🇦🇷 ARIEL ZAGO, UNA HISTORIA DE SUEÑOS, ASCENSOS Y SUPERACIÓN

El pivote chaqueño es uno de los jugadores con más cantidad de ascensos en la historia de la categoría, dueño de 4 logros (La Unión de Formosa 2005, El Nacional 2007, La Unión de nuevo 2009 y Libertad 2018). Su historia de vida y la Liga Argentina, surgido en Libertad de Sunchales, ciudad a la que llegó a los 14 años oriundo desde su Villa Ángela natal para trazar un recorrido prestigioso que lo encontrará la próxima temporada en Oberá.

Ariel Zago es uno de los máximos referentes que tiene la historia de la Liga Argentina de Básquet. El pivote chaqueño es uno de esos jugadores que ha sabido escribir (y lo sigue haciendo) páginas importantes dentro de la categoría a través de los años. Hoy es uno de esos estandartes que jerarquizan la competición, teniendo sobre los hombros casi diez temporadas dentro del segundo escalón, más allá de también ser un jugador con un recorrido más que extenso sobrepasando las diez campañas en la elite, en la Liga Nacional.

Repasando un poco su carrera, podemos entender rápidamente la jerarquía de un jugador top como Zago. Y si bien fabricar ese nombre y esa importancia que tiene requirió de un par de años, para el interno encontrar un éxito prematuro dentro de su carrera no se tardó tanto como en otros casos. Y es que ya en sus primeras campañas fue logrando títulos: récord de conseguir, en sus primeras cuatro temporadas de la categoría, tres campeonatos con ascenso a la Liga Nacional incluido.

En total, con otro título y ascenso más venido a la actualidad, lleva 4 campeonatos: La Unión de Formosa 2005, El Nacional de Monte Hermoso 2007, nuevamente La Unión de Formosa 2009 y Libertad de Sunchales en 2018. En el medio de los primeros tres, la única temporada en la que jugó la segunda división sin conseguir título fue en 2008, lo que arroja un saldo fascinante en los albores de su carrera. Luego, con el paso de los años y jugando a través de otros equipos, equilibraría un poco ese balance que aún así sigue siendo excelente (4 ascensos en 9 temporadas).

Desde su Villa Ángela natal y cargando una mochila de sueños cuando decidió emprender un largo viaje de casi 500 kilómetros rumbo a Sunchales con tan solo 14 años, muy chico pero con una ilusión enorme, Zago comenzó a transitar un camino de grandes emociones. Llegó a Libertad donde arrancó desde muy abajo, pasando por las formativas del club donde en el medio también cursaba el secundario en el colegio. Con el paso de los años le fue llegando la posibilidad de vislumbrar el primer equipo, y en ese entonces tuvo su debut, en la 2001/02 de la máxima división con los Tigres.

A Libertad llegaría en el 99, y se mantuvo allí hasta el 2004, teniendo participación (aunque muy pequeñas por cuestiones de la juventud y aún falta de experiencia) hasta la 2003/04 inclusive. Para la siguiente campaña, 04/05, pasaría a préstamo a La Unión de Formosa para buscar minutos de calidad, donde tuvo su debut en la Liga Argentina y consiguió el ascenso a la A en el 2007, en ese primer año y compartiendo equipo con referentes como Mario Romay, Fernando Posseto, entre otros. Retornó a Sunchales para la siguiente campaña (05/06), para jugar nuevamente Liga, y luego volvió a armarse las valijas para emprender nuevos rumbos.

Llegó a Monte Hermoso, firmando para El Nacional que en ese entonces había llegado a un convenio con el municipio de la ciudad balnearia para hacer las veces de local en el Polideportivo montehermoseño. De la mano de Juan García y con compañeros como Mario Sepúlveda, Mariano Castets o Fede Ferrini, sumó su segunda estrella y ascenso a la elite (06/07). Inmediatamente volvió a Formosa para buscar un ascenso, y aunque no se dio en el primer año (07/08) terminó consiguiéndolo en la siguiente temporada (08/09), sumando un nuevo logro con La Unión. En esta segunda meta cumplida con los formoseños, compartió equipo con jugadores de la talla de Rafael Costa, Pablo Fernández, Pablo Barrios, Ariel Pau, entre otros.

