07, semifinal ante Libertad en la 2007-08 y final con Atenas 2008-09) llegaría el momento de coronarse nuevamente en la máxima categoría en el año 2010, sin saber que sería el comienzo de la gran historia para los marplatenses.

Peñarol ya había sumado a sus vitrinas La Liga de Las Américas en el 2008 disputada en Mexicali ya con Sergio Hernández al mando del plantel. La temporada 2009/10 lo encontraría con nuevos títulos internacionales: una nueva Liga de Las Américas en casa, donde superarían a Halcones en el último juego del Final 4, la Interligas, y por si fuera poco el Súper 8, la Copa Desafío y la corona tan ansiada: La Liga Nacional. Antes de lograr en 2011 nuevamente el título de La Liga, también obtendría la Copa Argentina. En la 2011/12 llegaría un nuevo Súper 8, otra Interligas y el histórico tricampeonato.

Leo Gutiérrez, quien unos meses antes se encontraba en la vereda opuesta con los colores de Atenas, llega a Peñarol en el 2009. “La verdad que fue un cambio duro, con mucho nerviosismo. Cuando llego a la ciudad el primer día de la presentación, le digo a Alfredo Miño: “Me llegan a putear, yo me doy media vuelta y me voy”. La gente está acá porque te quieren saludar, me dijo. Me aplaudieron, me volvió el alma al cuerpo”, recuerdo Leo. Le teníamos que entrar en el corazón a la gente, se fueron enamorando de a poco del plantel. Ganamos todo lo que jugamos. La entrega, las ganas, ver que íbamos por el camino que el hincha quería, que teníamos el ADN de Peñarol. Terminamos todos enloquecidos con el equipo. Fue una temporada dura y una final difícil de jugar. Los dos estadios estaban repletos de gente. Le sacamos ese gusto amargo a la gente de Peñarol de perder las finales de Liga, después de caer en dos finales casi consecutivas”. 

“Sergio es un tipo descontracturado, tranquilo, tiene su lado duro obviamente. Pero te llevaba para el lugar dónde él quería, es un entrenador que sabe lo que quiere, lo que tiene y para dónde tiene que ir. Sabe las limitaciones que puede tener el equipo y cómo potenciarlo. Ver como trabajaba me enseñó mucho”, adhiere.

El conjunto marplatense se consagría ante Atenas de Córdoba en la 2009-10, mismo rival al que vencería en la siguiente temporada 2010-11. El tricampeonato lo obtendría frente a Obras en una serie final por 4 a 2.

“El tricampeonato fue especial. Le dijimos a la gente que lo íbamos a ir a buscar. Siempre entrar en la historia del básquet y de ser el primero que consigue algo que no se puede lograr la verdad que es muy lindo. Con Obras fue una serie durísima. Llegar a la final con el mejor equipo de la temporada, contra el mejor jugador que era Juan Gutiérrez, con un entrenador como Julio (Lamas). Ganamos los dos primeros de visitante, no lo podíamos creer, después pensábamos que lo liquidábamos de local, vienen nos ganan, nos llevamos el cuarto, nos ponemos 3-1, volvemos a Obras, nos superan. Sabíamos que de local un partido definitorio no nos iban a ganar. Siempre se nos abría un jugador y nos hacía un quilombo. Gutiérrez estaba on fire. Partido súper cerrado hasta mediados del tercer cuarto, que terminamos después con una diferencia amplia, irreal. Una final linda”, rememora Leo.

“La gente estaba enloquecida. Lo emotivo es salir del Poli, caravana, colectivo, al monumento y quedarte ahí con la gente, banderas, fuegos artificiales, siempre llegábamos tipo 3, 4 de la mañana a comer, porque nos quedábamos con la gente ahí cantando. Parecíamos rockeros, que se tiran así arriba de la gente”, dice Leo Gutiérrez entre risas.

“Se creo un vínculo, dirigentes, hinchas, y equipo extraordinario, por eso creo que Peñarol logró lo que logró durante ese tiempo” (Leo Gutiérrez)

“Lograr esa química de grupo tanto dentro como fuera de la cancha era terrible. Juntarse fuera de lo que es el básquet, compartir otras cosas, nos juntábamos a comer asado, a jugar al póker. Me acuerdo que en una de las finales contra Atenas nos fuimos al cine. Éramos nosotros solos en el cine a las 3, 4 de la tarde. Eso fue en el día entre medio del primer partido que perdemos y después ganamos el segundo. En la temporada del Tri empezamos con la noticia de Tato (Rodríguez) que no podía seguir jugando, ahí Facu (Campazzo) agarra la titularidad del equipo, Mata estaba con un esguince muy fuerte y Leo también estaba con una arritmia”, recuerda Nico Lauría.

“Cuando decido ir a Peñarol ya venía con experiencia. Era un lugar que se asociaba a lo que yo pretendía de mi carrera. Cuando me presentan y hacen una conferencia me encuentro con un estadio que estaba lleno, como en un partido, ahí pensé: “Esto es serio”. Estaba en un lugar en el que se podían hacer cosas grandes. Tipos como Martín Leiva, Leo Gutiérrez son fundamentales para lograr una dinastía. Mar del Plata se convirtió en una ciudad muy basquetbolera. Cuando volvemos de Mexicali tras ganar La Liga de Las Américas viví un recibimiento como nunca pensé que iba a vivir y pienso que no voy a volver a vivir algo así. La gente de Peñarol tiene una pasión increíble”, Sergio Hernández y sus sentimientos por Peñarol.

