🇵🇷 CARLOS RIVERA: «ME VOY A RETIRAR CUANDO YO QUIERA Y COMO YO QUIERA»

Caleb Rivera tiene 15 años y llegó temprano al partido del jueves entre los Leones de Ponce y los Mets de Guaynabo. Lleva la camisa rojinegra con el número 31 de los selváticos porque allí juega su papá, Carlitos Rivera y ayuda con el calentamiento del equipo que busca evitar la eliminación.

Caleb Rivera tiene 15 años y llegó temprano al partido del jueves entre los Leones de Ponce y los Mets de Guaynabo. Lleva la camisa rojinegra con el número 31 de los selváticos porque allí juega su papá, Carlitos Rivera y ayuda con el calentamiento del equipo que busca evitar la eliminación.

Rivera padre, tiene 38 años y una carrera de 17 temporadas en el Baloncesto Superior Nacional con cuatro campeonatos. Hoy se puso el uniforme por vez número 538 y sabe que se aproxima una guerra, en la cancha y en su conciencia.

Ninguno de los dos Rivera sabe lo que va a pasar esta noche. Caleb se pregunta si podrá ir a la práctica con su papá mañana y Carlos, si en efecto, la temporada y su carrera continuarán.

Treinta y nueve minutos con 59 segundos después, y tras un intento de triple por parte de Rivera que hubiese forzado un juego siete en Ponce, Jonathan Han de Guaynabo hizo historia con un alucinante canasto desde el extremo contrario de la cancha restando un segundo en el reloj de juego, para adelantar a los Mets a la serie semifinal.

Con ese canasto llegaron una tonelada de sentimientos que invadieron al sangermeño adoptado por Ponce en el camerino. Rivera estuvo enorme en la noche del jueves, anotando canastos claves para totalizar 22 puntos, 6 asistencias y 5 rebotes, pero ese último no entró.

“No era la manera de… [acabar] con esa posesión ofensiva”, contó Rivera al BSNPR luego del partido dentro de un silencioso vestidor de los Leones. “Yo estaba confiado en que esa bola iba a entrar, fue un tiro abierto, un buen pase de Macho [De Jesús] y no se dio. Para mí esa bola iba a entrar. Así es el deporte, así son las cosas hay que aceptarlo”.

Antes del comienzo de la temporada, Rivera había anunciado que está sería la última campaña de su lustrosa carrera de 17 años en el BSN porque, entre otras cosas, quiere dedicarse al desarrollo de su hijo Caleb quien ya forma parte del programa nacional juvenil de baloncesto.

Dentro del pequeño camerino del Coliseo Mario ‘Quijote’ Morales el aire es denso y las paredes están frías como bloques de hielo. Ha pasado cerca de una hora luego de la derrota y la mayoría de los jugadores siguen allí, sentados con parte de su uniforme y la mirada perdida como hipnotizados por lo que acaba de suceder. No hay baños de champán. En la esquina izquierda está Rivera, sin camisa y descalzo, recostado sobre la pared con una toalla en la falda que todavía huele y salpica grandes tiros y asistencias, y repasando en voz alta algunas imágenes del juego con un amigo.

“No cambia nada” [de mis planes]”, dice Rivera sobre el retiro con ese tono de voz firme que lo caracteriza. “Yo tengo que sentarme a hablar con… lo más importante yo siempre me dejo llevar por mi familia”, Rivera se quiebra en llanto, su garganta deja de funcionar por unos minutos y se lleva la toalla a la cara para secar una decena de lágrimas que se mezclan con el sudor.

Todo indicaba que hasta aquí llegaba la entrevista, pero Rivera encuentra fuerzas, se recompone y pide continuar con la voz entrecortada.

“Hay alguien en específico que es el nene mío, Caleb que al verlo sufrir…”, una vez más la pena invade a Rivera y detiene su discurso. Alrededor suyo nadie se mueve, nadie habla. Deon Thompson a su derecha lleva los ojos aguados y al otro extremo José Guitian mira al piso mientras Jezreel De Jesús observa la escena desde un poco más lejos.

“Él [Caleb] no entiende que el baloncesto dura hasta un momento”, dice Rivera. “Y hoy mismo verlo de la manera que sufre me cuesta. Lo veo ahí esbaratao, acaba de llegar y nos toca hacerle entender que hay otras etapas en la vida y que hay cosas para seguir haciendo. Yo sé que él se disfruta estar alrededor de los muchachos, pero esto llega hasta un momento. Entonces me sentaré a hablar con mi familia y ver lo que pasa”.

Desde el otro extremo Caleb escucha a su papá hablar y se refugia desconsolado en el hombro de Jezreel de Jesús. El silencio invade el momento, nadie se mueve ni parpadea. Todo el mundo aquí se siente mal por Rivera y ven cómo una estrella se va apagando ante sus ojos.

Pero dentro de sí mismos son muchos, entre ellos miles de ponceños, los que sienten y piensan genuinamente que Rivera todavía puede continuar jugando. El armador participó en 21 de los 32 partidos de Ponce esta temporada en la que tuvo que lidiar con varias lesiones incluyendo una en la muñeca. Rivera promedió 8.9 puntos por juego, 3.5 asistencias, 2.8 rebotes, 39% desde la línea de tres puntos y 94% desde el tiro libre.

“Son conversaciones que tengo a diario. Personas con las que he jugado baloncesto por mucho tiempo con ellos, coaches, me han dicho ‘todavía no es tiempo de retirarte’, pero era algo que, como ya habíamos hablado, yo quería hacer”, sostuvo Rivera previo al partido del jueves.

Si Rivera decide desconectar de la corriente su carrera como jugador bien podría encajar dentro de un grupo técnico en los Leones que ya cuenta con Javier “Toñito” Colón y Johnny Caraballo. El jugador y ex miembro de la Selección Nacional expresó que tiene la necesidad de enseñar y que por ocasiones siente que puede impactar más el juego desde esa faceta.

“A veces siento que aporto más fuera de la línea que cuando estoy adentro y a la misma vez no quiero quitarle tiempo de juego a esos muchachos jóvenes que para mí entender pueden aportar mucho. En ese aspecto, si yo sé que ellos pueden aportar y yo los puedo ayudar a leer el juego, a entender el porqué, cuándo y cómo se tienen que hacer las cosas, pues me siento tranquilo”.

No hay manera fácil cuando se trata de retirarse, mucho menos cuando te sientes comprometido con un hijo para el cuál eres un modelo en la vida y una guía en el deporte. Su héroe. Es cambiar la rutina, enseñarle cosas nuevas al cuerpo y la mente. Alejarse [momentáneamente] de un grupo de compañeros y amigos alrededor de los cuales hiciste una vida. Es desviarte de las rutas que te llevaban a una cancha distinta cada noche en tu auto. Por eso la decisión solo la puede tomar una persona y es Rivera mismo. Ser dueño de su destino es una prioridad para él.

“Es una decisión complicada, pero a la misma vez, nadie me va a retirar. Yo me voy a retirar de la manera que yo quiero. He visto cómo han retirado a otros jugadores, otras leyendas que no ha sido de la mejor manera. Eso es algo que llevo contemplando por los últimos tres años, a mí nadie me va a retirar. Yo me voy a retirar cuando yo quiera y como yo quiera”, cerró Rivera.

Con calma Carlos. No hay prisa.

Texto: Emanuel Márquez / Prensa BSN
Foto: Prensa BSN

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