Siendo muy joven, en La U, consiguió dos ascensos tanto en 2005 como en 2009

Entonces comenzó a asentarse en la máxima categoría, ya siendo un jugador de terreno y después de haberse ganado un prestigio en el ascenso. Se dio el gusto de jugar Liga Nacional con La Unión de Formosa (09/10 y 10/11), luego jugó con Bahía Basket (11/12), volvió a su ciudad para jugar en Villa Ángela con Unión Progresista (12/13), regresó a La Unión (13/14) y también jugó en Concordia con Estudiantes (14/15).

Esa misma campaña con Estudiantes, tras jugar media temporada en el Verde entrerriano, decidió retornar a la segunda categoría para jugar con Ferro Carril Oeste (14/15), donde alcanzaría a jugar por uno de boletos por el ascenso a la elite pero los de Caballito terminarían perdiendo esa oportunidad en semifinales ante Instituto de Córdoba, equipo que terminó siendo el campeón. Venía de un periodo con sensaciones fuertes desde lo emocional, con una pérdida familiar muy fuerte y devastadora, y así fue como decidió regresar a su ciudad natal para estar cerca de los suyos, jugando para Villa Ángela Basket (15/16 y 16/17).

Tras esos dos años en Villa Ángela y luego de que la fusión decida no seguir participando en la categoría, llegó ese llamado que aparecía casi como un pendiente en su carrera: Libertad de Sunchales (17/18). En Sunchales había pasado toda su adolescencia, Libertad fue su primer club y quizá no había podido ser partícipe y protagonista de una de las tantas alegrías de una institución histórica en la Liga. Por eso esa vuelta fue especial, ya con un Zago muchísimo más experimentado, ya sin ser ese pibe de veinte años que armó sus valijas en 2006. Y con una misión enorme por delante: devolver a los Tigres, que habían bajado a Liga Argentina, a la máxima categoría. Bruno Barovero, Gregorio Eseverri, Andrés Landoni, entre otros eran los compañeros que tuvo Zago en aquella temporada. ¿El resultado? Temporada arrasante para Libertad, que ganó el primer Súper 4 de la historia y luego conseguiría el ascenso a la Liga Nacional. Todo esto, con Ariel cumpliendo una labor fundamental.

Entonces se dio otro gusto más y renovó con Libertad para la siguiente campaña (18/19), cumpliendo el objetivo de también tener protagonismo con su club en la elite, ya que en su entonces también jugaba poco porque recién comenzaba su carrera. La pasada campaña recaló en San Isidro de San Francisco (19/20), nuevamente en Liga Argentina, para ya situarnos en lo que será su próximo paso: Oberá Tenis Club. Con el Celeste misionero firmó contrato para jugar la 2020/21, su nuevo y venidero desafío, pasando a ser parte de un club dueño de uno de los proyectos más serios de la actualidad y que también viene de una última campaña donde demostró que está para pelear por grandes cosas.

¿Cómo estás viviendo toda esta etapa de aislamiento a la espera de, en el caso tuyo porque ya tenés definido equipo para lo que viene, armar de nuevo las valijas?
Ahora bien, sí, tranquilo pero con ansiedad. Mi idea es irme lo antes posible a Oberá para ya poder ponerme a entrenar un poco más, incluso sabiendo que cuando lleguemos voy a tener que hacer algo de 14 días de cuarentena. Encima acá tenemos un temita con lo del hisopado, así que estamos viendo cómo solucionarlo para irnos lo antes posible, así tenemos disponible cancha y gimnasio porque acá en Villa Ángela cuando se cerró todo también pasó con los clubes y con los gimnasios. Lo único que vengo haciendo en estos días era correr allá en el campo, que tengo kilómetros y kilómetros para correr pero a su vez sé que no es el entrenamiento que necesito y me sirve. Valorizamos en su momento el tener ofertas de trabajo este momento tan delicado, sabiendo incluso cómo está todo tanto en Argentina como en el mundo, porque la realidad es que quizá hay mucha gente que no tiene para comer y nosotros nos preocupamos solo por la cantidad propuestas que hay… como que no nos podíamos quejar. Así que estaba analizando la situación, donde está la situación tengo a mi señora embarazada y va a ser la primera vez que vamos a ser papás, entonces se fueron sumando un montón de preguntas a la hora de decidir dónde y cómo continuar mi carrera. Todo esto porque también pensaba en no poner en riesgo el embarazo, que ahora está de seis meses y medio. No sabés lo que era, estuve dos semanas pensando bien qué hacer, si jugaba o no, entonces en Oberá me esperaron ese tiempo mientras armaban el equipo para la próxima temporada. Pensé miles de posibilidades, pero con el paso de los días pasó que me terminé de convencer, de estar decidido por completo y aceptar lo de Oberá que es una chance hermosa. Ahora estamos viendo cuándo viajamos a Misiones, ansiosos para arrancar.

