JUAN GUTIÉRREZ: “MENTIRÍA SI DIJERA QUE ENCONTRÉ LAS MISMAS SATISFACCIONES EN OTRAS PROFESIONES”

En “La entrevista de la semana”, charla a fondo con Juan Gutiérrez. Su vida después del retiro, su nuevo trabajo, el estudio, Selección y más.

En “La entrevista de la semana”, charla a fondo con Juan Gutiérrez. Su vida después del retiro, su nuevo trabajo, el estudio, Selección y más.

¿Cómo es un día normal en la vida de Juan Gutiérrez?
Es relativamente aburrido. Arrancó a las 7 de la mañana con un paseo al perro, a las 8 ya estoy en el gimnasio, y a las 9.30 estoy desayunando para empezar a trabajar. Generalmente es un laburo muy flexible que me permite acomodar mis horarios para poder comer o descansar cuando tenga ganas, y para ver cuándo meter reuniones o cosas así. Y a la noche, siempre voy a ver básquet.

¿Por qué llegaste a esto de la representación de jugadores para tu etapa post retiro?
Porque de alguna manera quería seguir ligado a la actividad. Cuando me retiré no fue una decisión tan pensada como debería haberlo sido, más allá de que mi lesión en la cadera me dio dos años de changüí para saber que el final estaba cerca, y cuando llegó el momento de retirarme no tenía ninguna certeza. Quería seguir ligado a la actividad. El periodismo lo disfrutaba pero sentía que no era lo mío, y quería mantenerme en la línea de asistir y colaborar con el desarrollo de los jugadores. Esto puede ser una buena salida. Lo único que tenía claro era que entrenador no quería ser.

¿Lo imaginabas hace algunos años o era algo que no se te cruzaba por la cabeza?
No lo imaginaba de ninguna manera, pero porque unos años atrás no tenía ni idea de lo que iba a hacer, no sabía ni que me iba a retirar. De hecho, la propuesta surgió de un encuentro con mi mejor amigo y que actualmente es mi socio, que es Maxi Fernández. Al ser mi hermano de la vida y mi confidente, fue la primera persona que se enteró que me iba a retirar, le dije que estaba con mucho dolor, que no aguantaba más, que necesitaba dejar porque era mucho más el sufrimiento que el disfrute. Y le fui a plantear la idea de hacer algo, de laburar juntos y que encaremos cualquier tipo de proyecto, pero que empezara ahí mismo. Estábamos los dos en un momento justo para empezar algo. Surgió esta idea y estamos muy contentos. Es un proceso que nos va a llevar mucho más tiempo del que nos esperábamos y mucho más tiempo del que llevaba ser representante en el pasado, cuando la actividad no era tan conocida y no había tanto mercado de representantes. Es algo que se construye muy largo a futuro, y creemos que lo podemos hacer.

¿Qué es lo más importante en esta función y en el hecho de ayudar a los jugadores?
Ayudar al jugador a que tenga la mejor carrera que pueda acorde a su potencial, como jugador y como persona. Tanto mi socio como yo estamos muy contentos por cómo nos hemos manejado afuera de la cancha respecto de relaciones personales, con dirigentes, con periodistas y con un montón de gente, y creemos que eso es un valor que podemos aportar para que los jugadores no sufran esa parte, o no les juegue en su contra. Sobre todo a día de hoy donde vivimos en un mundo en donde ellos están expuestos a cosas que pueden hacer peligrar su carrera todo el tiempo. Creemos que podemos aconsejarlos por ahí, y tenemos ganas de cambiar el paradigma del comportamiento de los jugadores profesionales a cualquier nivel, no sólo en la Liga Nacional sino hasta los que juegan en ligas locales.

