🇺🇾 PEPO VIDAL: «EN MI ESENCIA ESTÁ DEJAR TODO PARA CONSEGUIR LO QUE ME PLANTEO»

Se llama Santiago, pero nadie le dice así. Es más, muchos que lo han tratado desconocen su nombre. Desde muy chico, Santiago Vidal es simplemente Pepo.

Se llama Santiago, pero nadie le dice así. Es más, muchos que lo han tratado desconocen su nombre. Desde muy chico, Santiago Vidal es simplemente Pepo.

«A los 4 años, estaba con mis tíos que hablaban de un personaje al que le decían Pepo y yo adopté ese sobrenombre para mí: a partir de ese día me llamaba Pepo», dice el base de Biguá y del seleccionado uruguayo. «Mis tíos empezaron a decirme así, luego mis hermanos y mis padres y ya quedó el apodo. En todos lados soy Pepo», asegura Vidal. Como en todo, hay excepciones. «En Brasil me pasó que no sabían que me llamo Santiago y creían que Pepo es mi nombre. Mi camiseta decía ‘Pepo Vidal’, entonces me pusieron otro sobrenombre: Pimentinha. Era algo muy divertido. En el básquetbol, el único que me llamaba por mi nombre es Gabriel Piccato durante las dos temporadas que fue mi entrenador en Regatas Corrientes», dice Vidal.

Pepo mide 1,80 metro. Alto para la vida cotidiana, bajo para el básquetbol. Desde que comenzó a jugar de chico, la estatura fue un factor. «Me dijeron muchísimas veces que no iba a llegar a ser jugador profesional debido a mi altura. Siempre lo tomé como algo natural y nunca intenté demostrar que podía lograrlo a pesar de esa limitación. La realidad es que en este deporte, donde la talla es fundamental, con mi estatura tenés un techo para tu carrera, excepto que seas un dotado como Kyrie Irving o Facundo Campazzo», analiza Pepo. Y agrega: «En mi esencia está dejar todo para conseguir lo que me planteo y siempre quise ser jugador de básquetbol. Sentía que tenía las condiciones necesarias y sabía que dependía de mí. La lógica indica que la NBA nunca podría ser un objetivo, ya que uno tiene un talento y unas capacidades físicas limitadas. Dentro de mis posibilidades, siempre busqué llegar lo más lejos posible. Como en todo, hay dos caras de la moneda. Así como estaban los que me aseguraban que no llegaría, aparecían los que me decían: ‘acordate de mí cuando llegues porque yo confío en vos’. Algunos tenían cierta expectativa, pero nadie se imaginaba la carrera que estoy teniendo. Fui el único que imaginó todo esto porque siempre sentí que podía y que iba a estar preparado para cada desafío».

Entre los desafíos, no solo estaba el de ser jugador profesional. También, el de estudiar una carrera universitaria en paralelo. En 2008 comenzó a cursar Economía en la Universidad de Montevideo. «Fue sacrificado, difícil y representó un desafío grande. Fue muy importante no solo mi voluntad sino el apoyo familiar: me cocinaban, me ordenaban la ropa, ponían la casa en condiciones. Yo solo me preocupaba por ir a entrenar, jugar, estudiar y rendir exámenes. El apoyo de mis padres, de mis hermanos y de mi mujer Paulina, desde que era mi novia, fue fundamental. Es complicado jugar profesionalmente y estudiar y no te queda ni tiempo ni energía para otras actividades».

Hasta 2016, Pepo transitó su camino hacia ser economista a la par de su crecimiento como basquetbolista. Pero la chance de ir a jugar a Regatas Corrientes, de Argentina, lo obligó a poner en pausa los estudios. «Todas las materias de mi facultad eran presenciales, no había posibilidades de cursar online. Mientras jugué en la Liga Uruguaya, avancé a buen ritmo. Pero cuando me quedaban cuatro materias para recibirme, surgió la oportunidad de Regatas. Con lo poco que me faltaba y siendo un deportista reconocido, me comuniqué con la Universidad para que me autorizaran a cursar a distancia. Pero la respuesta fue negativa, ya que las reglas eran claras e iguales para todos. Después de los dos años en Regatas y la temporada en Ourense de España, me fui a Brasil. Ahí, por la pandemia, la Facultad se replanteó la cuestión de la presencialidad y abrió la posibilidad de cursar online. Me dije: ‘es ahora o nunca’ y retomé los estudios desde Brasil», dice Pepo. Y completa su recorrido hacia conseguir el título universitario: «Ya en noviembre de 2019, hubo una ventana con la selección que se disputó en Buenos Aires, donde también aproveché para estudiar una semana completa: me levantaba todos los días a las 7 de la mañana y estudiaba hasta las 9; después del entrenamiento, el almuerzo y una siesta muy corta, otras dos o tres horas de estudio; luego del segundo entrenamiento y la cena, estudiaba una hora y media más. Volvimos a Uruguay y había que cumplir una semana de cuarentena obligatoria, con lo que seguí con el mismo ritmo de estudio».

