🇦🇷 HIJOS DE LA LIGA: LA HISTORIA DE GERMÁN Y FRANCO BARALLE

Nos metemos en la intimidad de la familia Baralle, un apellido con mucha historia en Atenas de Córdoba. Germán, el padre, jugó en Atenas a principios de los ’90 y ganó dos títulos en el Griego. Franco, el hijo, es el actual capitán del Verde cordobés y uno de los bases con mejor proyección dentro de la elite.

Nos metemos en la intimidad de la familia Baralle, un apellido con mucha historia en Atenas de Córdoba. Germán, el padre, jugó en Atenas a principios de los ’90 y ganó dos títulos en el Griego. Franco, el hijo, es el actual capitán del Verde cordobés y uno de los bases con mejor proyección dentro de la elite.

Cuando las raíces son los mismas, los caminos suelen tomar rumbos similares. En La Liga hay varios casos de estos. Está en la sangre, en los genes, en ese legado que uno, el padre, triunfante y con un recorrido ejemplar, le deja a su hijo, que toma la mochila y cargado de sueños va en busca de su propia historia. Hará el camino a su manera, de su forma, con su estilo, lo escribirá con su propia pluma, pero siempre es una valiosa guía tener como padre a un gran ejemplo.

En este sentido #HijosDeLiga relatará la historia de los Baralle.

Por un lado tenemos a Germán, el padre. La Chancha fue uno de los jóvenes integrantes de los planteles de Atenas de Córdoba allá por principios de los años ’90. Siendo uno de los bases del Griego, integró los planteles que se consagraron campeón de la Liga Nacional de Básquet en las temporadas 1990 y 1991/92. Fue parte de esas formaciones estelares, con Mario Milanesio y Pichi Campana dentro de las filas del club cordobés. Disputó un total de 4 temporadas en la máxima categoría.

Del otro lado tenemos a Franco, el hijo. Franco es uno de los jóvenes talentos que tiene La Liga, siendo con 21 años el capitán y el base titular de Atenas en este último tiempo y demostrando un considerable progreso a través de los años. Con paso por los seleccionados formativos de Argentina, viene demostrando un notorio rendimiento, lleva 5 temporadas dentro del Griego y a esto hay que agregarle un paso por la Liga Argentina para la temporada 2017/18 cuando vistió los colores de Tomás de Rocamora, sin dudas un antes y un después en su desarrollo.

La Chancha fue parte de los planteles de Atenas en los años 90 (Foto: Germán Ruiz / Prensa Atenas)

LA RETROSPECTIVA DE GERMÁN. Germán fue uno de los jóvenes jugadores que formó parte del exitosísimo ciclo de Atenas en los primeros años de vida de la Liga Nacional. Saltó a tener minutos en la competición para la temporada 1990, aquella liga corta, de transición, que arrancó en el verano de enero de aquel año y finalizó en junio. El Griego, en una serie al mejor de tres partidos, barrió con Sport Club de Cañada de Gómez por 3 a 0 en dicha edición y la Chancha fue uno de esos jugadores que comenzó a asomarse dentro del plantel.

Si bien luego conseguiría otro título más en la temporada 1991/92 con Atenas imponiéndose por 4 a 1 en la final sobre GEPU, y que al año siguiente en la 92/93 sería subcampeón con el mismo escenario de definición pero en esa oportunidad con título para el club puntano, Baralle sería uno de esos jugadores parte del recambio que tenía delante suyo a un tal Marcelo Milanesio, uno de los mejores jugadores de la historia de nuestra Liga. Esto haría que Germán tenga minutos reducidos dentro de la rotación, pero la experiencia de haber vivido esa etapa con Marcelo y cía fue invaluable.

