🇦🇷 RECORDANDO AL PEÑAROL TRICAMPEÓN QUE ENCUMBRO A FACUNDO CAMPAZZO

Este lunes el elenco marplatense recuerda la gran hazaña conseguida un 31 de mayo pero de 2012. En el corazón de cada uno de los hinchas se encuentra aquel equipo dirigido por Oveja Hernández, comandado por la experiencia de Leo Gutiérrez y por Campazzo, el jugador más valioso de las finales, quien se proyectaba como un joven talentoso y sin techo.

31 de mayo de 2012. Noche lluviosa y de viento en Mar del Plata pero nada de eso importa. El Polideportivo es una fiesta. Todo es celebración, festejo y alegría. Peñarol obtiene su tercer título consecutivo y se convierte en el primer tricampeón en la historia de la Liga Nacional. Un plantel superior, que sobresalía por su juego en equipo, por su firmeza en todos los costados de la cancha y principalmente por su hambre de gloria. Aquella corona en el 2010 había sido solo el comienzo de esta gran historia para los marplatenses que fueron protagonistas del crecimiento y la proyección del jugador que hoy brilla en los Playoffs de la NBA: Facundo Campazzo.

Sergio Santos Hernández fue el líder de aquel proceso que comenzó en 2007: “Cuando decido ir a Peñarol, yo ya venía con experiencia. Era un lugar que se asociaba a lo que yo pretendía de mi carrera. Cuando me presentan y hacen una conferencia me encuentro con un estadio que estaba lleno, como en un partido, ahí pensé: “Esto es serio”. Estaba en un lugar en el que se podían hacer cosas grandes. Tipos como Martín Leiva, Leo Gutiérrez son fundamentales para lograr una dinastía. Mar del Plata se convirtió en una ciudad muy basquetbolera. Cuando volvemos de Mexicali tras ganar La Liga de Las Américas viví un recibimiento como nunca pensé que iba a vivir y pienso que no voy a volver a vivir algo así. La gente de Peñarol tiene una pasión increíble”.

El comienzo de una era y el camino hacia la gloria. El primer título para el Milrayitas llegó en 1994, con un plantel conformado por nombres estrellas tales como Diego Maggi, Marcelo Richotti, Esteban De La Fuente, entre otros, bajo la conducción de Néstor García. Peñarol comenzó a crear su dinastía a mediados de la década del 2000: conquistó La Liga de Las Américas en el 2008 disputada en Mexicali y en la temporada 2009/10 obtendría más títulos internacionales y nacionales: otra Liga de Las Américas en casa, la Interligas, el Súper 8, la Copa Desafío y la tan ansiada Liga Nacional. En 2011 conquistó el título de La Liga nuevamente y la Copa Argentina. En la 2011/12 llegaría un nuevo Súper 8, otra Interligas y el histórico tricampeonato.

Leo Gutiérrez arribó a Peñarol en el 2009 tras defender los colores de Atenas de Córdoba y rememora aquellos momentos: “La verdad que fue un cambio duro, con mucho nerviosismo. Le teníamos que entrar en el corazón a la gente, se fueron enamorando de a poco del plantel. Ganamos todo lo que jugamos. La entrega, las ganas, ver que íbamos por el camino que el hincha quería, que teníamos el ADN de Peñarol”.

“Sergio es un tipo descontracturado, tranquilo, tiene su lado duro obviamente. Pero te llevaba para el lugar dónde él quería, es un entrenador que sabe lo que quiere, lo que tiene y para dónde tiene que ir. Sabe las limitaciones que puede tener el equipo y cómo potenciarlo. Ver como trabajaba me enseñó mucho”, adhiere al hablar del coach que los llevó a la gloria.

La química de equipo y el vínculo con los hinchas. “La gente estaba enloquecida. Lo emotivo era salir del Poli, caravana, colectivo, al monumento y quedarte ahí con la gente, banderas, fuegos artificiales, siempre llegábamos tipo 3, 4 de la mañana a comer, porque nos quedábamos con la gente ahí cantando. Parecíamos rockeros, que se tiran así arriba de la gente”, recuerda Leo entre risas. “Se creó un vínculo, dirigentes, hinchas, y equipo extraordinario, por eso creo que Peñarol logró lo que logró durante ese tiempo”.