¿Es muy difícil encarar hoy por hoy a un jugador para hacerle entender esa parte de las distracciones?
Difícil no es. Siempre hubo un montón de ejemplos de talento desperdiciado por malas decisiones en sus carreras. Lo que creo es que hay que hacerlo sabiendo que te puede jugar en contra en tu trabajo por no estar todo el tiempo diciéndole al jugador lo que quiere escuchar, sino ser el portador de malas noticias. Nosotros tenemos esa línea de pensamiento, queremos implementarla y no tenemos la certeza de si a largo plazo funcionará o si es la línea que te garantiza el éxito. Pero si nos vamos a quedar tranquilos de que es la línea inicial y nos queremos mantener ahí.

¿Te sentiste medio mirado de reojo por quienes ahora son tus pares en este nuevo mundo?
Sí y no. Con algunos la realidad es que trabajamos con la mejor onda, incluso con algunos jugadores que se cambian de nosotros hacia ellos como de ellos hacia nosotros. Y lo hacemos en un marco de respeto, y todo el tiempo dejando en claro cómo son las cosas. No deja de ser un servicio ofrecido que cualquiera puede cambiar, como pasa con una compañía de teléfono por ejemplo. Pero nos gusta tener buena relación con nuestros colegas dentro de lo posible. De alguna manera trato de continuar con lo que hicimos como jugadores, siempre buscando el consenso.

¿Te molestaron algunas críticas de algunos representantes para con vos en una situación determinada cuando estabas comentando por televisión? Te lo pregunto porque fueron públicas.
Sí, la verdad es que me molestaron. Primero, porque siempre te puede llegar a molestar más algo que te diga una persona que querés que una que no te conoce. Una persona cercana a vos siempre tiene más capacidad de hacerte daño que otra. Pero lo que más molestó en realidad es que se generara sobre mí una sospecha de falta de honestidad o ética cuando toda la vida me manejé de forma correcta. Incluso, en los momentos en los cuales me han planteado ser comentarista, lo primero que hacía con todas las personas que me contrataban era decirle “yo soy representante, me dedico a esto y si no te molesta que esté comentando el partido, fantástico”. Después, no creo que haya ninguna ley al respecto, y además estoy muy tranquilo por cómo desempeñé esa función, sin aprovecharme de ninguna manera del supuesto poder que puede llegar a darte un micrófono.

Siempre tuviste una imagen de una persona transparente, honesta, directa, y los representantes -de todo tipo, no sólo en el básquet- son generalmente mirados de reojo. ¿Te choca ese prejuicio que hay sobre la figura del representante?
Sí, la verdad es que sí. Me choca como cualquiera que desconfíe de cualquier profesión. Porque en realidad no tiene nada que ver con la profesión, sino con la persona. Es como decir que todos los abogados son garcas. No, no lo son, ni todos los policías son corruptos. Son simplemente algunas personas puntuales, y a veces está bien señalar con el dedo a cada uno. Yo creo que el agente de jugadores es una figura necesaria por momentos para los jugadores, para tener aspiraciones de ligas o trabajos que normalmente no tendrían, o para defender cosas para las que ellos no tienen las herramientas. A mi me hizo muy bien tener un representante, yo estuve toda la vida muy contento con el que tuve, le estuve muy agradecido y hasta nos hicimos amigos. Creo que es algo que el jugador debería tener. A día de hoy quizás suena como que me estoy vendiendo (risas), pero creo que es una figura necesaria que el jugador debería hacerla valer.

¿Cuánto de capacitación tomaste o tomás para tu trabajo?
La capacitación es permanente. No hay una carrera puntual que haya hecho, porque la realidad es que cuando me retiré no tenía ningún estudio y cuando empecé no tenía ninguna capacitación más que consultar a fuentes amigas. Pero a día de hoy estoy con la idea de anotarme en una carrera universitaria, y que esa capacitación no termine nunca, porque al mismo tiempo es lo que les digo a mis representados. Es una picardía que no estén todos estudiando. Todos los jugadores de básquet deberían estar estudiando, el 100% de los jugadores debería estar estudiando. Los que son profesionales del básquet tienen un montón de horas libres al día, y los que no son profesionales, que son más trabajadores del básquet, también tienen tiempo de estudiar y cuentan con las herramientas para hacerlo a distancia. Y aunque demore la carrera el tiempo que demore. Siempre pongo de ejemplo un compañero en granada, que era Nacho Ordín. Él hizo la carrera de derecho y tardó muchísimos años, se recibió cerca de los 35, y a día de hoy trabaja en el cuerpo de abogados del Barcelona. Si a vos el básquet te da esa herramienta de tener un trabajo estable por 15 años, con un montón de tiempo libre al día, si no lo invertís estás regalando tiempo y plata.