“Nos tocó esa etapa que eramos juveniles, con una camada de jugadores tremendos. Nos tocó en esa época donde realmente se nos hacía difícil jugar, ahora en el presente los jóvenes tienen la posibilidad de competir a tan corta edad pero nada que ver a lo que pasaba antes. De esa camada de jugadores brillantes, te estoy hablando de Marcelo (Milanesio), Mario (Milanesio), Pichi (Campana), Germán (Filloy), Diego Osella, Luis Villar… americanos tremendos de esa época. Pero la verdad es que eso es secundario, porque yo remarco la fortuna y suerte de haber compartido equipo con jugadores de esa época. Nosotros eramos chicos, obviamente por ahí teníamos la posibilidad de jugar algunos minutitos y simplemente con eso estábamos satisfechos. Tuvimos la suerte incluso de haber logrado con esos jugadores una cierta amistad, donde al día de hoy hablamos y compartimos o partidos en veteranos, o algunos asados, o algunas juntadas que hacemos donde todo transcurre alrededor del básquet”.

“Justo se dio también que en ese tiempo en el que estuve se consiguieron dos títulos de Liga. El primero, conmigo siendo juvenil, un poco triste porque fue el del 90, el año que pasó lo de Palito (Cerutti), un golpe tremendo para ese grupo pero después que pasó el equipo se potenció, barrió la serie de esas finales contra Sport. Al año siguiente también con un equipo bárbaro, con Marcelo, Mario, Mily, Diego, Germán, Robert Siler y Wallace Bryant que era la dupla de americanos. Al otro año, en el 93, tuvimos la oportunidad de jugar un Sudamericano acá en Córdoba donde a los equipos se le permitía traer un refuerzo y Atenas trajo a Esteban De La Fuente”.

Franco por su parte no tiene memoria de dicha etapa de su padre como profesional ya que es categoría 99, naciendo casi seis años después de esa etapa de la Chancha como parte del plantel de Atenas. Lo primero que se le viene a la memoria ya es en etapa de los torneos de veteranos de su papá, y con ello también va recopilando entre algunas anécdotas y hasta algunos comentarios que reunió desde los ex compañeros de Germán. A su vez, hablando de experiencias pasadas y anecdóticas, también recuerda un suceso con una firma de Michael Jordan que quedó como un grato recuerdo familiar.

“Lo que sé de mi viejo más que nada me lo han dicho otros. No llegué a verlo como jugador profesional y la primera memoria que tengo es ya jugando torneos con los veteranos. Ya en esa época lo veía jugar con Mario, Mily, algunas veces ha ido Pichi, Donald Jones… ahí lo empecé a ver jugar. Más de lo que mi viejo fue como jugador lo tengo por lo que me han contado otros jugadores”.

“Generalmente cuando nos sentamos a hablar de básquet mi viejo me cuenta un par de anécdotas, algunas muy buenas. Mucho de juego no hablamos. En su época quizá le tocó estar en equipos con grandísimos jugadores para ese momento, pero las vivencias, de los viajes, y esas cosas me ha contado muchas. Así como también en su momento mi abuelo también lo hizo”.

“Ahora que salió la serie de Michael Jordan también me hablaron de una de esas vivencias donde fueron a París, y mi abuela me contó cómo había sido la historia de pedirle una firma a Jordan, que está en una servilleta. Fue en la última cena, la última noche en la que estaban ahí, era lo único que tenía a mano y bueno, se dio así. La tengo en un cuadrito, no sale de ahí ni loco, porque si la llego a perder o se ensucia me muero”.

Germán siempre presente en el crecimiento de Franco

UNA FAMILIA MUY ARRAIGADA AL CLUB. Los Baralle son una familia con mucha historia dentro de Atenas, de esos círculos que se mueven prácticamente a través de la vida de los clubes y lo que se puede generar a través de ellos, desde las actividades deportivas hasta las sociales. Remontándonos más atrás en el tiempo, desde Eder, el papá de Germán y abuelo de Franco, la familia está ligada a Atenas, recordando al presidente que se mantuvo en cuatro periodos al frente de la institución cordobesa.

Obviamente todo esto se transmite de generación en generación como bien marcada está la línea de Eder, Germán y Franco. Y se desprenden desde otros factores, como Laura, la esposa de Germán y madre de Franco, que también hizo básquet siguiendo un poco la misma pasión por la disciplina deportiva dentro de la familia. A su vez Valentina con voley y Facundo también con el básquet, completan un poco esa vida de club que los Baralle tienen dentro de sus rutinas.

