🇲🇽 UN INESPERADO PRESENTE PARA UN FUTURO ESPERANZADOR

Por Jorge Herrera (@jorgehenav)

México causó sorpresa en América al quedar invicto en la primera ventana Eliminatoria para el Mundial de FIBA 2023. Pocos lo esperaban, pero el proceso de Omar Quintero puede que haya dado su primer gran resultado.

Nota editorial: En Cancha Latina lamentamos el fallecimiento de María Concepción Nava Vite, madre de Fabián Jaimes. La fuerza y apoyo de esta redacción te abraza en estos difíciles momentos. Descanse en paz.

Crédito: FIBA

Aterrizando el avión fue que me di cuenta de todo lo que había pasado en ese par de días. Sí, por supuesto que en el momento también lo entendía, pero la mente está vuelta loca en ese momento y con el corazón acelerado por todo, del nerviosismo de un resultado, a la explosión de un gimnasio y al terror de no poder entrar a las conferencias de prensa por no tener un lugar fijo y sin sonido para tomarlas. Por eso, este es el momento de escribir, con la cabeza fría y las ideas claras sobre lo que acaba de ser el arranque de la Eliminatoria Mundialista para México.

Listas comenzaban a presentarse alrededor de América y, sin saber, leía a varios que pensaban que México tendría los nombres como en otros procesos: tarde y sin saber si se concentrarían dos días antes de jugar. Para quien lo pudo notar, el que las finales de la LNBP tuvieran un cambio de fechas fue justamente por la ventana y -en un momento de confianza entre nosotros- no a gusto de todos. Pero volviendo a lo importante, esto se pudo dar porque los llamados se hicieron a tiempo, los jugadores y equipos fueron notificados a tiempo y, ya que pudimos ver el roster, no sólo esperábamos algo competitivo, sino que pudimos sonreír de poder ver al fin un proceso de grupo. Cuidado, que hablo de grupo, no de simplemente de jugadores. Todos los que fueron convocados en esta primera parte de la Eliminatoria por lo menos fueron elegidos a la lista previa del Preolímpico en Croacia y de la lista final para ese torneo repitieron seis en esta ocasión; una base solida que, a pesar de no tener a Paco Cruz y Gustavo Ayón, terminamos por halagar en el liderazgo y experiencia de Paul Stoll, Gabriel Girón y Orlando Méndez.

Sin embargo, tengo que ser honesto y mantener la línea, yo no creía que este equipo pudiera ganar sus dos duelos, con todo y que Chihuahua fuera la ciudad sede. Ya fuera por la nueva energía de Puerto Rico o el talento de Estados Unidos, no encontraba cómo la rotación -por lo visto en papel- pudiera sacar los dos encuentros. Y la lógica guiaba a varios como yo en que ante los boricuas dejarías todo, por lo que ante los vecinos del norte no habría poder suficiente al día siguiente. Pero tampoco lo vivía en negatividad o deseando que incluso pasaran dos derrotas. Ello pasó por dos factores: el primero era que, en lo presupuestado, salir con una victoria y una derrota de esta ventana era una tremenda ganancia, ya que la misión principal debe ser barrer al par de quintetos caribeños en el grupo; por otra parte, ver el nombre de Gael Bonilla era una señal de que lo nuevo al fin está por venir. Más que intentar descifrar ante quien sería el triunfo, mi intriga estaba en el chico del Club Barcelona que le han creado una presión inmensa en México al igual que a este grupo. En vez de cargarle responsabilidad, lo que yo deseaba era verlo disfrutar, que sintiera la Selección, que viviera la experiencia de estar en la mayor y que pudiera terminar contento para decir “quiero volver”. Y afortunadamente eso sucedió.

En principio me causó duda y hasta cierto punto molestia de no verlo ante la escuadra de Nelson Colón, donde creía que la presión podía ser menor para ver un par de minutos. Pero bueno, todos nos equivocamos y de verdad que agradezco me haya pasado al cuestionar esa decisión de Omar Quintero porque ante Estados Unidos haría incluso mucho más que cualquier otro chico debutante. Sin miedo al físico estadounidense o la agresividad del encuentro, la posición defensiva de Bonilla desde el primer segundo demostraba determinación y seguridad -aunque por dentro seguro lo querían tomar vivo los nervios-, sus pases salían directo al pecho de sus compañeros y cada corte iba sin preocupación de por medio. A final de cuentas, 3 puntos, 2 rebotes y 3 asistencias en 15 minutos quedarán marcados en la historia de la Selección y también como la cereza del pastel de todo lo acontecido.