Si bien para Vidal los estudios eran algo muy importante, lo hacía de una manera reservada. «No les mostraba a los demás que yo utilizaba los tiempos libres para estudiar. Así como otros miraban series o películas, jugaban al PlayStation o charlaban, yo me encerraba y estudiaba. Yo no lo consideraba una proeza ni tenía la necesidad de visibilizarlo ni de contárselo a todo el mundo. Si hubiera hecho eso, habría marcado dos caminos equivocados: querer mostrar que uno es mejor que el resto, lo que es mentira, y considerarlo una hazaña y hacer ver que los demás no pueden hacerlo. Me dediqué a lo mío, así como otros van una hora antes o se quedan una hora después del entrenamiento y tampoco lo están diciendo. Me siento feliz de haberlo logrado. Soy curioso y me sigo interesando por distintas cosas, más allá de haberme recibido. Me gusta mucho la cultura, la historia, informarme, aprender, leer, saber sobre los conflictos, los idiomas: soy activo en ese sentido», dice Pepo.

Vidal, que no proyecta ejercer como economista, valora no solo haberse formado académicamente. También considera que los estudios universitarios lo ayudaron en su desarrollo como jugador: «Yo disfrutaba mucho de tener un espacio diferente. Estar pendiente solo del deporte es como una rosca que te encierra y no te permite disfrutar tanto del básquetbol. Tener la atención puesta 24 horas en la pelota, en el equipo y en el desafío de mejorar individualmente es algo que te puede traicionar. Tener otro ámbito y otras personas con las que relacionarse es algo sumamente enriquecedor y yo le saqué mucho provecho».

La Universidad de Montevideo también le dio la oportunidad, con 19 años de edad, de conocer a Paulina, su pareja. Tuvieron 8 años de noviazgo, se casaron y se fueron a vivir juntos. «Nuestra primera convivencia fue en Corrientes. Le tengo un gran aprecio a la ciudad y ella aún más. Si le preguntan de qué equipo es hincha, seguro contesta que es de Regatas. Fue nuestro primer lugar solos y tuvimos un gran recibimiento de la gente, que siempre fue muy cercana. El calor humano y el clima de la ciudad nos encantaron. Nos quedó un recuerdo impresionante. Para mí, Corrientes representa mucho más que Regatas. Es un lugar al que me gustaría volver porque me siento parte», dice Pepo.

El siguiente paso en el exterior fue en Ourense de España: «Fue diferente porque no era un club sino un equipo de básquetbol. Era todo más frío: el clima y la gente. De todos modos, la ciudad es increíble y tuvimos una calidad de vida del Primer Mundo, de los mejores lugares para vivir. Recorrimos Galicia de punta a punta y todo lo que pudimos de España. A los pocos días de que nació nuestro primer hijo viajamos allá y nos cambió la vida».

Y la última etapa antes de regresar a Uruguay, en Unifacisa Paraíba de Brasil. «Ya estaba más consolidado como jugador, me adapté al país y a la Liga. Aprendí el idioma y me esmeré por hablarlo de la mejor manera posible. Me gustó volver al calor. Tuve un gran vínculo con la ciudad y con la Universidad en la que jugué. Es otro lugar al que me gustaría volver a jugar».

