🇲🇽 GUSTAVO AYÓN: ME RETIRO COMO QUIERO, CON EL CORAZÓN

Por Jorge Herrera (@jorgehenav)

Se terminó una época para el básquetbol mexicano, la época de Gustavo Ayón. Después de 16 años de carrera alrededor del mundo el nacido en Zapotán, Nayarit, apagó las luces tras un juego de despedida entre sus amigos y la Selección Mexicana. El mejor jugador en la historia de México se retiró cómo y cuando él quiso.

Foto: Astros de Jalisco

Este comienzo ya lo tuve en unas palabras previas que peleaban en contra de una decisión tomada: el retiro de Gustavo Ayón. Mis pocos años no me pueden llevar a platicar de decenas de carreras que vi empezar y que hoy pude estar tan cerca de su culminación, pero si la del Titán de Nayarit puedo considerarla mi primera, que manera de celebrar la carrera más exitosa de un mexicano en el mundo del básquetbol. Aunque no estuviera presente en mí cuando ya daba espectáculos en Xalapa, el cómo llevó a la Selección Mexicana de vuelta a una Copa del Mundo, no tendrá precedentes. Sentado ante el televisor viéndolo a él como MVP y campeón de América, mi pasión por un solo deporte nació.

De ahí vendría el mágico viaje a España para el Mundial de 2014 y todo se transfirió a seguir al hombre del éxito, al pívot que ganaría la Euroliga en repetidas ocasiones, que sería un jugador de época para el Real Madrid y que se convertiría en la cara de la Selección Mexicana incluso cercano a su despedida. Traspasar de nuevo por su carrera no es necesario cuando todo es tan claro como el agua y más que después de ganar un último campeonato en su paso por Puerto Rico vimos al Ayón de siempre, el que buscó ser la mejor pieza disponible.

“Era así en todos lados. Al final siempre la gente sale con “está viejo”, “estaba retirado”, “ya no puede”, la gente nunca está contenta, siempre tiene una excusa, en todos lados. Lo viví en mi primer año en Xalapa, el mismo entrenador lo decía: “Es que si no tiras de tres – y le tengo mucho cariño a Ángel González – nunca vas a poder jugar a un alto nivel”. Nunca tiré de tres, nunca, acaso tiré dos triples por obligación, porque se acabara el tiempo. Nunca lo necesité y debajo del aro fui el mejor durante muchos años y me retiré siendo el mejor, con aciertos, fallos o lo que sea, pero siempre fui el mejor”, comentó el ex miembro de Capitanes de Arecibo para Cancha Latina.

Foto: Cordon Press / Joan Valls

Pero para ser el mejor, nunca la historia va por uno solo y desafortunadamente hay varios casos en que se olvida a toda la gente que nos ayudó a alcanzar nuestras metas, mas no es el caso para Ayón y los tres pilares que lo empujaron a no desistir. Al comienzo, sus padres -Carlos Gustavo Ayón y María Edelmira Aguirre- fueron sus guías, las mejores que pudo haber tenido: “Los admiro y les tengo muchísimo cariño porque han dado su vida por nosotros. De un cien por ciento, un noventa por ciento de las situaciones de una deportista es el entorno familiar, pero uno sano en el que te dejan ser”.

“Por ejemplo, mis padres nunca se metían en mis cosas, siempre me dejaban, me daban libertad, siempre me apoyaban y siempre lo hicieron detrás de la barda”. ‘Te apoyamos, estamos aquí para cuando tú lo necesites, pero es tu vida, tú decide, tú baja, tú sube, te equivocas, aciertas; nosotros sabemos que estamos aquí, tú sabes que estamos aquí’ y eso era lo que a mí me tenía con una tranquilidad que en el momento que yo estaba inestable, ellos lo notaban y me llamaban diciendo ‘¿Todo bien?’”, añadió el ahora basquetbolista retirado. “Con esas palabras era necesario, era justo lo que yo necesitaba, saber y darte cuenta de que tenías a alguien que te iba a ayudar”.

Sin embargo, también hubo todo este tiempo gente que quiso detenerlo, que lo llevó hasta sus últimas instancias para quitarle todos los ánimos de jugar, de querer seguir creciendo; él mismo llegó a ser uno de ellos. En toda su etapa como basquetbolista, nunca le importó lo que dijeran otros de él porque siempre supo quién era con cada persona, pero cuando él se ponía en duda, la situación era completamente distinta. Al principio de su carrera, dimensionándolo con las Águilas de la UPAEP, Ayón pasó por una noche en la que decidió que terminaría todo, volver a casa era la única opción y si no hubiera sido sorprendido por “Nito” Ibáñez, hoy podríamos no estar hablando de una magnánima carrera. Con su ayuda en una llamada, el coach Ceniceros llegó en cuanto pudo con Ayón e Ibáñez para convencer al joven centro de no desistir, de pelear por un futuro brillante. Ayón escuchó, Ayón comprendió y con eso hay autorización hoy de llamar al mítico coach como su segundo padre: “Para mí, Javier representa el inicio de toda mi carrera y nunca lo he dejado. Siempre le hablo, lo visito, estamos en comunicación, me escribe él y, el día que me ve, me cuenta que me vio en un juego, haciendo esto y el otro (…) Imagínate tener una persona -que no es tu padre- que te cuide, que se preocupe por ti (…) Todas esas buenas energías y cosas bonitas se van embonando, te rodeas de pura gente que te hace cosas bonitas y te desea cosas bonitas”.