Ante Puerto Rico se ganó sin haber sufrido drásticamente como se tenía pronosticado con la inclusión de Ismael Romero en el equipo contrario y frente a Estados Unidos se dio el mensaje contundente del banquillo al resto del país. Mucho antes de esta fecha de Eliminatoria, compartía espacio con compañeros en distintas mesas de análisis y se comentaba que Quintero no se merecía estar en el puesto que hoy ostenta, prácticamente era un mensaje de quién era para mecerlo. Y podían estar en lo correcto por el corto paso del sonorense como entrenador en jefe, no obstante, en lo poco que tengo de estar aquí -y yo sé que puede ser que ellos tampoco recibieron el tiempo necesario-, los de experiencia no habían podido hacer algo mejor a lo de Sergio Valdeolmillos y tanto nos aquejamos de las pocas oportunidades a los mexicanos que no sé por qué en el banquillo tendría que ser diferente. Lo único que yo en su momento podía usar de argumento en contra es la unión que Quintero podía ejercer para traer de vuelta a las figuras que estaban exhaustas del desprecio de terceros. Ahora, esas ya son palabras baratas porque, después de lo hecho ante Estados Unidos, no he visto ningún lindo pajarito que se esté quejando del hombre que lloró en conferencia de prensa por su jugador, el hombre que le volvió a dar cara a los aztecas, el hombre que jugó con un cuadro bajo ante los 2.18 metros de Luke Kornet, el entrenador que ha sacado la mejor versión vista de Daniel Amigo desde que llegó a México y el entrenador que tiene a México como único invicto de su sector y dentro del grupo selecto de América que comparte con Argentina, Venezuela, Brasil, Uruguay, Canadá y República Dominicana.

Y les voy a contar algo. Así como en el fútbol tenemos a “El Tri”, desde el día uno yo pensaba que al representativo nacional de básquetbol podríamos llamarlo por siempre “12 Guerreros”; espero no lo hagamos. Yo soy uno de los que deseaba mantener en los textos esta fantasía, pero la realidad es que ese grupo ha quedado atrás en los corazones del baloncesto mexicano y latinoamericano. Recuerdo leer y escuchar a Sergio Hernández, Germán Beder y Luis Scola en cuanto al tema de la Generación Dorada, el cargar para los nuevos jugadores con ese peso. Y es que en muchas ocasiones es culpa de nosotros mismos como periodistas porque no dejamos que el tiempo avance y, sin siquiera dejarlos tocar el balón, inundamos a los jugadores con cuestionamientos que no tendrían que ser. La clave para que pudiéramos ver a los argentinos finalistas de China 2019 no se trataba de Scola, de jugadores NBA o la magia encantadora de la Oveja, sino de que cada uno de los nuevos chicos de la cuadra se quitaran de la cabeza que tenían que ser iguales o mejores que la familia que puso una nación ante sus pies. El mismo caso que estoy seguro acaba de suceder en esta despedida a noviembre.

Concentración tras concentración es Ayón, es el querer alcanzar lo que hicieron los 12 Guerreros, es repetir la hazaña de Valdeolmillos, es el seguir creyendo que vivimos en 2013. Muchos dirán en este punto que si no me doy cuenta que al principio mencioné a Stoll, a Girón y Méndez o que incluso estuvo Israel Gutiérrez. Sí, lo sé, pero esos que viajaron a España y siguieron años más adelante ya no son los mismos; hoy son veteranos, guías, el punto de apoyo de los que están por venir. Y mientras ellos llegan, estos héroes todavía pueden hacer mucho, desde 14 asistencias con la defensa de J.J Barea hasta 27 puntos históricos en la red de las Barras y las Estrellas. A reserva de lo que pase en el futuro cercano, Daniel Amigo, Irwin Ávalos y Fabián Jaimes -como en el Preolímpico-, se graduaron para ser la conexión entre estos veteranos y los jóvenes por venir. Ahora, imagínense si Paco Cruz y Alex Pérez pueden estar más adelante.

A todo esto llego en paz. Son las dos de la mañana, todo es silencio en su casa y en menos de cinco horas tengo que estar listo para el trabajo. Pero también, como termino esto, el cansancio es lo que menos me importa en estos momentos. Lo que pasa por mi cabeza es que este presente de Omar Quintero y sus pupilos da esperanza de que las cosas pueden comenzar a tomar buen camino, aunque sea por un breve lapso en lo que aparece alguien con hambre de poder. ¿La clasificación? Es extremadamente pronto para pronosticarla, pero los próximos meses para este grupo han cambiado por completo y ahora quiero, como seguramente ustedes, animarme a decir que esta primera ronda se puede superar, por lo menos, con un registro de 5-1. Digo, uno nunca sabe, incluso podría darse el pase desde la cima con marca invicta y preocupando a otros con tener que verse la cara con este equipo.

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