¿Por qué no lo hiciste vos, teniéndolo tan claro ahora?
Pienso que no lo hice porque fui vago, y porque me resultó más cómodo poner una excusa que hacer el intento. Está claro que cuando era juvenil no estaban las herramientas que estaban al día de hoy, pero no pienso poner esa excusa, porque está lleno de ejemplos de jugadores que en las mismas circunstancias que yo han empezado y terminado carreras. El Negro Lamas es uno. Mientras fue jugador fue estudiando kinesiología, y en cuanto se retiró ya estuvo insertado en el mercado laboral del básquet, y hoy está establecido como uno de los mejores kinesiólogos de Argentina, y lo consultan desde todos los clubes. Yo no lo hice porque cuando era juvenil me entrenaba muchas horas al día con un montón de categorías, y no me animé a hacer el esfuerzo extra que tendría que haber hecho de entrenarme ciertas horas y después tomarme el colectivo para irme a la UBA. No lo hice por vago. Pero está dentro de los errores que quiero que no cometan mis representados. Me uso de ejemplo de lo que no hay que hacer.

¿Y en qué carrera te querés anotar?
Estoy por anotarme en una licenciatura en comercio internacional, al mismo tiempo que se cursa tiene para hacer una doble titulación con marketing y administración de empresas. No tengo idea el tiempo que me va llevar, porque además estoy trabajando y no sé con los tiempos que dispondré. Pero en algún momento hay que arrancar.

¿Cómo cae en tus representados el hecho de insistir tanto en el estudio? 
Cae como cualquier otro consejo. Una de las cosas más importantes con las que cuenta el jugador de básquet es su confianza, y uno no puede estar diciéndole todo el tiempo que hace todo mal. Simplemente hay que insistir en las cosas que uno cree que son buenos consejos, y machacar hasta que resulte. Ya sea estudiar como dormir, comer o entrenar mejor. Son consejos que de grande hay que pasarle a los chicos y nunca hay que rendirse, porque el jugador cuando está en actividad tiene su grado de confianza que hace que se sienta bien para competir en la cancha. El jugador tiende a pensar que hace todo bien, o que cuando hace algo mal no es culpa de él. Entonces hay que insistir y romper mucho las pelotas.

Foto: @cepalavecino

¿Extrañás algo del jugador?
Todo extraño. Te mentiría si te dijera que en cualquier otra profesión encontré las mismas satisfacciones que encontraba jugando al básquet. La verdad es que todavía no. Extraño mi condición física, el competir todos los días, que era lo que más me gustaba. Siempre lo digo, lo que más extraño es el hecho de llegar todos los días y competir contra mí, contra mis compañeros para ver quién tenía más minutos y contra el rival para ver quién se llevaba la victoria. Es lo más lindo que tiene el deporte. Te diría que hasta extraño los viajes, que por momentos eran cansadores. Afortunadamente tuve una carrera en la que me tocó viajar muchísimo, con varios torneos dando vueltas por Latinoamérica, Estados Unidos, Londres o China con la Selección. Y con los clubes, en Argentina o España también te la pasás viajando y compartiendo horas con compañeros, conociendo ciudades. Es un grandísimo privilegio que a día de hoy lo extraño. Lo que pasa es que en su momento me hinchaba las pelotas hacer una valija cada dos días.