Foto: Águilas UPAEP

Tantas bendiciones terminan por traernos a un día como este, uno nunca fácil para los profesionales, tener que despedirse de lo único que saben hacer, de lo que vivieron por tantos años, de lo que disfrutaron y de lo que les dio tanto. Sin perder sinceridad, Ayón entiende eso y las últimas horas las vivió diferente, con nerviosísimo, y no por dejar la duela, sino porque el descanso nunca ha sido parte de su día a día, pensar en no ir a entrenar nunca ha sido parte de su vida. Eso no quiere decir que sea una decisión dudosa, al contrario, como muchos otros caminos que ha tomado, el mexicano expresó que se retira bien, pudiendo jugar y no cuando ya no puede competir. No se tiene el físico y la edad, pero la carrera se merece un respeto que le debería de dar él y nadie más: terminar en lo más alto.

“Estoy muy orgulloso de todo lo que logré; opiniones buenas o malas siempre va a haber. Nunca me ha importado eso. Nunca me importó porque yo fui claro y limpio desde el inicio con mis compañeros, los medios, los directivos, siempre de la misma manera. Si de algo debo de sentirme orgulloso, es de eso, siempre fui de frente con todos. La historia se encargará de reconocerlo”, agregó durante la plática Ayón. “Ahora que me retiro igual, que por qué se retira, no debería retirarse y la gente que me quería retirar hace un mes, ahora no quiere que lo haga. Al final, nunca vas a tener contento a nadie y eso lo entendí muy pronto en mi carrera, con 20 o 22 años y dije: ‘A mí no me va a pasar, las decisiones las voy a tomar yo’”.

Y decisiones como ellas hay muchas, desde hacer un lado comentarios en contra suya sobre únicamente buscar su propio beneficio con la Selección hasta saber cuándo decirle a la NBA que era suficiente.

Después de ser traspasado de Orlando a Milwaukee, el cuatro veces campeón de la ACB supo que no podía seguir jugando con su estabilidad personal y profesional. Su carrera merecía un respeto mayor y después de que los hombres le terminaran por jugar una mala, este sabía que lo mejor estaba fuera de Estados Unidos y -como ya lo mencionó- la historia haría justicia de esa decisión al llevarlo a un Real Madrid de época, un conjunto que le dio todas las razones para no regresar a la NBA. Tal fue el acierto que nunca le dolió no volver, incluso en la última etapa cuando dejó a los blancos para estar más cerca de su hijo. A nivel de clubes, nada lo deja con un sabor amargo, únicamente un logro con la Selección Mexicana será el que le quedará pendiente después del adiós definitivo: perder ante Argentina y Canadá el boleto olímpico.

“Lo único que me pesa es que tendría que haberme destrozado para haber llegado a las Olimpiadas, eso es lo único. Ese septiembre de 2015 tuve que dejar mi último respiro. De mi carrera no tengo nada que reprochar ni cambiar, mi carrera fue perfecta. Desde ir a la NBA a ir al Real Madrid, siempre busqué lo que quería, no lo que otros querían, si me pongo hoy en día a decidir a base de lo que los demás quieren, hoy no me estaría retirando. Siempre le he hecho caso a mi corazón”, finalizó el ex Halcones de Xalapa y Astros de Jalisco.

Foto: Astros de Jalisco

Estos últimos decidieron ser quienes le abrieran las puertas a Gustavo Ayón para realizar su juego de despedida, uno que incluyó a sus mejores amigos y al rival más querido que habrá tenido el Titán, la Selección Mexicana. Despedirse con Horacio Llamas y Jorge Gutiérrez, dos ex NBA como él, con históricos como Víctor Mariscal y leyendas en el banquillo de la talla de Manuel Raga y Arturo Guerrero, será una historia sin precedentes, tal y como su carrera.

México no se despide de una figura más, le dice adiós a una leyenda, posiblemente la más importante de su historia porque sin duda, hoy el básquetbol mexicano tendrá una narrativa de lo que fue antes y lo que es después de Gustavo Ayón. Hasta pronto, Titán.

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