Con Libertad, el club al que llegó a los 14 años para formarse y defendió en siete temporadas

Quiero hacer un vistazo a lo que te llevó a ser el jugador que sos hoy. Si bien vos te formaste desde muy chiquito en Libertad, después de varios años en el club, quizá el primer logro fuerte fue cuando te fuiste por primera vez y pasaste al TNA para jugar en La Unión.
Esa primera temporada con La Unión la tomé para crecer ya que en ese entonces en Libertad no tenía lugar, eran equipos muy competitivos y yo era juvenil, así que ese préstamo a Formosa me vino bárbaro para sumar minutos. Ese año se termina dando el ascenso y después se dio que empecé a tener más minutos en los equipos que fui integrando.

¿Al año siguiente te volvés a Libertad, no? Porque después viene Monte y otra vez La Unión.
Sí, exacto. Después de ascender ese primer año con La Unión me vuelvo a Libertad al año siguiente, que perdimos esa final de la Liga en el 2006, y después me voy a Monte un año donde también ascendemos y luego regreso a Formosa donde la idea también era volver a subir. El primer año no se dio pero el segundo año volvimos a ascender. Es como decías vos, esos tres primeros ascensos se dieron muy rápido y fueron muy lindos porque fueron casi todos juntos, pegados, y en una etapa personal en la que yo me sentía muy bien. Era pendejo y tuve la suerte de vivir cosas lindas.

Tuviste un cambio radical en cuanto a roles o expectativas sobre vos desde aquel primer año en Formosa a la temporada del ascenso con Monte. O sea, en dos o tres años pasaste de ser un jugador más para pulir a ser una ficha fija importante.
Lo que creo que pasó es que al equipo de La Unión del primer año como que todos lo subestimaron y como que la gente lo tomó como si fuese suerte. Pero a mi entender hicimos un muy buen equipo, teníamos muchísimo material y nos conjugamos bárbaro. Después terminé sumando un par de minutos en Libertad que no era mi idea, porque mi intención era continuar en Formosa para jugar Liga sabiendo que iba a tener muchos más minutos ahí y me iba a servir para seguir creciendo, pero la decisión fue de Libertad porque ellos tenían el paso y eligieron que me quede en Sunchales. Ese año jugué menos de lo que pretendía quizá, pero también tuve algunos minutos importantes en la parte final de la temporada. De ahí me voy a El Nacional y es verdad, quizá ahí mi protagonismo ya pasó a ser otro, mi cabeza también cambió muchísimo. Ese año creo que fue uno de los mejores a nivel personal con Juan (García), que me puso muy bien no solo física sino también mentalmente. Fue otro mi rol dentro del equipo, ya era más protagónico si se quiere decir.

No sé si Monte fue así también pero… ¿esa vuelta a Formosa fue la primera donde tuviste que manejar la presión de ser candidato?
Sin dudas, porque La Unión venía de bajar . El segundo año mío en Formosa ya estaba esa presión de que había que ascender sí o sí, y al tercer año digamos que estoy ahí en Formosa, con Gabi Piccato, se terminó armando un equipazo. Obviamente que la presión era diez veces más pero con ese equipo a toda esa presión la convertimos en algo bueno dentro del día a día y la fuimos llevando de diez. En el primer año del ascenso con La Unión fue casi hasta febrero como que todavía todos esperaban que nos cayéramos, pero me acuerdo incluso que lo hablamos entre todo el grupo, más aún con Mario (Romay) y Nano (Posseto) que eran los de más experiencia, nos dijeron que realmente estábamos para más y lo que la gente, prensa u otros equipos digan no importaba, que nosotros teníamos que ir por todo. Y esa presión que teníamos ese año fue más algo que nos pusimos nosotros mismos, presiones individuales te diría, yo por ejemplo quería jugar bien para mostrarme, otro quería volver a estar en un equipo competitivo, y así… cada uno tenía sus propias presiones en ese primer año. Son de esas presiones lindas, porque son disfrutables y como que vas contra vos. Nosotros jugábamos en equipo claro, pero cada uno tenía su desafío, lo que necesitaba hacer. Yo quería mostrarme, jugar minutos importantes y demostrar que podía jugar, era muy pibe todavía. Cada uno del equipo sabía también lo que se necesitaba. Ese equipo fue una gran familia, siempre lo digo, fue muy difícil de superar en ese sentido. Eramos todos pendejos, José Fabio que estaba un poco en el medio, y después teníamos a Rodney Gidney, Mario, el Nano y () Barraza que eran los papás nuestros… así les decíamos nosotros (risas). Por eso fue diferente a la segunda etapa que me decís, donde ya para la gente y todo el ambiente teníamos que ser protagonistas y buscar el ascenso, porque para eso estaban planeados los equipos que se armaron.