“La historia nuestra y de toda la familia, siempre fue de chiquito en el club. Mi viejo siempre ligado al club también desde muy chico, fue jugador, entrenador, llegó a ser presidente… El club fue el patio de nuestra casa y Franco también te lo puede decir, porque nuestros amigos eran los compañeros del club, esa era nuestra vida, desde inferiores, amigos que tenemos desde esa edad por siempre estar viviendo dentro del club. Todo lo que transcurría dentro de la familia pasaba prácticamente por el básquet. Laura, mi señora, la mamá de Franco, también jugó al básquet, al femenino en un club de acá de Córdoba llamado Rieles que queda a 4-5 cuadras de Atenas casualmente”.

“A Franco le pasó lo mismo que a mí. Era llegar del colegio, hacer sus tareas, completar sus estudios y salir disparando para el club. Hoy le toca seguir a él, a mí me toca seguir ligado al club ahora desde la comisión directiva, y un poco con otro grupo de amigos, ex jugadores, chicos del club, para tratar de ayudar al club desde las divisiones formativas, logrando todo tipo de colaboración y transmitiéndoles un poco los valores y las enseñanzas que uno ha logrado. Pero siempre tratando de rescatar esa vida y esa formación que te da el club”.

“Franco de chiquito estaba siguiéndonos a todos lados, en partidos de veteranos, de liga local, y siempre mamando o viviendo el deporte. Franco tenía una particularidad en los partidos del torneo local que se jugaban en el club que ni bien se pedía un minuto y paraban el juego, agarraba una pelota y se metía a la cancha para tirar al aro, hasta que los árbitros lo sacaban. Historias, y siempre en todos los partidos, en Atenas, ya sea en el Cerutti o en el Orfeo, esas finales contra Peñarol… Franco estaba siempre. Ellos son tres hermanos, Franco es el más grande, después viene Valentina que es la del medio y que también está en el club jugando al voley, y Facundo que es el más chiquito, de 10 años que también está en el minibásquet del club”.

Por su parte, Franco también busca irse atrás en el tiempo y buscar esos recuerdos de muy chico con una pelota de básquet. Ya la misma descendencia de su familia lo lleva a situarse dentro de una cancha de básquet, desde recordar cada vez que se metía dentro de una cancha en algún tiempo muerto para tirar al aro siendo apenas un niño hasta sus primeras prácticas como jugador del club, pasando por esos momentos donde no se enfocaba tanto en los partidos de Liga y aprovechaba ese momento para jugar o corretear por el club.

“En los partidos que jugaba mi viejo, cuando se pedía algún minuto me mandaba a la cancha para tirar al aro hasta que sacaban. Agarraba una pelota y entraba a la cancha. Dependía de algunos árbitros también, había algunos que no me dejaban ni entrar (risas). Nuestras salidas eran siempre ir a la cancha, todos en familia, imaginate que todas las tardes y todos los días son dentro del club. Yendo a la cancha, al Cerutti, a esos partidos chivos que tenía mi viejo de veterano, siempre ahí acompañándolo a todos lados. Generalmente no jugaban en Atenas sino que siempre jugaban en Maipú, que tenía unos aritos al costado y cuando mi viejo me llevaba me la pasaba siempre en todos los partidos tirando en esos aritos del costado”.

“De partidos de Liga, lo primero que se me viene a la cabeza son esas finales entre Atenas y Peñarol. Antes de eso lo que menos hacía cuando iba al Cerutti era mirar los partidos, al contrario, anda boludeando, corriendo, ni veia el partido. Lo único que hacía era después preguntar cómo había salido, solo eso (risas)”.

