🇦🇷 EL ÚLTIMO BAILE DE NICO GIANELLA

Con 45 años, el base de Gimnasia de La Plata sigue deslumbrando en La Liga Argentina. Un talento internacional, con 30 años de carrera, que anunció su retiro a fin de temporada. El valor del disfrute, la importancia de la preparación y sus 200 partidos en el Lobo.

El diccionario se toma el trabajo de relacionar el concepto de “vigencia” a un estilo o costumbre que está en vigor y observancia. Desde aquí simplificamos y lo definimos con dos palabras: Nicolás Gianella. Y es que el alero platense de 45 años se convirtió, con el transcurso de las temporadas y a fuerza de sobrada calidad, en una marca registrada de nuestro básquet.

“Nunca me gustó estar en la cancha sólo por la foto, si no puedo aportar algo importante prefiero quedarme en casa. Siempre quiero dar lo mejor, sigo cuidándome como el primer día e incluso haciendo un sobre esfuerzo porque a esta altura cuesta más la recuperación y siempre lidiás con algún dolor. Peroel amor por el básquet me hace seguir compitiendo, y el ambiente con compañeros que me ayudan y hacen todo para que esté cómodo es fundamental”, comenta el zurdo que en esta 2022/23 ostenta 17.1 puntos, 2.1 rebotes, 3.1 asistencias y 30.2 minutos por juego en un Gimnasia ubicado en el décimo puesto de la Conferencia Sur.

Su actualidad es todavía de elite, pero su figura de referente en la institución se remonta a décadas atrás, cuando el joven de tan sólo 16, que ya venía de ser campeón de la antigua Liga Nacional B, hacía su presentación en el TNA, competición hoy consolidada como La Liga Argentina. La travesía comenzó en 1994, y el pasado 3 de marzo enfrentando a Pergamino llegó a una cifra récord, ya que Gianella alcanzó los 200 partidos en la categoría vistiendo los colores del Tripero. “En otro momento no le daba importancia a los números, pero al estar terminando la carrera uno se pone más sensible y toman otro color. El reconocimiento en tu casa siempre tiene un sabor diferente, es la camiseta que quiero, con la que empecé y me siento identificado”, dice con emoción el protagonista.

Pero el hito no se da en una temporada más, sino que esta será su última en la actividad, por lo que es menester homenajear tamaña carrera. Acerca de la determinación de su alejamiento definitivo de las canchas, Nicolás comenta: “Lo fui asimilando los últimos años y eso lo aliviana. La temporada pasada fue la que más contento y motivado terminé con el equipo para continuar. Y no niego que aún sigo con dudas sobre cómo sentiré, pero hay que afrontarlo y ponerle el pecho a lo que llegue, que seguramente será lindo. Me va a costar seguir sin jugar, porque comencé a los seis y le dediqué mi vida a este deporte”.

“La decisión es importante y difícil, aunque me voy contento por disfrutarlo en mi club y con mucha gente querida cerca. Nunca pensé que se extendería tanto, cuando volví estaba prácticamente retirado, pero me encontré con todo el cariño de los hinchas, compañeros y hasta rivales. Sentí que era momento de devolver un poco de lo que me había dado este lugar y me terminé llevando todavía más”, continúa en su reflexión.

Profundizando en las razones que lo llevaron a tomar la decisión, nos cuenta: “Los números redondos me gustan, y el 45 es uno muy bueno para finalizar. Pero en especial busco darle más tiempo a mi familia y disfrutar de otras cosas. El básquet me brindó muchísimo y le estaré siempre agradecido, pero también me quitó por la forma tan profesional en que lo tomo. Todavía me siento cómodo y puedo dar más, pero el tiempo pasa factura y creo que este el momento indicado”.

Durante su fructífero camino en el mundo de la naranja, Gianella fue bicampeón de La Liga Nacional con Estudiantes de Olavarría, partió a Europa para jugar en el Reggio Calabria y el Rida Scafati italianos, y también lo hizo en España con León, Plasencia y especialmente Granada donde se destacó entre 2005 y 2011. Pasó también por el Palmeiras brasilero, además de La Unión de Formosa, Quimsa, Boca y Peñarol. Mientras que en la Selección Argentina disputó cuatro encuentros y obtuvo la medalla de bronce en el Sudamericano 2006 de Caracas.

“Me quedo con tres fotos, las de las camisetas que tengo colgadas en mi casa: la de Gimnasia, la de Estudiantes de Olavarría y la del Granada. Y claro que compartir con nombres como los de la Generación Dorada me marcó, pero con el nivel de esos fenómenos era casi imposible aspirar a un lugar, entonces los terminabas disfrutando de afuera. Cuando Pepe Sánchez dejo el seleccionado previo a los JJ.OO. 2008 se abrió una puerta, pero fui el último corte y esa será la mayor espina de mi carrera, hubiera sido maravilloso”, recuerda Gianella.

Respecto de su experiencia en el Viejo Continente, opina: “Competir en esas ligas tiene un valor muy grande. España fue un punto de inflexión, allá me mostraron el camino para mantenerme, aprendí sobre profesionalismo, cuidado físico, lo sagrado de la alimentación, el descanso y esos pequeños pero determinantes detalles”. Hoy en el club de sus amores, busca transmitir estos valores a las nuevas camadas: “Estar con jóvenes me renueva y brinda energía, y en el Lobo tenemos suerte porque siempre alientan y están abiertos a escuchar. Tal vez lo negativo de estas generaciones es que hay otras distracciones y les cuesta algo más el esfuerzo extra que en mi época te diferenciaba, quedándote en el club trabajando lo que hiciera falta”.

El futuro de Gianella es todavía una incógnita: “Primero debo cambiar el chip de jugador, y desde allí enfocar a otro lado. Si bien no tengo nada decidido, empecé a entrenar chicos, esa es una posibilidad. Pero quiero analizar bien por dónde seguir y con el tiempo lo resolveré”. Lo que sí es seguro es que este fuera de serie jamás se hubiera imaginado cumplir 200 batallas en La Liga Argentina con su querido Gimnasia de La Plata, al mismo tiempo que permanece lustrando las pistas del último baile de su carrera con 45 primaveras encima.

“Si a los 35 me decían que aún me quedaban diez de carrera, los hubiera creído locos. Aunque si me encontraría con aquel Nico le aconsejaría disfrutar un poco más. Estos años fueron los que más gocé, porque a pesar de las presiones tuve el reconocimiento del ambiente, a mi familia cerca, y a mis tres hijos viviendo conmigo la pasión por Gimnasia. Y me gustaría que me recuerden como una buena persona: con el tiempo uno entiende que, más allá de los logros deportivos, lo importante es ser reconocido como alguien que siempre se manejó bien”.

Texto y Fotos: Kevin Chareun / Prensa ADC

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