“Lograr esa química de grupo tanto dentro como fuera de la cancha era terrible. Juntarse fuera de lo que es el básquet, compartir otras cosas, nos juntábamos a comer asado, a jugar al póker. Me acuerdo que en una de las finales contra Atenas nos fuimos al cine. Éramos nosotros solos en el cine a las 3, 4 de la tarde. Eso fue en el día entre medio del primer partido que perdemos y después ganamos el segundo. En la temporada del tri empezamos con la noticia de Tato (Rodríguez) que no podía seguir jugando, ahí Facu (Campazzo) agarra la titularidad del equipo, Mata estaba con un esguince muy fuerte y Leo también estaba con una arritmia”, recuerda Nico Lauría.

El crecimiento y la proyección de Facu Campazzo. “Para describir lo que es Facu recuerdo que un año todo el plantel la volcaba menos él, así que las cargadas eran constantes y él con todo la bronca por dentro se entrenaba con el profe para poder llegar a volcarla, hasta que un día lo logra pero como la volcó en una práctica le redoblaron la apuesta diciéndole que tenía que hacerlo en un partido. Sin decir nada siguió entrenando hasta que en un juego en el Poli roba una bola en primera línea, se va solo y la vuelca. Cuando vuelve a defensa mira el banco y les dice a todos sus compañeros: “¿Y ahora?”. Ese es Campazzo, no lo desafíes porque hará todo lo posible para lograrlo”, afirma el entrenador “Tulo” Rivero, asistente de Sergio Hernández.

Las condiciones del jugador cordobés ya se vislumbraban desde el inicio, según el “Tulo”: “En la temporada 2008/09 se incorpora al equipo profesional como tercer base. Siempre fue de entrenar mucho ya sea con el plantel o en forma individual y en ese año debuta en lo que era la Copa Argentina. A medida que fueron pasando las prácticas, Facu mejoraba sin importarle quien estaba delante o con quien estaba entrenando, y de a poco fue ganándose la confianza de Sergio (Hernández) y de sus compañeros por la forma en que encaraba los desafíos, siempre iba por más a pesar de ser un junior”.

Rivero detalla el momento exacto en que Facundo comenzó a ser protagonista en el Milrayitas: “Creo que en la temporada 2011/12 es donde da un salto muy grande. Ese año pasa a ser el base sustituto pero en la pretemporada Tato (Rodríguez) deja el equipo por un problema de salud y ahí empieza de titular. Facu lo hace muy bien partido a partido, siempre ayudando al equipo a ser mejor. Entonces ya no se busca un base titular sino que se decide traer uno sustituto. Lo mejor de Facu en esa época era su cabeza, mentalmente siempre quería más. Considero que tener a Sergio, Leo, Martín, Marcos, en el mismo equipo ayudó a que él tenga como referentes personas ganadoras y que siempre querían más. Su crecimiento mental estuvo por delante del físico hasta que vuelve de un torneo con la Selección y ahí hace un clic en la alimentación y cambia por completo su físico. Eso le trajo una mejora impresionante en su juego”.

“Se veía que era el distinto del grupo. Un poco vago en esa época pero iba al frente, no tenía miedo a ninguno. Estaba con el pelito largo, acomodándose el flequillo todo el día”, recuerda Leo Gutiérrez entre risas sobre Facu, que también se acordó cuando Ginóbili le dijo que era el primer base que veía con panza. “A partir de ahí empezó con la dieta”, contó Leo con gracia.

“Lo de Tato (Rodríguez) para nosotros fue tremendo. No teníamos base, no sabíamos qué hacer, y Facu pasó a ser el base titular. Fue un año de evolución constante. Fue fuertísimo para él tener que reemplazar al base histórico para Peñarol. Era un pibe en ese momento”, rememora Ale Reinick.

El equipo. Este recordado plantel campeón estuvo conformado por Pablo Barrios, Facundo Campazzo, Mariano Castets, Salvador Giletto, Franco Giorgetti, Leonardo Gutiérrez, Matías Ibarra, David Jackson, Kyle LaMonte, Nicolás Lauría, Martín Leiva, Marcos Mata, Julián Morales, Andrés Nocioni, Alejandro Reinick y Selem Safar. Peña finalizó con 40 partidos ganados y 19 perdidos. El elenco de Sergio Hernández fue el mejor ataque del torneo con un promedio de 84.7 puntos a favor.

El plantel debió superar duras adversidades sobre todo en el inicio del certamen, sin Leo que debió ser operado por una arritmia, y sin Rodríguez que se retiraría por sufrir una afección cardíaca. Marcos Mata también se tenía que recuperar de un esguince.