“Chapu (Nocioni) llega para el Súper 8. Vamos al primer entrenamiento en el Poli, micro a La Banda, decíamos: “Como el Chapu se va a subir a un micro, llega recién de la NBA”. Debuta el Chapu en La Liga y perdemos por 30, de ahí nos vamos a jugar con Atenas. y Sergio nos dijo: “Acordate que contra Atenas, el Chapu la rompe” y así fue. Después venimos a jugar al Súper 8″, son las palabras de Fernando “Tulo” Rivero, asistente de Oveja Hernández. Nocioni vino como reemplazo de Nico Lauría (lesionado) en esa temporada del tricampeonato. El Súper 8 lo obtendrían ante Libertad de Sunchales.

“Ese Súper 8 se festejó muchísimo, lo ganamos en casa. Estaba el Poli repleto de gente”, indica otro de los integrantes del plantel tricampeón, Alejandro Reinick.

“El equipo siempre fue por detrás de Obras. que estaba bien balanceado. En la final metemos los dos partidos de visitante. Me acuerdo que fuimos en el micro de siempre, y allá en el hotel el sponsor trae uno mejor que no arrancó para ir a la cancha de Obras y llegamos en taxi a jugar la final. Metemos esos dos primeros, después en el Poli perdemos el tercero, ganamos el cuarto, volvemos a Buenos Aires perdemos y terminamos definiendo de local. Fue una serie muy peleada, con score de muy poca diferencia”, sostiene el Tulo.

“Para describir lo que es Facu recuerdo que un año todo el plantel la volcaba menos él, así que las cargadas eran constantes y él con todo la bronca por dentro se entrenaba con el Profe para poder llegar a volcarla, hasta que un día lo logra pero como la volcó en una práctica le redoblaron la apuesta diciéndole que tenía que hacerlo en un partido. Sin decir nada siguió entrenando hasta que en un juego en el Poli roba una bola en primera línea, se va solo y la vuelca. Cuando vuelve a defensa mira el banco y les dice a todos sus compañeros: “Y ahora”. Ese es Campazzo, no lo desafíes porque hará todo lo posible para lograrlo. Su crecimiento es continuo verlo en el Real Madrid llevar las riendas con semejantes compañeros y en una institución que siempre intenta ganar todo no es para cualquiera y él está a la altura y más. Fue uno de los mejores bases del Mundial llevando a la Argentina a una medalla plateada que pocos creíamos previo al torneo. Por suerte es una persona que no se conforma con lo que logró o tiene, que siempre va por algo más y eso le hace muy bien a nuestro deporte”, afirma el entrenador “Tulo” Rivero sobre Campazzo.

Clave fue el crecimiento y la explosión de Facundo Campazzo en el elenco Milrayitas. “En la temporada 2008/09 se incorpora al equipo profesional como tercer base. Siempre fue de entrenar mucho ya sea con  el plantel o en forma individual y en ese año debuta en lo que era la Copa Argentina. A medida que fueron pasando las prácticas, Facu mejoraba sin importarle quien estaba delante o con quien estaba entrenando, y de a poco fue ganándose la confianza de Sergio (Hernández) y de sus compañeros por la forma en que encaraba los desafíos, siempre iba por más a pesar de ser un junior”, cuenta el entrenador Rivero que ya vislumbraba ciertas condiciones del jugador cordobés.

El “Tulo” detalla el momento exacto en que Facundo comenzó a ser protagonista en el Milrayitas: “Creo que en la temporada 2011/12 es donde da un salto muy grande. Ese año pasa a ser el base sustituto pero en la pretemporada Tato (Rodríguez) deja el equipo por un problema de salud y ahí empieza de titular. Facu lo hace muy bien partido a partido, siempre ayudando al equipo a ser mejor. Entonces ya no se busca un base titular sino que se decide traer uno sustituto. Lo mejor de Facu en esa época era su cabeza, mentalmente siempre quería más. Considero que tener a Sergio, Leo, Martín, Marcos, en el mismo equipo ayudó a que él tenga como referentes personas ganadoras y que siempre querían más. Su crecimiento mental estuvo por delante del físico hasta que vuelve de un torneo con la Selección y ahí hace un clic en la alimentación y cambia por completo su físico. Eso le trajo una mejora impresionante en su juego”. 

“Me arrepiento de no haber disfrutado tanto esos campeonatos con la misma intensidad con la que sufro una derrota. Era al otro día jugar y al otro día jugar”, sostiene Rivero.

“Creo que sabíamos lo que estábamos haciendo y que teníamos la posibilidad de ser el tricampeón de La Liga. Trabajábamos para eso, pero cuando pasa el tiempo decís como no lo festejamos más. Nosotros salimos campeones de América en Mar del Plata y después a los dos días jugábamos con Central Entrerriano porque queríamos tener el uno de la Fase Regular. No había ese tiempo o esa pausa para disfrutar. Recién ahora mirando para atrás uno se da cuenta de todo lo vivido, todo lo logrado y lo difícil que es conseguirlo. En un año ganamos todo lo que jugamos y siempre era ver que viene después, y que viene después”, dice Reinick al rememorar los títulos y logros conseguidos con Peñarol. 

Así lo describen los protagonistas: el sentido de pertenencia a un equipo, los logros, el crecimiento del plantel a lo largo de las temporadas. El Polideportivo Islas Malvinas como el gran escenario dueño de logros y hazañas. Los jugadores emblemas que forjaron el camino como Marcos Mata, Leo Gutiérrez, Martín Leiva, Tato Rodríguez, Kyle Lamonte, la explosión de Facundo Campazzo. Peñarol marcó un hecho histórico en nuestra Liga Nacional. Una dinastía que no se olvidará.

El título quedará grabado en la memoria de cada uno de los que formó parte de aquel equipo y por sobre todo el cariño y el amor recibido por todos los hinchas será atesorado junto con la consagración en la elite del básquetbol nacional e internacional.

Texto: Noelia Ortmann / La Liga Contenidos
Fotos:
 Marcelo Figueras

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