La última 2019/20 la jugó para San Isidro de San Francisco

La presencia de esos referentes termina siendo clave. Recién hablabas de ese primer año en Formosa, pero en Monte también se puede hacer la comparativa con Sepúlveda y en el segundo ascenso con La Unión tenías por ejemplo a Rafa Costa.
Claro, ese año del ascenso con El Nacional era Marucho en quien más nos apoyábamos y quien más nos hablaba, porque siempre fue un líder y nos unió mucho como grupo. Alguien con sus características hace que todo funcione bien. Y en La Unión el segundo año también, Rafa Costa y Pablo Barrios, a los que también jodíamos con que eran los viejitos del equipo (risas).

Ya más acá en el tiempo te tocó vivirlo a vos ese rol de referente, ¿Cómo absorviste todo eso que tuviste de muy chico en los primeros años para plasmarlo vos después a los pibes de ahora?
No tengas dudas que sí, y a mí me tocó vivir todo eso ahora por ejemplo con el ascenso de Libertad, ser un poco el papá de los chicos. Es lindo conseguir cosas a lo largo de la carrera, porque a mí me tocó siendo pibe, en una situación intermedia, y ahora en este último tiempo me tocó hacerlo desde el lugar que en su momento tenían los mayores que nombrábamos, y quienes me marcaron también para entender cómo se manejaban ciertas situaciones, cómo detectarlas y cómo tratar de resolverlas. Eso me llena de orgullo porque quiere decir que algo de eso que me dieron ellos me quedó para mí, que lo pude llevar para mí y que lo pude plasmar. Uno se queda conforme con lo que logra y eso es lo que está bueno, más allá de lo fuesen títulos o logros, sino esas enseñanzas que uno tiene de compartir momentos y situaciones con personas tan valiosas. La parte de Libertad por ejemplo me marcó mucho también porque era un equipo con muchos pibes y después de los más viejitos quizá eramos el Goyo (Eseverri) y yo… nosotros dos quizá eramos los que más intercedíamos, que poníamos a veces un límite con algo, que para cortar un boludeo y para entrenar en serio, y cosas así. La experiencia del manejo de grupo. Es lindo contar las buenas y recordarlas, pero también está la otra realidad y es que es más lo que se sufre.

¿Acá entra por ejemplo quizá este último año en San Isidro? Porque el equipo tal vez tenía otra expectativa más allá de que no estaban mal posicionados y se metían en playoffs.
Sí. Este año que pasó mentalmente fue desgastante, no le podíamos encontrar la vuelta. Si bien eramos muchos mayores, con más razón aún, porque nos juntábamos con el técnico, veíamos tal u otra cosa, hablábamos, le buscábamos por un lado o por el otro y no había caso… no pudimos ser muy regulares. Fuimos para otra cosa y no se dio como esperábamos. También hay que sumarlo dentro de todo esto que venimos hablando, como experiencia personal, porque fue una temporada donde no salieron las cosas y hay que aprender de eso, que es de donde más se aprende. Tiene que ser un aprendizaje. En el rol que te digo de tal vez ser uno de los más viejos y de experiencia, puede que haya sido una de las temporadas más duras. No se le encontró la vuelta, y uno hasta se siente frustrado por no poder hacerlo, que desde mi experiencia no poder quizá darle algo al equipo para que nos sacase adelante. De las más jodidas no creo, porque la realidad es que como decís tampoco estábamos últimos, pero el equipo estaba pensado para estar dentro de los 3-4 primeros y nunca pudimos hacerlo.