Con 32 años, Pepo Vidal es el capitán del equipo de básquetbol de Biguá. El mismo club donde se inició en la práctica deportiva. Así lo describe el base: «Es un club con 10.000 socios y tiene un montón de actividades que no son el básquetbol. Me crié en el club. Aprendí a nadar, jugué al fútbol, al tenis, practiqué karate y ping-pong. Me bañaba en la piscina en el verano y mis amistades son del club. Aprecio a los funcionarios, a quienes conozco y me vieron crecer. Biguá representa mucho más que una camiseta o una pelota de básquetbol. Entro al club por una puerta que no es la de acceso al básquetbol y saludo a todos los trabajadores, los de la cantina, los de limpieza, los de seguridad y los profesores». Y agrega: «Jugué en otros equipos de Uruguay, también en otros países y nunca dejé de ir a Biguá y siempre pagué mi cuota social. Mi hijo Salvador, que tiene 3 años, va a los preescolares, hizo matronatación y ahora está aprendiendo a nadar y tiene gimnasia ahí. Mi hija Sira, de 8 meses, también comenzará con la matronatación. Mis sobrinos también van todos. Cuando deje de jugar, Biguá va a seguir siendo parte de mi vida».

Biguá se consagró internacionalmente en el Campeonato Sudamericanos de Clubes en 1992 y en 2008. Participó en otras tres ediciones de ese torneo (subcampeón en 1989, séptimo en 1990 y sexto en 1993). Luego, fue tercero en la Liga de las Américas 2008-2009, participó de la Liga Sudamericana en 2002 (llegó a cuartos de final), 2009, 2010 y 2011 (eliminado en fase de grupos en las tres oportunidades). Regresó a las competencias continentales como invitado a la primera edición de la Basketball Champions League Americas en 2019-2020 y volverá a competir en la 2021-2022.

«Debuté en primera en 2008, justo el año en el que fuimos campeones del Sudamericano con el Che García y luego llegamos al Final Four de la Liga de las Américas. Seguí en el club y volví a competir internacionalmente», recuerda Vidal. Y analiza lo que vendrá: «Me gusta representar no solo a Biguá sino a Uruguay, porque más allá de ser un torneo de clubes nosotros estaremos en representación del básquetbol de nuestro país. Lo queremos hacer de la mejor manera y estamos en buen camino. La Liga Uruguaya está dos pasos atrás de la brasileña y, a pesar de las dificultades económicas que tienen, todavía estamos por debajo de Argentina. Entonces, tendremos que plantearnos objetivos coherentes y alcanzables, pero la idea es competir».

Vidal detalla la virtudes de Biguá: «Venimos de un año de trabajo todos juntos y aprovechamos esa ventaja. Tenemos un bagaje de juego colectivo y una sinergia positiva que nos hace tener un alto nivel de juego con el que comenzamos muy bien la Liga Uruguaya. Somos un equipo dinámico que juega un básquetbol moderno con cuatro perimetrales y un interno. Tenemos mucha capacidad de gol desde los tres puntos y muchas manos para anotar. Donald Sims es un extranjero desnivelante en el continente y aún más en el país. La vuelta de Victor Rudd va a hacer que el equipo crezca en muchos aspectos. Y João Vitor se está adaptando y ya nos ha dado mucho resultado. Somos un equipo maduro, estamos en el mejor momento de la carrera de muchos y ojalá que eso nos ayude a tener una buena actuación internacional».

Desde el Preolímpico de México 2015, Vidal es un habitual convocado al seleccionado uruguayo. Así siente cubrir su piel de celeste: «Representar al país con la selección es el máximo logro que un deportista puede alcanzar. Ponerme la camiseta de Uruguay es lo más grande que soñé para mi carrera. Cada vez que me convocan lo disfruto al máximo y siempre transmito que es el lugar donde quiero estar. Trabajo cada día para verme en la lista del seleccionado y cantar el himno cuando suenen las estrofas en el lugar en el que nos toque jugar. No me cansa representar a Uruguay. Me gusta estar en cada torneo o en cada partido».

La presencia de Rubén Magnano como entrenador de Uruguay es un plus para Vidal: «Es un honor y un privilegio poder ser entrenados y convivir con un hombre de la trayectoria de Rubén, con tantas batallas y tanto recorrido. En el repechaje para los Juegos Olímpicos no me convocó, pero eso a mi no me cambia la valoración que tengo sobre él. Como ser humano, que es su punto distintivo, tiene valores, educación y respeto hacia el jugador. Como entrenador, exige y está dispuesto a exprimirte hasta la última gota para conseguir lo máximo. No solo está súper capacitado para dirigir a la Selección, ya que le sobra palmarés, sino que destaco su calidad humana, que es algo que la gente no conoce. Ojalá se quede muchos años vinculado al seleccionado porque le va a hacer un bien al país y a la comunidad del básquetbol».

Vidal lleva a Uruguay y a Biguá en el corazón. Así es Santiago. O, simplemente, Pepo.

Texto y Fotos: FIBA

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