Antes decías que hubo un momento de mucho dolor por tu cadera. ¿Viviste algún momento de desesperación por el dolor y por el final que se venía?
Creo que desesperación nunca llegó a ser, porque yo soy un optimista por naturaleza y siempre pienso que las cosas van a terminar arreglándose o yendo bien. Pero hubo un momento clave. Yo no terminé jugando la temporada 2015-2016, sino que estuve vestido de traje al lado de Trifón Poch (por entonces entrenador de Obras). Y cuando me preguntaban si iba a seguir jugando decía que sí, que era mi idea, que me iba a tomar todo el receso para ponerme lo mejor posible desde el físico para seguir compitiendo. Incluso, antes de que termine la Liga ya estaba yendo a la pileta, haciendo ejercicios, kinesiología… Al Negro Lamas lo volví loco. Pero un día fui a la pileta, estaba haciendo los ejercicios y sentí un dolor tan pero tan fuerte, que no se lo deseo a nadie, que ni siquiera podía salir de la pileta chiquita donde hacía los ejercicios. Salí, me vestí y como pude caminé hasta mi casa. Me tomé dos ibuprofeno, me acosté a dormir la siesta y me acuerdo que cuando me levanté dije “no juego más”. Así no podía seguir porque realmente no podía ni caminar. Cuando a los 32 años no podés ni caminar, algo está mal. Como pude aguanté hasta la cirugía, y ahora soy un hombre nuevo.

¿Cómo es ese momento donde el físico te gana y te encontrás con esa realidad? Quizás lo vemos ahora en el tenista Andy Murray, donde ves al deportista que fue figura y todopoderoso en un estado completamente vulnerable y sufriendo por no poder llevar con normalidad la vida cotidiana siendo tan joven.
Yo en ningún momento me deprimí. Tuve suerte de que mi cabeza funcionó correctamente. Sí es verdad que fue una época de muchos cambios. Dejar de jugar al básquet es duro, el sentir dolores todo el tiempo es duro. Pero la realidad también es que cuando jugaba nunca me sentí superpoderoso. Y mientras fui jugador pensé mucho en la vida después del jugador, y cómo seguía. Siempre pensé que la vida del jugador era corta y después había que encontrar otro camino, sin quedarse todo el tiempo con el pasado. Entonces, cuando me retiré empecé a buscar qué hacía, y lo afronté todo con muchísima ilusión. Más allá de reconocer que extraño muchísimo jugar, uno siempre tiene la ilusión de que van a salir cosas lindas y buenas, porque sino no me levantaría de la cama. Por suerte tuve la fortaleza mental para afrontarlo. Y también ayudó que al día siguiente de retirarme ya estaba trabajando. Quizás, si me hubiera tomado 6 meses sabáticos, hubiera caída en la depresión, barba larga y quién sabe hasta dónde llegaba. Lo afronté como pude, lo sigo transitando y siempre miro para adelante con alegría, es mi manera de vivir.

Aprovecho tu faceta de analista. ¿Qué estás viendo de la Liga Nacional?
Veo una situación similar a la que vivimos en 2001. No por la situación del país, que se entienda que no comparo eso. Pero sí es verdad que hay clubes complicados económicamente, y eso genera oportunidades para un montón de chicos, como en su momento me tocó a mí. Creo que puede llegar a ser positivo, como también puede ser duro transitarlo. A día de hoy vemos partidos donde el nivel bajó bastante, y va mucho de la mano de la capacidad económica de los clubes para contratar extranjeros. Eso puede llevar a que la liga pierda un poco de paridad. Pero no deja de ser nuestra Liga, que es de roble y se ha aguantado las cosas más duras. El futuro va a ser mejor.