Hubo un ida y vuelta con Libertad porque volviste al club en el 2017 después de más de 10 años… ¿Te pasó con el ascenso el sentimiento de haber saldado un viejo pendiente de lograr algo importante para ese equipo que prácticamente te vio nacer?
Sí, ese año fue especial en muchos sentidos. Yo estuve a punto de dejar de jugar al básquet después de lo que le pasó a mi hermana, que falleció ese año que estuve en Ferro, no alcancé a jugar y fue un golpe muy duro para toda mi familia. La gente de Ferro me bancó de diez en ese momento, me esperaron y me ayudaron en todo, absolutamente nada para quejarme. Después me quisieron para jugar el año de Liga, y yo estaba con la cabeza de que no iba a seguir jugando porque cuando volví en ese receso encontré que en mi casa estaban destruidos. Ahí pensé todo lo que siempre me perdí por el básquet, como por ejemplo el haberme perdido la recepción de mi hermana y muchas otras cosas. Nosotros lamentablemente no tenemos feriados de pascuas y esas cosas, uno se pierde muchos momentos y empieza a resignar cosas. Cuando pasó eso de mi hermana me eché mucha culpa, me decía a mí mismo que nunca estuve cerca… y todo eso me afectó mucho. Todo cambió cuando apareció La Villa Basket, que había arrancado un año antes. Los dirigentes se acercaron, vinieron a mi casa, me hablaron mucho. En mi cabeza era todo no. Una de las cosas que me pasaba era que no quería volver a una cancha porque no tenía idea de cómo podía actuar, tenía hasta miedo de pelearme con algún árbitro o agarrármela contra un jugador del otro equipo porque estaba desbalanceado mentalmente. Después, de a poquito, me fui arrimando y animando de nuevo. También estuvo cierto desgaste de estar acá en casa, y eso hizo que necesite tomar aire de algún lado. Hablamos de nuevo con mi familia, y la verdad que fichar ese año en La Villa me vino muy bien como para estar cerca de mi familia en toda esa situación que estábamos pasando.

Eso de Ferro fue en 2015.
Sí

Y antes de estar en Ferro estuviste en Concordia jugando Liga, así que también fue un año con cierta revolución en lo deportivo.
Claro, algo que fue medio caótico también porque yo me voy de Estudiantes para irme a jugar a San Lorenzo. Nunca me gusta salirme de un club, me gusta quedarme hasta el final, ponerle el pecho a las balas y todo. Pero en ese momento me llama Ale Cassetai para ir a San Lorenzo, y yo soy hincha de San Lorenzo, así que me interesó desde el arranque. Me dijo que querían reforzar el equipo porque querían subir en la tabla para ver si podían ascender, que iban a tratar de sumar un refuerzo y que la idea era que vaya yo. Me quedó eso dando vuelta y se lo dije a mi representante, para que le dé para adelante porque para mí iba a ser algo lindo irme a jugar al club del que soy hincha. Resulta que cuando se hace toda la movida, que pasan una o dos semanas, para ese entonces San Lorenzo había jugado 2-3 partidos más, los había perdido y creo que pasó al décimo lugar. Y cuando mi representante los llama, los dirigentes les dicen que no, que habían cambiado de parecer porque ya no creían que podían llegar a pelear por el ascenso. Entonces quedé medio al aire. Ahí la gente de Ferro se entera de todo eso que me pasó, y (Álvaro) Castiñeira se pone a hablar con mi representante rápido para llevarme. A mí ya no me quedaban muchos más caminos porque ya había arreglado mi salida de Estudiantes, así que ahí me voy a Ferro. Me acuerdo que un fin de semana empaqué todas las cosas con mi señora, llegamos a Buenos Aires y así como llegué, sin poder descargar las cosas de la camioneta, me avisan lo de mi hermana. Me tomé urgente un avión a Tucumán porque ella estaba estudiando allá, y de ahí volví al mes recién a Buenos Aires, y terminé jugando los últimos partidos con el equipo.

¿Esa fue la de la serie por el ascenso contra Instituto?
Claro, la que perdimos contra Instituto. Esa también fue dolorosa porque perdimos el partido en la última pelota, con una pelota que perdimos nosotros en mitad de cancha. Pero bueno, Instituto estaba muy bien, era un equipo muy largo. Yo me acuerdo también que la cabeza la tenía en otra cosa, trataba de enfocarme o algo pero a veces me era muy difícil.