“Me acuerdo que mi primera práctica de básquet fue en la cancha de voley, ahora se usa solo para el voley pero en ese momento los chiquitos que arrancábamos entrenábamos ahí. Mi primer entrenador fue Juan Pablo Mascaró, que ahora es asistente de Regatas. Me acuerdo que mis primeras zapatillas habían sido unas Topper de lona, y la verdad es que pasaba mucho tiempo dentro del club. Todavía no estaba la cancha de parquet, y me mandaban siempre a la escuela de verano del club. Siempre lo pasaba ahí”.

Franco ha tenido un crecimiento constante año tras año desde 2016 (Foto: Prensa Atenas)

EL APOYO DE PADRE A HIJO EN CADA DECISIÓN. Como familia, y en este caso de padre a hijo y viceversa, el acompañamiento entre ambas partes es constante, en todo momento. Ambos se apoyan y sin dudas que la naturaleza de seguir el camino del deporte también tuvo esa compañía de toda la familia. Todo se dio tan simple que simplemente el paso de los años y la pasión por el básquet fueron llevándolo a Franco a convertirse cada día más en un jugador profesional. Ante esa postura, el propio joven base de Atenas explica cómo se fue dando todo, incluso cuando el deporte se juntaba con el estudio.

“De chiquito además del básquet arranqué con fútbol, hacía las dos cosas en un momento, estando en la escuela, no recuerdo bien cuántos años tenía en ese entonces. Los sábados recuerdo que a la mañana hacía fútbol, volvía a mi casa, almorzaba, y ya me iba a jugar al básquet, el partido de los sábados con minibásquet. No recuerdo de haber tomado una decisión sino que fue más por instinto, me fui inclinando por el básquet de forma natural”.

“En un momento cuando me seleccionan para selección argentina, que logro quedar entre los 12 y yo estaba en cuarto año de la secundaria, se me complicó muchísimo porque tuve como 30 faltas entre viajes, concentraciones de una semana, y la verdad es que se me hacía muy difícil. Fue un momento donde tuve que decidirme por así decirlo por el básquet o el estudio, decidí el básquet claramente. Con el tema del estudio, todo el año estuve comiéndole la cabeza a mi mamá, mi papá no tanto porque por ahí ya sabía que quería que me inclinara por el básquet, pero mi mamá era la más insistente en que yo siga estudiando. De hecho seguí estudiando, me cambié a un colegio que era para deportistas donde rendía libre, y pude terminar el colegio ahí. De hecho tenía la posibilidad de ir a entrenar a la mañana que también había arrancado a entrenar con la Liga, a su vez arrancó Liga de Desarrollo”.

La experiencia misma de Germán hacia Franco siempre han servido como una experiencia valorable para el pibe del Griego. Desde muy joven, Franco ha mostrado una madurez en su carácter y en su forma de desenvolverse como así también a la hora de declarar. En este sentido, siempre se mostró como un jugador centrado que tiene claros conceptos, y esto se marca entre consejos y situaciones que sostuvo y sostiene para con su padre.

“Con mi viejo no hablamos mucho de básquet, o de aconsejarme algo referido al básquet. Mi viejo siempre me inculcó que las cosas se logran con humildad y sacrificio, entonces tampoco que fue para otro lado. También en parte creo que fui yo, que no me dejo mucho, porque cuando iba creciendo y empezando a tener noción de ciertas situaciones fui viendo algunas cosas en el deporte en general, donde me pasó esto de recriminar mucho a los padres que estaban detrás de una tribuna gritándoles a los chicos lo que tenían que hacer. Entonces como que desde muy chico tomé de referencia que eso era malo, yo no quería eso para mí, y alguna que otra vez lo hemos hablado con mi viejo. Los chicos se tienen que ir a divertir en esa etapa, y la competencia y el resultado final no es lo importante”.

“No hablamos mucho sobre consejos basquetbolísticos, pero sí a veces le pido que me cuente algunas anécdotas o experiencias, para saber cómo se manejaban en esa época. La verdad es que cambió muchísimo el básquet, por ahí tenemos dos visiones de básquet diferentes, y por ahí hay ciertas cosas en las que pensamos diferentes, pero la verdad es que yo aprendo y me gusta escuchar mucho de sus vivencias como jugador, de haber compartido equipo con jugadores como Marcelo o Pichi, jugadores de gran peso en la Liga. Siempre me gusta saber sobre sus experiencias y anécdotas”.

