🇦🇷 LA FORMACIÓN DE UN MVP: LA HISTORIA DE JOSÉ VILDOZA CONTADA POR SU MADRE

El mejor jugador de las Finales de la Liga creció sin figura paterna y la madre se multiplicó. Ella nos cuenta las intimidades de la formación. Viaje a la infancia y a los rincones más desconocidos de Pepe.

Todo en la vida de José Vildoza hubiera sido diferente si en aquella noche sunchalense, cuando a los 16 años había decidido abandonar Libertad para volver a casa en medio de una primera temporada cargada de frustraciones individuales y colectivas, hubiera aparecido un colectivo con destino a su Córdoba natal. El flamante MVP de las Finales de la Liga Nacional, fundamental para la consagración de San Lorenzo, había tomado la decisión de cerrar abruptamente su etapa: “Esto no va más, me vuelvo para Córdoba”, pensó. Pero la suerte le hizo un guiño: el transporte nunca apareció, se vio forzado a quedarse en Sunchales y al día siguiente fue al entrenamiento. Sin saberlo, en ese mismo momento había comenzado una carrera que lo llevaría a la Selección y a ser la figura de un San Lorenzo histórico.

Tampoco lo sabía Ana María Vildoza, su mamá, quien recién se enteró de aquella historia cuando en febrero desde Prensa CAB publicacamos una entrevista a Pepe en su portal: “Nunca me contó nada de eso, recién me enteré cuando lo leí en una nota. Él es muy autocrítico, siempre se fija en sus errores y antes se ponía mal, pero hoy va en busca de mejorar todo el tiempo. Cuando estaba en Sunchales y me preguntaba cuándo iba a ir a visitarlo, me tomaba el cole, porque sabía que estaba extrañando. Hasta estuve un tiempo intentando hablarle lo menos posible, para que pueda adaptarse a su nueva vida. Moría por llamarlo, pero quería que se afianzara allá”, recuerda Ana María en diálogo con Prensa AdC.

Años después, Quimsa y su San Lorenzo -primero y segundo de la Fase Regular- definieron la Liga en una serie final cautivante, de alto vuelo, pero sobre todo con un plus de esfuerzo y emotividad dignos del desenlace de un torneo atípico por donde se lo mire. Durante los cinco cotejos que desembocaron en el histórico Pentacampeonato alcanzado por San Lorenzo, Vildoza se erigió como figura excluyente.

El armador de 25 años se cargó la ofensiva de la entidad de Boedo en sus hombros y apareció cuando el Ciclón necesitaba su creatividad como agua en el desierto. El cordobés, quien culminó el largo enfrentamiento ante Quimsa con un promedio de 20.2 puntos, 2.6 rebotes y 2.6 asistencias en casi 36 minutos por partido, fue premiado como el jugador más valioso de la serie.

A tan sólo horas de su consagración en el ámbito nacional, es un secreto a voces que su futuro tiene destino europeo. Luis Villar, su representante y una figura troncal en su historia, confirmó que tiene tres ofertas sobre la mesa pero que aún no está confirmado su destino. En caso de concretarse su partida, Vildoza será el enésimo talento de liga que partirá rumbo al Viejo Continente con la ilusión de recorrer el camino que se trazó en su niñez: “Cuando me dijo que quería jugar al básquet, le di mi aprobación y me dijo: ‘Sí má, voy a empezar y voy a llegar bien alto, hasta la NBA no paro’”.

Mamá Ana María tiene 66 años y fue un pilar fundamental para empujar el sueño de su hijo. Sin una figura paterna, Ana María cumplió una doble función que le supuso un esfuerzo admirable: durante el crecimiento del niño Pepe, supo trabajar en un centro de salud por las mañanas y por las noches cuidaba personas mayores. Más adelante cumplió la labor de empleada doméstica hasta que el propio José le pidió que cuide su salud y comience a disfrutar de lo sembrado.

Fue entonces cuando Ana María, con la tranquilidad de haber completado la formación de su único hijo, se jubiló para dedicarse exclusivamente a su hogar y a disfrutar, especialmente del talento de quien fue la figura de las Finales de la Liga Nacional. Ana María todavía está eufórica por la consagración de Pepe y por las opciones que aparecen en su horizonte: “Tengo una mezcla enorme de sentimientos, no puedo creer que José esté hoy donde está, soy muy feliz por tener el hijo que tengo”.