Jugó parte de la 2014/15 en Ferro, cayendo en semifinales y en el mano a mano por el ascenso contra Instituto

Y más allá de seguir jugando en casa como cuando pasó esto de llegar a Villa… ¿Qué te pasó en la cabeza para decidir seguir jugando?
Quizá uno, por ahí, del dolor se reinventa un poco mejor, o cuando sale lo hace mucho más airoso. Realmente te cambia mucho la cabeza, mucho. En mi caso te digo que antes quizá a algunos pequeños detalles no les daba tanta importancia, y hoy me pasa que cualquier pequeño detalle me doy cuenta de eso y lo disfruto, y si es un problema lo trato de resolver en el momento. Antes quizá pasaba un poco más por alto esas cosas, al estar todo tan tranquilo y que todo parezca tan normal, cuando vos empezás a perder un ser querido, cercano, con quien vos pensabas que te ibas a poner viejo a su par… son cosas muy fuertes. A mí me hizo recapacitar mucho toda esa situación sobre muchas cosas de la vida. En ese momento estaba justo por anunciar mi casamiento, al año siguiente, mi hermana iba a ser la madrina así que imaginate que todo eso se fue al carajo. Y ahí, como te decía, La Villa terminó ayudándome muchísimo porque se armó un equipo con todos chaqueños donde todos nos conocíamos. Eso fue un apoyo muy grande para mí, tanto del cuerpo técnico, de los dirigentes, de la ciudad, de familias, de los chicos mis compañeros… fue tremendo el apoyo que tuve, que recibí, la fuerza que me fueron dando. Así se me fue despertando de vuelta ese amor por el básquet, de cuando nos juntábamos con ellos para jugar por la Coca, para ver quién la pagaba al final del picadito, donde no se entraba en calor, donde tampoco se elongaba después del partido y lo único que se pensaba era en irse rápido a tomar la Coca en el kiosco de la vuelta. Fue como si lo hubiese sentido más como un básquet amateur, no lo sentí tanto profesional pero desde el lado del disfrute, y eso me hizo muy bien. Me hizo amigarme un poco con el básquet, porque en ese momento le estaba echando toda la culpa y no estaba viendo las cosas lindas que me dio. Eso me sirvió para serenarme un poco e ir pensando las cosas de otra manera. Al año siguiente se quiso armar un equipo más competitivo para llegar más arriba pero no se dio, y para el año siguiente me acuerdo que había renovado junto a un par de jugadores más pero cuando había que dar inicio a la pretemporada me acuerdo que nos terminaron comunicando que al final no se iba a hacer básquet.

Ahí otra incertidumbre.
Lo que pasa es que ya estaba todo anunciado de que La Villa iba a jugar, pero terminó no dándose. Habíamos arreglado de seguir, en ese momento el equipo se estaba armando con Pitu Schoppler, Avalle, Dami Palacios y algunos más. Había arreglado en seguir porque viajábamos seguido a Entre Ríos, al sanatorio de Puiggari, donde la llevábamos a mi vieja que estaba muy afectada y entonces yo viajaba para allá… por eso es que yo me quería quedar acá. Ahí pensaba que ya no iba a jugar más, me dije que tenía que dedicarme a mi familia, a otra cosa, y volviendo de Puiggari para Villa Ángela me llama Seba Porta, que fue compañero mío en Libertad cuando jugábamos la liga local y era juvenil, y me cuenta que se iba a hacer básquet en Libertad, que por cuestiones de presupuesto el club estaba por jugar Liga Argentina y que más allá de que arrancaron a armarse quería saber cómo era mi situación con La Villa Basket. Le dije que tenía arreglado con Villa Ángela, pero que todavía no sabía qué iba a pasar porque ya estaba ese rumor de si al final iba a participar el equipo o no. Estuvimos una semana hablando y en ese momento me entró el gustito de volver a Libertad, para devolverle un poco al club lo que me dio, que fue iniciarme en una institución profesional de básquet. Así se fue dando, hasta que se fue confirmando todo acá y allá en Sunchales me esperaron también un poco. Me acuerdo que me sumé una semana más tarde de hecho, porque cuando llegué los chicos ya estaban entrenando. Así que se terminó dando de esa forma.