Por su lado, la Chancha conoce muy bien el carácter de su hijo mayor y entiende que ese crecimiento e inclinación a seguir su carrera como jugador proviene de la determinación que siempre supo mostrar. Desde los estudios secundarios, pasando por la autoexigencia del propio Franco para rendir en todo momento e incluso con los consejos, Germán se muestra como un padre que apoyó siempre y en todo momento las decisiones de sus hijos.

“Como familia siempre lo apoyamos, apoyarlo en sus decisiones. Desde chico vi a Franco muy decidido y fueron cosas que se fueron sucediendo de a poco, y que él también se fue dando cuenta paso a paso que podía aspirar a más. Obviamente que todo esto fue con todo el esfuerzo y la dedicación que le fue poniendo. Cualquier padre y madre quiere que mínimamente su hijo termine el secundario y Franco con mucho esfuerzo lo pudo lograr”.

“Las cosas se fueron dando solas, pero con él totalmente decidido. Quitándole presión en todo momento porque para él tampoco era fácil, porque por ahí tenía una familia que siempre transcurrió en el club, que estaba metida en el club desde siempre. Para él no debe haber sido fácil, nosotros notábamos que en muchos momentos se autopresionaba. La realidad es que no nos tenía que demostrar nada a nosotros, ni porque tenía un apellido dentro del club ni por hacer tal u otra cosa. Todo se fue dando de forma linda”.

“Se habla de básquet solo cuando él saca el tema, no es que permanentemente uno le estaba picando la cabeza con que hiciste esto bien o hiciste esto otro mal. Cuando necesita hacerlo se sienta él a hablar con nosotros y se habla, pero en la familia se habla de cualquier otra cosa menos de básquet, que por ahí es lo más sano porque es sacarlo de ese enfoque”.

Fran Baralle junto a otros dos jóvenes talentos griegos como Leo Lema y Mateo Chiarini

EL CRECIMIENTO DE FRANCO. Sin lugar a dudas que el crecimiento y la explosión de Franco en Atenas se ha ido dando de forma paulatina. Para la Chancha esto genera una entendible sensación de satisfacción por ver el camino recorrido por su hijo hasta ahora, aunque la realidad es que también es conciente de que todavía le falta un tramo importante por recorrer, sabiendo que todavía es un jugador muy joven de 21 años y que por delante quedan más experiencias por aprender y un largo camino por emprender.

“Me da orgullo y satisfacción ver el camino que está recorriendo, pero por las vivencias que uno ha tenido también es cierto que no se tiene que quedar solo con eso. Obviamente disfrutarlo, pero también le tiene que servir para que cada día no baje los brazos y seguir adelante. Esto que le está pasando ahora en el deporte le va a pasar más adelante en su vida normal, cuando forme una familia, o por ahí cuando le toquen momentos duros que va a tener que superar. Franco es muy fuerte mentalmente, pero siempre con esa humildad y ese perfil bajo, y eso también es lo que trata de llevarlo”.

“Este año cuando le comunicaron que iba a ser el capitán del equipo como que se sorprendió, porque generalmente un capitán es la voz de mando, el que grita e indica, y Franco en ese sentido es más de perfil bajo, de demostrar desde su juego, y entonces eso es lo que trata de contagiar al resto de sus compañeros de equipo. Obviamente orgullo y satisfacción para nosotros, y en su caso lo toma como un premio más para seguir creciendo en su carrera”.

Franco por su parte recuerda ese paso a paso de su evolución y crecimiento, desde aquel debut en la temporada 2015/16 donde tuvo pocos minutos a tener en la siguiente campaña varios minutos más con un equipo que, más allá de los resultados, ya no peligraba en su posicionamiento dentro de la tabla y se dio el gusto de poner a la cancha a varios pibes para foguearlos. Dentro de esos pibes que utilizaron aquella 16/17 como mesa de ensayo para adquirir una fuerte experiencia, estaba Franco junto con otros dos pibes como Mateo Chiarini y Leonardo Lema quienes sobre el cierre de dicha campaña sumaron un mayor rodaje. El hoy capitán de Atenas explica esa situación hasta que en la 17/18 se encontró con minutos reducidos y un panorama de cierta incertidumbre.