Pero la relación entre José y el deporte empezó muy temprano en su vida: pisó por primera vez el club Maipú a sus cinco años. El club de barrio está situado a sólo una cuadra de la casa en la que todavía hoy reside su madre. Un día normal, mientras jugaba en la calle con sus amigos, fue invitado por el entrenador Cucho, y ya nunca más soltó la anaranjada. “Él había probado con natación y taekwondo, pero a mí no me gustaba porque terminaba muy tarde. Me dijo que quería jugar al básquet, así que fui hasta el club, hablé con uno de los profesores y le comenté que estábamos complicados económicamente, en ese momento no tenía trabajo y vivíamos sólo con la pensión de mi madre. Él me contestó que lo deje y después veríamos cómo arreglábamos el tema de la cuota”, recuerda aún agradecida mamá Ana.

El hecho de que José empezara a pasar sus tardes jugando al básquet, en lugar de estar en la plaza con un grupo de amigos tres o cuatro años mayores que él, fue un alivio para Ana María: “Tenía amigos de la escuela, del club y del barrio. Pero los únicos que venían a mi casa eran los del barrio, los otros muy poco. Y eran un poco pesaditos, yo le decía que no me gustaban. Pero ellos mismos se fueron abriendo. Recuerdo que su abuela me preguntaba si José estaría en el club o en el cyber. Entonces, iba hasta la plaza que nos separaba del club, y cuando escuchaba su voz en medio de la práctica me volvía tranquila”.

Como casi todo chico de barrio, Pepe era inquieto y algo travieso. Más de una vez, mamá Ana debió llamar su la atención a raíz de las quejas de sus vecinos: “Vivo en este barrio desde el año 60, así que me conocen hasta los yuyos… (Se ríe). Por ende, también lo conocen a él, así que tenía ojos por todos lados. Un día me llamó una vecina diciéndome que José había tirado una pelota a su casa, pidiéndome que no lo rete pero que le diga que tenga cuidado. Justo entró Pepe, vio que estaba al teléfono y mi cara se iba transformando, entonces empezó a pedirme que corte. Cuando colgué, lo empecé a correr alrededor de la mesa hasta que lo agarré, lo senté y le dije que estaba cansada de sus macanas”, relata entre risas.

La realidad de José lo encontró formándose exclusivamente bajo el ala materna, ya que nunca hubo un padre en su vida. Pero gracias al esfuerzo de Ana María por cumplir con ambos roles y jamás permitir que algo le faltara, pareciera que José no sufrió esa ausencia. Ana ilustra esta situación con una anécdota: “Considero que nunca lo sintió. Una vez, en el jardín de infantes querían preparar junto a los nenes un regalo para el Día del Padre con una dedicatoria, y la maestra me llamó porque no sabía cómo tratar el tema con él. Le dije que lo trate igual que con el resto, que él sabría qué hacer. Armaron el regalo, y Pepe escribió ‘Feliz Día del Padre, Tío Antonio’, haciendo referencia a un primo mío con quien en aquella época nos veíamos muy seguido y festejábamos todos los Días del Padre juntos”.

En cambio, la ausencia que sí movió el corazón de un pre-adolescente José fue la de su abuela, quien vivía con ellos y fue uno de los pilares en los que se apoyó Ana María ante la ausencia de una figura paterna. Su abuela falleció cuando el base tenía tan solo 13 años, una tristeza que marcó a Pepe: “José era la luz de sus ojos, y él sintió muchísimo su pérdida. A mí no me demostró nada, nunca lo vi llorar, pero sé que cada vez que habla de su abuela se le cae una lágrima. Pasaban mucho tiempo juntos, tenían una relación especial. Siento que ella lo guía, y nos cuida a ambos”.

Pepe estaba haciendo sus primeras armas y su talento ya se imponía sobre el parquet. Por suerte, cada vez que su estilo de juego era criticado por propios o extraños, Ana estaba ahí para defenderlo. “En un entretiempo, el padre de uno de los chicos del equipo rival decía: ‘Hay que sacarlo al 11, no puede ser que nos esté bailando así, nuestros nenes no la pueden agarrar’. Lo escuché, me acerqué y le dije: ‘¿Qué le pasa a usted con el 11? Porque yo soy la mamá’. Me terminó diciendo que no había ningún problema, que mi hijo jugaba muy bien”, rememora.