Pasaron once años desde esa última vez con Libertad, ¿te imaginabas volver?
Me acuerdo que, en su momento, cuando pasé a Monte Hermoso me había ido con una sensación extraña de Libertad, porque la idea era después de esa primera primera temporada del ascenso de La Unión quedarme a jugar un año más en Formosa, para jugar Liga con ellos. Al final Libertad utilizó la opción del contrato menor, porque yo era U21 y de hecho estaba en la preselección argentina para el Mundial que se jugó acá en Argentina. Así que me quedé. Terminé jugando muy poco ese año, y de hecho jugué un poco más en el final de la temporada cuando llega el Tola Cadillac, que ahí pasé a jugar casi 10 de promedio. Después de esa temporada, como el club tenía un tiempo de 30 días para hacer uso de la opción de mi ficha y no lo hizo, mi representante mandó una documentación de que al no recibir esa notificación me declaraba agente libre. Así termino saliendo al mercado. Termino yéndome de última a El Nacional, que sale último a fichar jugadores porque no sabía si iba a hacer básquet pero justo hizo un convenio con la Municipalidad de Monte Hermoso. Mi representante me dijo que tenía que irme ahí, porque era gente que cumplía y había muy buenos antecedentes. Y fue así, tal cual. Me fui de última a Monte, e imaginate que después terminamos ascendiendo así que eso fue genial.

Con la camiseta de Villa Ángela Basket, jugando en su ciudad natal

¿Y qué te pasó cuando volviste?
Sin dudas que fue muy lindo. Once años después se dio la posibilidad de volver. Tuve esa posibilidad de volver, la posibilidad de lo que podía demostrar volviendo al club, y hasta tener un poco de esa revancha, de poder darle al equipo que me vio crecer una ayudita. Igual nunca me imaginé que el equipo iba a estar tan bien o tan derecho como para lograr el ascenso de la forma en la que se dio. La verdad es que lo teníamos a Bruno (NdR: Barovero, MVP de esa temporada) muy derecho, le habíamos subido la confianza a mil y todos estábamos así. Los dos Sebas (Saborido, DT; y Porta, asistente) hicieron un gran trabajo, se armó un equipo hermoso, yo ya conocía la ciudad y estaba cómodo, conocía la gente y estaba contento de estar de vuelta ahí porque me sirvió mucho también en ese proceso que te venía contando. En Puiggari los médicos me decían que por ahí tenía que dar una especie de paso al costado con lo que estaba haciendo acá con mi familia, que esa no era mi responsabilidad, sino que yo era un hijo que había perdido a su hermana y mis padres tenían que también hacerse cargo de sus cosas. Me recomendaban que lo trate de vivir como hermano y no como madre, padre o todo lo que yo estaba cargando en ese momento, y era muy loco porque hay cosas que uno no sabe manejar hasta que te tocan realmente. Por eso ese año en Libertad me vino anillo al dedo, desde muchos puntos de vista me vino muy bien volver y después lo terminamos coronando con el ascenso que fue una temporada increíble, con Súper 4, ascenso… todas victorias, muy pocas derrotas, un excelente grupo, y yo cumpliendo otro rol que me gustó mucho. Y eso también hizo que me gane la posibilidad de poder jugar un año en Liga y sacarme las ganas que me habían quedado en esa época.

Ahora te va a tocar otro desafío fuerte como Oberá, que desde hace años sostiene un proyecto serio y ambicioso, y que justamente también viene de una temporada fantástica con Súper 4 y una liga en nivel top. ¿Cómo te pega todo este bichito de ir nuevamente por todo?
Un poco lo contestaste vos, porque es justamente lo que pienso. Al estar dentro de la competencia me gusta mucho seguir amigos, y por ejemplo en su momento cuando estaba en Libertad hace dos años lo seguí al Pitu Schoppler que estaba ahí en el club. Cuando hablaba con Pitu me decía que como organización están bárbaros, que el proyecto que tienen era muy lindo, y a mí siempre me gustó acompañar y apoyar esos proyectos serios, tratar de ser parte y poder lograr algo lindo sin dudas. La temporada pasada de los chicos también la venía siguiendo, por supuesto, venían genial y me hacían acordar mucho al Libertad nuestro del ascenso, al ver jugar al equipo, los números y la confianza que tenían los jugadores, la paciencia y la tolerancia que se tenían incluso en el equipo. Cuando tuve el llamado de Leo Hiriart me gustó mucho desde el primer momento. Siempre es lindo ir a jugar a buenas organizaciones, donde están al pie en todo y donde se buscan resultados. Sin dudas son desafíos muy lindos, y como decís, a priori se entiende que Oberá va a buscar objetivos altos y es lo que me gusta. Siempre trato de estar en equipos así. También es volver a estar con compañeros conocidos, algo que le da un plus más a la temporada que se viene. Es un poco lo que también me terminó de convencer, porque afortunadamente tenía un par de ofertas armadas pero terminé totalmente convencido con Oberá porque me gustó todo y me cerró perfecto. Por ahí la única duda que tenía al principio pasaba más por la situación personal que estaba pasando con mi mujer embarazada y la pandemia en el medio, como que eso quizá me hizo pensar un poco qué hacer al final, pero lo que ofrecía Oberá en lo deportivo, como institución y proyecto, me convenció desde el primer momento. Contento de pertenecer a ellos, aunque ahora estamos con la ansiedad de ver minuto a minuto cuándo nos sale el hisopado para poder ir y cuándo va a arrancar todo.