“La primera temporada fue la 2015/16 creo, sin mucha participación obviamente por cosas que no pasaban por mí, me tocó jugar porque al equipo no le estaba yendo bien y estaba peleando por el descenso, los jugadores de mi puesto estaban lesionados y en un momento se habían lesionado los dos, jugaba el Chuzo González de dos pero también de uno, entonces decidieron ponerme a mí. La siguiente temporada que tampoco le fue muy bien al equipo, que fue la temporada que descendió Echagüe, en un momento había agarrado el Turco Arduh y el equipo ya estaba prácticamente salvado, entonces nos tocó tener mucha participación a los más chicos. Al empezar a tener minutos, siendo en el tramo final de la temporada, en ese momento no me di cuenta pero me creí que estaba capacitado para jugar y rendir en el equipo”.

“A la siguiente temporada que arrancamos con Nico Casalánguida la verdad es que tenía las expectativas muy altas, que a lo largo de que comenzó el año se fueron cayendo. Problemas que creo que tenemos las personas que se crean expectativas muy altas de las que uno debería tener, o poniéndose ambiciones muy grandes, y después cuando pasa algo malo te terminás desilusionando o cayendo en un bajón. Esa temporada me pasó eso al no jugar, y me di cuenta en la temporada siguiente que estaba bien que no jugase, porque no estaba preparado para jugar. Estaba Donald Sims de base que era un monstruo, uno de los mejores jugadores de la liga, campeón, de los mejores en la final… y también estaba Juan Pablo Cantero que es un grandísimo base con muchísima experiencia. Claro, yo no tenía mucha participación y ahí fue que decidí irme a jugar el TNA”.

Franco tuvo un paso importante por Rocamora en la temporada 2017/18 (Foto: Prensa Rocamora)

En ese momento, Franco tuvo que decidir un cambio importante dentro de su carrera, que fue su salida momentánea de Atenas para ir a buscar minutos de calidad a otro lugar. Existía la posibilidad de seguir en el Griego y jugar Liga de Desarrollo, aunque en ese momento apareció Tomás de Rocamora, un club que desde siempre apuesta al desarrollo de los pibes y donde Franco iba a tener una experiencia distinta al pasar a jugar la Liga Argentina de Básquet.

Fue entonces cuando el base de 21 años tuvo un punto de inflexión en su joven carrera, sumando un interesantísimo paso por la segunda categoría con el Rojo uruguayense (promedió 10,9 puntos, 3,3 rebotes, 2,1 asistencias y 24,7 minutos en 24 presentaciones). Rocamora siempre se ha caracterizado por catapultar a varios chicos en busca de experiencia y los resultados están a la vista, y dentro de este aspecto Franco no fue una excepción y eso le valió para volver mucho más consolidado desde su juego a Atenas al año siguiente. El cambio, desde lo personal, también ayudó en esa maduración que más allá de la parte atlética también le valió para su desarrollo individual.

“Había dos caminos: quedarme y jugar Liga de Desarrollo que en ese momento no creía que era un buen nivel para mí, o ir al TNA que era lo que creí que me iba a servir mucho más y me iba a hacer mejor, porque me iba a foguear con grandes jugadores que habían pasado por la Liga, jugadores mayores de edad, más maduros. Y eso sumado al hecho de irme de casa, salir de mi zona de confort, irme a vivir a otra provincia sin conocer nada, viviendo solo, dejando de lado muchas cosas como la comida de mamá que parece una boludez pero en realidad no lo es. Y a partir de ahí no solo crecer en lo basquetbolístico sino también en lo personal, crecer como persona, hacer amistades que tengo muchos amigos de Concepción del Uruguay además de tener a mi novia que es de ahí. Generé muchos vínculos y amistades allá, cada vez que voy allá mis amigos me invitan a comer asado… la verdad es que fue importante para mí”.