La llegada de Chapu y el Súper 8 ante Libertad. “Chapu (Nocioni) llega para el Súper 8. Vamos al primer entrenamiento en el Poli, micro a La Banda, decíamos: “Cómo el Chapu se va a subir a un micro, llega recién de la NBA”. Debuta el Chapu en La Liga y perdemos por 30, de ahí nos vamos a jugar con Atenas. y Sergio nos dijo: “Acordate que contra Atenas, el Chapu la rompe” y así fue. Después venimos a jugar al Súper 8″, son las palabras de Fernando “Tulo” Rivero, asistente de Oveja Hernández. Nocioni vino como reemplazo de Nico Lauría (lesionado) en esa temporada del tricampeonato. El Súper 8 lo obtendrían ante Libertad de Sunchales.

“Ese Súper 8 se festejó muchísimo, lo ganamos en casa. Estaba el Poli repleto de gente”, indica otro de los integrantes del plantel tricampeón, Reinick.

El tri y la final ante Obras. En el camino hacia el tri superarían a Bahía Basket en cuartos (3-2) y en semis a Libertad (3-1). El tricampeonato lo obtendría frente a Obras en una serie final por 4 a 2. Aquellos duelos son muy recordados. Un Peñarol que en cancha tenía a Campazzo, LaMonte, Mata, Leiva y Gutiérrez, mientras que Obras contaba con nombres importantes como los de Osimani, Mázzaro, Washam, Pipa Gutiérrez y el DT, Julio Lamas. El primer y segundo duelo se lo llevarían los marplatenses por 80 a 78 y 89 a 76. El tercero sería para el Tachero por 103 a 102 y el cuarto para Peña por 78 a 75, donde en uno de los tiempos muertos se lo escuchó decir a Oveja: “Esto no es morir con la nuestra, esto es vivir con la nuestra. Hombre a hombre, ataque rápido y si tenemos tiros los tomamos”. Con la final 3 a 1, el quinto se lo llevó Obras en Núñez por 86 a 84, en aquel encuentro Peña ya contaba con David Jackson quien llegó para reemplazar a LaMonte, lesionado. En el sexto en el Poli, el Milrayitas gritó campeón con el score 75 a 56.

“El tricampeonato fue especial. Le dijimos a la gente que lo íbamos a ir a buscar. Siempre entrar en la historia del básquet y de ser el primero que consigue algo que no se puede lograr la verdad que es muy lindo. Con Obras fue una serie durísima. Llegar a la final con el mejor equipo de la temporada, contra el mejor jugador que era Juan Gutiérrez, con un entrenador como Julio (Lamas). Ganamos los dos primeros de visitante, no lo podíamos creer, después pensábamos que lo liquidábamos de local, vienen nos ganan, nos llevamos el cuarto, nos ponemos 3-1, volvemos a Obras, nos superan. Sabíamos que de local un partido definitorio no nos iban a ganar. Siempre se nos abría un jugador y nos hacía un quilombo. Gutiérrez estaba on fire. Partido súper cerrado hasta mediados del tercer cuarto, que terminamos después con una diferencia amplia, irreal. Una final linda”, rememora Leo.

“El equipo siempre fue por detrás de Obras, que estaba bien balanceado. En la final metemos los dos partidos de visitante. Me acuerdo que fuimos en el micro de siempre, y allá en el hotel el sponsor trae uno mejor que no arrancó para ir a la cancha de Obras y llegamos en taxi a jugar la final. Metemos esos dos primeros, después en el Poli perdemos el tercero, ganamos el cuarto, volvemos a Buenos Aires perdemos y terminamos definiendo de local. Fue una serie muy peleada, con score de muy poca diferencia”, sostiene el Tulo Rivero.

“Creo que sabíamos lo que estábamos haciendo y que teníamos la posibilidad de ser el tricampeón de La Liga. Trabajábamos para eso, pero cuando pasa el tiempo decís como no lo festejamos más. Recién ahora mirando para atrás uno se da cuenta de todo lo vivido, todo lo logrado y lo difícil que es conseguirlo”, dice Reinick al rememorar los logros con Peñarol.

Sentido de pertenencia, jugadores con experiencia y talento, pasión, crecimiento temporada a temporada, ganas de siempre superarse e ir por más. Todo lo que hizo que la historia del Peñarol tricampeón quede grabada a fuego en la Liga Nacional. El Polideportivo Islas Malvinas, el gran escenario dueño de muchas hazañas. Una dinastía que no se olvidará.

Texto: Prensa AdC
Fotos: Marcelo Figueras

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