Es uno de los confirmados en Oberá TC para la próxima temporada 2020/21 de la Liga Argentina

Vas a convivir con dos con quienes te llevás muy bien. Uno es Pitu Schoppler que recién lo nombraste, y el otro es Goyo Eseverri, que te debe remontar a ese Libertad que hablábamos.
Sí, hoy me motiva mucho más porque también está esto que decís. Con el Goyo siempre me pasaban ideas de decir ‘¡Qué bueno sería jugar con este tipo!’, porque cuando lo tenía enfrente era insoportable (risas), no podía girar tranquilo en el poste bajo porque el tipo te aparecía por detrás y te robaba la pelota, te la cacheteaba o te la pellizcabas, uno se tropezaba o se lastimaba… decía ‘¿Qué es lo que come este pibe?’, porque llegaba un momento donde te empezaba a frustrar de lo incómodo que te hace jugar. Por eso pensaba siempre lo lindo que sería la posibilidad de tenerlo en mi equipo para que otro lo sufra, para que el rival se frustre como me pasó muchísimas veces a mí. Y se terminó dando ese año en Libertad, donde más allá de la temporada hermosa que tuvimos en el equipo, creamos una linda amistad con el Goyo y ahora vamos a reunirnos de vuelta. Y el Pitu también, que es un amigo y que es de acá de mi ciudad, y eso por ahí también me ayudó a decidir por elegir Oberá, porque sé que si llegamos a necesitar algo de ayuda o lo que fuese también va a estar la novia del Pitu, que se conoce con mi señora. Son cositas que se suman como plus para a veces poder tomar decisiones. Estoy muy contento con el equipo que se armó, y ahora esperando, con la ansiedad y la incertidumbre de cuándo y cómo vamos a arrancar todos.

Podría decir que no existen muchos jugadores con tu promedio de efectividad y tan buen arranque en el ascenso… Primer año ascenso, segundo también, y en las primeras seis temporadas de lo que es Liga Argentina metiste tres ascensos y con título. ¿Sabías que muy pocos lo logran? Incluso el global que son 4 ascensos, a uno de Mario por ejemplo.
Pablito Fernández me cargaba con eso la vez pasada cuando charlamos, que cada dos años que jugaba el TNA ascendí. Ahora ya no, ya rompimos ese promedio (risas). Pero bueno, si ahora este año que viene se nos da, viendo ahora cuándo podamos arrancar, va a estar bueno porque quizá hasta lo puedo llegar a Marucho (Sepúlveda) y siempre nos gastamos en joda con eso (risas). Lo que sí te voy a decir es que lo disfruté muchísimo. Desde los 14 años que me fui de mi casa a vivir a Sunchales para empezar esta carrera tan linda. Hoy, a esta altura de mi carrera, te puedo decir que estoy satisfecho con todo lo que viví en tantos años como jugador, porque si bien hay más perdidas que ganadas lo disfruté muchísimo y tuve la suerte de pasar por lugares increíbles conociendo gente y compañeros únicos. Eso no significa que ahora vaya a Oberá relajado porque me encantaría ir terminando estos últimos cartuchos cumpliendo más y más objetivos, y creo que con Oberá sería lindo poder lograr algo. Jugaré dos o tres años más coni mucho, y después ya veré.

Sabés que, cumpliendo objetivos en el medio, pueden ser más.
(Risas) Vamos de a poco, vayamos por este con Oberá primero. Paso a paso.

Texto: Lucas Leiva para la Liga Contenidos

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