“A la temporada siguiente volví a Atenas y ya tuve la oportunidad de ser el base titular, tuvimos un gran Súper 20 y después lo que pasó en la Liga fue que no nos pudimos mantener en cuanto al nivel, algo que por ahí nos falta a los más chicos por falta de experiencia más que nada. Por eso son importantes los grandes jugadores, para poder mantener eso. A mí me sirvió mucho para ser mejor cada día, no solo en lo basquetbolístico sino también en lo personal”.

Para Germán, tenerlo a Franco más lejos de casa no se dio de forma tan convulsionada porque casualmente toda la familia había planificado irse de vacaciones a Concepción del Uruguay, la casa de Rocamora (Franco se fue en el receso por las fiestas navideñas, así que el cambio encajó justo dentro de los planes de la familia). Y de la misma forma que cree el joven base, la Chancha confiesa que la llegada de su hijo a la institución entrerriana fue valiosísima por cómo sirvió en lo que respecta a su proyección.

“Se dio todo muy raro. Franco se fue los primeros días de enero a Rocamora y justo nuestras vacaciones las habíamos decidido programar en Concepción del Uruguay, un lugar que no conocíamos y que la verdad aprovechamos para recomendárselo a todos porque tiene unas playas y un río espectacular. Coincidió todo que justo también los primeros cuatro partidos que jugó Franco y Rocamora eran todos de local, así que aprovechamos y los vimos todos. Desde que llegamos notamos un club espectacular, un club familiar, con muy buena gente. La verdad es que fue el lugar indicado para Franco, para su primera salida y para su contención en lo personal, porque no es fácil para un chico tan joven irse. Pero creo que fue un lugar espectacular porque la gente es de primera, tanto la que rodea el club como la propia, y también en lo deportivo”.

En el 2015, llegaron a jugar juntos en la primera local de Atenas (Foto: Prensa Atenas)

LA EXPERIENCIA DE HABER JUGADO JUNTOS. Para mayo del 2015, y aún sin haber debutado en la Liga Nacional, Franco vivió una experiencia bastante particular al debutar en la primera del torneo local con Atenas y con el agregado de integrar la formación junto a su padre Germán. Particularidades si las hay, Franco tenía 16 años y Germán 44, siendo la primera vez que se da una situación así dentro del club en el marco de un partido oficial. La Chancha explica cómo se dio todo esta situación, porque aunque alguno que otro día podía costar más desde lo físico siempre estaba para decir presente en la cancha y sobre todo aquella noche del 15 de mayo cuando pudo jugar con su hijo.

“Surgió con uno ya de grande, esas ganas que le agarran a uno ya de grande y hasta por ahí le pide permiso a los entrenadores de correr un ratito con los chicos. Ese año la verdad que nos sentíamos bien físicamente, pedí permiso para ver si podía entrenar con ellos y si se daba la posibilidad por ahí jugar también. Quizá se complicaba un poco con lo laboral porque llegás a la tardenoche reventado, pero se puede armar el bolso e ir al club. Fue lindo, un año que sirvió físicamente, lo pudimos hacer porque la verdad es que también el entrenador Mauricio Ronzoni”.

“Nos puso, justo dio la posibilidad y jugamos un partido juntos. Lo más raro fue esa sensación de que de padre a hijo y de hijo a padre pasarse la pelota, algo medio extraño (risas) pero muy lindo a la vez. Sinceramente fue una noche bárbara. Nos quedó esa anécdota de que en Atenas fue la primera vez que padre e hijo jueguen un partido oficial”.

Para Franco, la vivencia tuvo una mezcla de sensaciones importantes y fuertes. Si bien no era muy conciente de lo que significaba jugar con su papá en ese momento, siendo todavía tan chico, también es cierto que el contexto dentro del que estaba el pibe de Atenas era especial. Jugar con Germán fue un fuerte agregado más a otras situaciones que también se daban esa noche, como el mencionado debut en primera y el ser un partido contra Instituto en un clásico provincial (el partido se jugó en el Cándido Magris por la 6° fecha del torneo organizado por la Asociación Cordobesa de Básquetbol).