El club pasó a ser su segunda casa. Pepe solía quedarse hasta muy tarde en busca de potenciar sus habilidades y, así como en el barrio, le gustaba rodearse de gente mayor, lo cual forjó buena parte de la aguerrida personalidad que hoy demuestra. Ana María lo resume en otra anécdota: “En Maipú se quedaba hasta que lo echaban. La gente del club me cargaba diciéndome que le dejara un colchón para que durmiera ahí. Siempre estaba con los más grandes, incluso con los chicos de la Primera”.

Siempre fue un chico inteligente pero inquieto, rasgos que formaban parte también de su desempeño académico. “Nunca necesité exigirlo con el estudio. Cuando lo veía hasta muy tarde con los cuadernos en la mesa, me daba cuenta que debía levantar alguna nota, entonces me ponía a su disposición o buscaba alguien que pueda darle clases particulares. En la primaria, las maestras me decían que José terminaba rápido sus cosas, pero luego empezaba a molestar a sus compañeros”, subraya con nostalgia Ana María.

Una persona que a pura insistencia se ganó un lugar en el núcleo Vildoza es Luis Villar, gloria de nuestro básquet, campeón de la LNB con Atenas y Boca en 1992 y 1997, respectivamente. ‘Mili’ iba a ver a José al club Maipú con intenciones de representarlo, pero el jovencito de tan especial carácter rechazó sus múltiples invitaciones a cenar. Ana María fue clave a la hora de generar este vínculo: “Cuando me llamó por teléfono interesado por José, le dije que venga pero cuando él no esté, porque si lo veía le iba a poner cara fea y lo iba a perder. Le dije que era un chico difícil, que debía manejarlo bien y conocerlo en su hábitat, en la cancha”. Luis hizo caso a los consejos recibidos y se dispuso a conocer a Pepe en el sitio que tenían en común. La mamá de José recuerda muy bien que “al principio, mi hijo no lo aceptaba, pero un día se pusieron a jugar al básquet, Mili le dio un baile bárbaro y así fue entrando en nuestra vida. Hoy es un amigazo, uno más de la familia, lo aprecio muchísimo”.

Desde febrero del 2020, Pepe ha sido parte de cada convocatoria de la Selección Argentina para los duelos correspondientes a las Ventanas FIBA en las que, con un grupo de jugadores provenientes únicamente del ámbito local, se consiguió la ansiada clasificación a la próxima edición de la AmeriCup. “Cuando me dijo que había quedado en la Selección, me puse a llorar de la felicidad. Tuve la suerte de que Enzo Machuca (hermano de Lucas y Jonatan, y gran amigo de José) y su novia iban a San Luis a ver el juego ante Venezuela, así que me sumé. Luego del partido, Pepe estaba triste y con bronca por la derrota. Le dije que no se preocupara, que cuando les toque jugar allá seguro ganarían, y así fue”, enfatiza la orgullosa madre respecto a aquella primera citación.

Por supuesto, la fanática madre vivió fervientemente cada uno de los encuentros de la serie final en la que su hijo se coronó campeón y MVP. “Hay personas que piensan que ya estoy acostumbrada a sus éxitos, pero no es así, una nunca se acostumbra. A medida que pasan los años, los sentimientos son distintos y cada vez más intensos”, afirma Ana María. Y agrega: “Vi todos los partidos, muerta de nervios, a los gritos, y llorando mientras veía festejar a José y a todo el equipo. Después del último juego, me explotó el teléfono de tantos mensajes”.

Consultada por la inminente salida de su hijo al básquet europeo, Ana María comentó: “Estoy preparada para tenerlo lejos. Nunca le cortaría las alas, porque son los frutos de todo su esfuerzo. Yo también estoy tramitando mi pasaporte, así que espero tener la posibilidad de visitarlo”. Además, nos contó que “todavía no pude verlo, pero ya me pidió que al llegar a casa le cocine empanadas árabes y milanesas a la napolitana, sus platos favoritos”. Por último, y en relación al prometedor futuro de Pepe, piensa que “el tiempo lo va a decir, no hay que adelantarse a los acontecimientos. Soy feliz sabiendo que está disfrutando todo lo que le está pasando”.

Tras seis años en Libertad, un fugaz paso por Trotamundos de Carabobo de la mano de Rubén Magnano y las exitosísimas cuatro temporadas en las que defendió los colores del Ciclón, José Vildoza tiene ofertas del básquet europeo. El futuro llegó para Pepe, una de las joyas del básquet argentino y MVP de unas históricas Finales de Liga Nacional.

Texto: Prensa AdC

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