EL TORNEO DE VERONA EVIDENCIÓ EL BAJO RENDIMIENTO OFENSIVO DE VENEZUELA

Por Daniel Mérida (@baloncestero)

Tras lo visto en los Juegos Panamericanos y el torneo preparatorio en territorio italiano, las esperanzas que puedan ponerse en el conjunto vinotinto de cara al Mundial no parecen ser especialmente altas. El rendimiento ofensivo es el principal dolor de cabeza para el conjunto venezolano.

Tras lo visto en los Juegos Panamericanos y el torneo preparatorio en territorio italiano, las esperanzas que puedan ponerse en el conjunto vinotinto de cara al Mundial no parecen ser especialmente altas. El rendimiento ofensivo es el principal dolor de cabeza para el conjunto venezolano.

Estos problemas en el lado ofensivo de la selección de Venezuela vienen provocados por la ausencia de un referente sólido que pueda jugarse los balones en los momentos claves y la dependencia en ocasiones excesiva del acierto exterior de sus hombres de mayor talento del plantel.

Los 54, 69 y 54 puntos anotados por la ofensiva venezolano en los tres partidos del cuadrangular de Verona podrían no ser preocupante si no se viniera de unos números similares en los Juegos Panamericanos, que fueron 64 y 53 puntos con más en juego y de 87 y 78 puntos en dos últimos partidos cuando ya había poco en juego. “Esta etapa nos va a dar un diagnóstico de lo que puede pasar en el Mundial. Esperemos seguir creciendo, va a ser lento pero estoy conforme”, explicaba hace unos días Fernando Duró sobre el torneo de Verona.

Néstor Colmenares se ha erigido en el timón ofensivo de este equipo y necesita el apoyo con regularidad de más jugadores para poder aspirar a los triunfos. Este aporte debería llegar desde una línea exterior donde se necesita de un paso adelante de Jhornan Zamora, Dwight Lewis y/o Pedro Chourio. Yendo a otros nombres, Heissler Guillent no tuvo un buen rendimiento en los Panamericanos, Luis Bethelmy estuvo limitado a los lanzamientos triples y Michael Carrera tampoco brilló más allá de un escaso doble-doble ante Islas Vírgenes. Es evidente que es un equipo con talento que ya antes ha conseguido hitos importantes y cabe esperar que todo el mecanismo termine de engranarse en las próximas semanas o al menos se consiga un engranaje óptimo que permita ver una mejor versión de Venezuela de la que se ha visto hasta ahora.

Si uno escucha las manifestaciones de la fanaticada venezolana en las redes sociales, se siguen viendo incompresibles peticiones por la incorporación de jugadores como John Cox o Donta Smith, claros exponentes ofensivos de la vinotinto en torneos anteriores pero cuya participación en el Mundial es claramente imposible. Sus ausencias son evidentes, primero porque ninguno de los dos estuvo en la nómina del equipo durante las ventanas y segundo porque el escolta de 38 años (que este año jugó en la ProB francesa) está lejos del nivel más alto de su carrera que lo pudiera hacer elegible para un Mundial, mientras que el alero nacionalizado no tiene ni el más mínimo interés de sumar al combinado nacional tras sus diferentes de años anteriores con la FVB.

La preselección cuenta con lo mejor que ha tenido disponible Fernando Duró. No hay más: son los que están y están los que son. “Se van consolidando cosas despacito, pero logramos el objetivo de competir a estos niveles de intensidad y agarrando confianza día a día. Estamos muy bien en base a lo que tenemos”, explicaba el seleccionador tras el torneo panamericano.

Esta generación ha sido la más exitosa del baloncesto venezolano y merece su apoyo por ello. Este grupo tuvo su mejor momento entre 2014 y 2016, con tres títulos y la participación olímpica de Río de Janeiro más todos los éxitos de Guaros de Lara a nivel de clubes. El buen momento tuvo su continuidad en el reciente sistema de clasificación, sobreponiéndose a todos los desordenes del baloncesto venezolano y a la compleja situación del país, y ahora tendrá el nuevo lujo de participar en un Mundial, que será con toda probabilidad la despedida para muchos de sus integrantes.

En resumen… disfruten, animen y aplaudan durante el próximo mes y medio a una generación histórica para el baloncesto venezolano. Tras el Mundial ya habría tiempo de preocuparse para ver hacia dónde se camina en el futuro de la selección vinotinto, reclamar responsabilidades (en caso de ser necesario) y formar un nuevo bloque probablemente ya sin Fernando Duró en la dirección técnica.

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