“Seguramente mi viejo lo sintió mucho más especial que yo en ese momento, porque yo era un niño todavía. Debe haber sido muy especial para mi viejo. Fue muy raro porque también fue el debut mío en la primera local, fue un conjunto de cosas. El partido fue encima contra Instituto me acuerdo, que tenía una muy buena primera porque en ese entonces estaba por ejemplo de base Martín Cabrera. Así que también era un desafío para mí. Pensá que tenía 16 años, que estaba debutando, que iba a jugar contra jugadores de primera, fuertes físicamente, de buen nivel, y todo eso sumado a que jugaba con mi viejo (risas)”.

“Todos sabían que ese día estábamos jugando padre e hijo, entonces como que sentía que todos los ojos estaban puestos en nosotros, en ver qué hacía el uno y el otro, en si nos dábamos algún pase y cosas así. Pero fue lindo, yo lo viví muy bien, quizá con muchas cosas que iban pasando en el medio pero bien, la verdad es que viví muy linda esa situación”.

Germán y Franco (fotos: Solo Básquet y Germán Ruiz)

EL ESPEJO ENTRE AMBOS. Por supuesto que más allá del camino que haya elegido Franco la decisión de la familia Baralle es acompañar cada rumbo que emprendan sus hijos. No se trata de imponer o marcar una línea a seguir, sino de apoyar, de estar con cada uno en cada paso. Se entiende que a través de las decisiones propias uno adquiere experiencia, pueden ser aciertos o errores, pero es convivir con esas elecciones personales y crecer mediante las mismas. Sin dudas, un muy sano camino para la formación de cada joven.

“Sin dudas que genera una gran satisfacción y orgullo ver el camino que Franco está realizando. Como familia, como padres, siempre le inculcamos que tiene que tomar las deciones por sí solo. Obviamente como familia nosotros le podemos decir por ejemplo esto es lo bueno y esto lo malo, pero él tiene que decidir. Las decisiones pueden ser buenas o malas, pero nosotros solo acompañarlo como familia en cada paso y por ahí mostrarle qué puede estar bien y qué mal. Pero si él toma la decisión lo apoyamos al 100%, después el tiempo dirá si hizo bien o no, pero básicamente es apoyarlo y que solo se cuenta de las cosas y eso le va a permitir ir creciendo en su vida”, explica Germán.

Por su parte, más allá de tomar cada consejo y cada sabia palabra de sus padres, la imagen que refleja la Chancha en todos los conocidos que tiene dentro del ámbito del básquet representa un símbolo de admiración para Franco. Por su padre, porque es aquella persona que más allá de poder trascender por su incursión en una de las etapas gloriosas de Atenas a su vez el recuerdo siempre está en su calidad humana. Claramente, es uno de los mejores espejos de referencia que puede dejar una persona como huella dentro de su vida.

“Cada vez que íbamos a un torneo siempre me he cruzado a varias personas y jugadores que me han dicho ‘Uy tu papá es la Chancha’, que esto que lo otro, ‘Yo jugué con tu papá’… cosas así, siempre marcándome cómo lo recordaban. Hablo de personas que quizá no conozco y que han sido grandes jugadores de básquet, que yo no tenía idea. Después con el grupo de veteranos que jugaba mi viejo siempre lo recuerdo porque me iba a todos los partidos y me los veía todos, iba siempre, me veía todos los partidos. Si faltaba a alguno era porque a lo mejor jugaba un domingo y mi vieja no me dejaba ir porque al otro día tenía clases. Y siempre ese grupo me ha hablado muy bien de mi viejo, personas que han formado parte de su grupo a través de los años y que son parte de su vida, desde minibásquet y juveniles que han compartido desde chiquitos. Eso siempre me generaba una sensación muy linda”.

Texto: Lucas Leiva para La Liga Contenidos

 

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