¿Y qué ves de ese material joven y nuevo que está apareciendo?
Hay muchísimos chicos. Me gustan mucho los jóvenes de Peñarol, como Juani Marcos, Gorosterrazú… El jueves me quedé hasta después de las 12 de la noche viendo a Atenas-Argentino y me gusta mucho Gastón García… Nombro jugadores que no estoy representando (risas). Pero uno siempre mira con ilusión de que vayan surgiendo nuevos valores que terminen alimentando a la Selección Argentina. Creo que de alguna manera, estos chicos tendrán el mismo trabajo que tuvimos los de mi camada, que de repente hubo que saltar a la cancha un poco forzados. Había que mostrar lo que teníamos.

¿Qué significa esta nueva presencia masiva de jugadores allá en la ACB de España?
Es como si Europa tuviera un ojo como el del Señor de los Anillos que va mirando hacia diferentes lugares, y por momentos mira más para Argentina y por momentos mira menos. En 2013, cuando quise hacer el intento de volver a la ACB, me costó muchísimo, tardé muchos meses en conseguir una oferta y estaba en mi mejor momento. No fue tan fácil, y en otros momentos fue un camino más fácil para los argentinos. No le quito mérito a la cantidad de argentinos que están hoy. Son jugadores extraordinarios y no sólo están en la ACB cargando bolsos, sino que todos están destacándose en sus lugares. Y eso me genera muchísima alegría, porque la ACB es la liga que más me gusta y disfruto de ver. Afortunadamente me toca comentarla y me gusta, y está bueno seguir a los chicos en su día a día. Es espectacular lo que está haciendo Nico Laprovittola, Facundo Campazzo nos da un video espectacular todos los días en la Euroliga… Ver lo que hacen Marcos (Delía), Patito Garino, lo que hace Luca Vildoza que me vuelve loco… Es lindo ver a tantos argentinos en la ACB.

¿Te sorprende alguno en particular?
Yo tenía muchas ganas de ver a Luca Vildoza allá. Hace un año y pico, cuando estaba todavía en Argentina, yo sentía que era el jugador que más lejos estaba de su techo, porque no hacía falta ser un genio para ver que tenía muchísimo potencial. Después había que ver cómo reaccionaba a su llegada, y encima en un club tan exigente y de escuela hasta yugoslava como es Baskonia, y se adaptó perfectamente y ya se está destacando.

¿Por qué no apuntaste al periodismo si te gusta y lo disfrutás tanto?
No sé. Quizás porque soy un poco inseguro. Cuando me ha tocado escribir columnas o comentar partidos, siempre me leo o escucho y digo “mirá la pelotudez qué dije”, o “a quién carajo le va a interesar lo que tenga para decir o escribir”. Pero al mismo tiempo lo disfruto mucho. Me llevaba mucho más tiempo del que pensaba, y quizás por eso sentía que no era eficiente o interesante, y que por ahí no era lo mío. Entonces, como me gustaba, está bueno mantenerlo como ahora, que cada tanto lo hago y lo disfruto.

¿Cuánto a favor le juega esta explosión en España a la Selección?
Muchísimo. Sobre todo por el valor que se dan a sí mismo los jugadores. Los argentinos están en contacto permanente con lo mejor de Europa y conservando el ADN argentino, y eso los posiciona mejor para afrontar cualquier partido que toque, ya sea de clasificación en el continente o en un torneo internacional.

¿Qué ves de este grupo de la Selección?
Veo un equipo bien adaptado al básquet que se juega hoy en día. Veo chicos muy buenos físicamente, más allá de que como siempre tenemos un déficit de altura en la pintura. No tenemos un 2,15 metros volador, más allá de ver a algunos pibes que pintan muy bien a futuro y estaría bueno que nadie les cargue una mochila. Siento que tenemos una Selección para competir, que entiende el básquet por donde se mueve hoy, que se puede adaptar a jugar contra Uruguay jugando de una manera, y luego se acomoda a jugar contra Puerto Rico de otra forma, y eventualmente tendrá que adaptarse a jugar contra Lituania de otra manera. Creo que tenemos un grupo de jugadores que se puede adaptar a las tres condiciones de la misma manera. Miro el próximo Mundial con mucho optimismo.

Texto: Leandro Fernández/CABB

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