🎙️🇨🇱 MARCELO PÉREZ: “ME INTERESA EL ASPECTO PSICOLÓGICO, CÓMO IMPACTA LA MENTE EN EL JUEGO”

Por José Miguel González (@14coto)

El seleccionado chileno está estudiando psicología deportiva mientras juega la División 2 de la NCAA. Trabajar la cabeza, dice, es importante. Pero también habla de básquet, la Roja, su familia y sus inicios.

Foto: Barry University

A Marcelo Pérez (21 años), no solo le interesa el básquetbol. Está estudiando para ir más allá, para saber qué pasa detrás de la mente de un jugador. El chileno se forma para hacer su carrera profesional con la naranja, pero también para ayudar a otros deportistas que necesiten apoyo psicológico, el que a él, dice, le faltó para madurar más pronto. Desde Estados Unidos, donde aguarda el llamado de Barry University para jugar su tercera temporada en la División 2 de la NCAA, atiende el teléfono a Cancha Latina.

¿Y por ahora? “Estoy viviendo con una familia chilena que conocí el año pasado. Se hicieron bien cercanos y me dieron la posibilidad de quedarme con ellos para seguir entrenando. Estaba complicada la cosa en Chile y no iba a tener la misma posibilidad de entrenar”.

De salud, ¿todo bien? ¿La familia? “Sí, están en Talca. Mi papá sale a trabajar en una compañía de abastecimiento. Lo testean todas las semanas. Mi mamá es profesora y hace clases en línea. Mi hermano de 15 años tuvo que volver a Talca. Iba a jugar la Liga Saesa en Osorno, pero tuvo que volver”.

¿Cómo haces para entrenar? “Conocí gente y me invitan a entrenar. Tienen sus propios gimnasios y me dan esa facilidad para seguir manteniéndome en forma. La universidad es privada y tiene sus propias reglas, así que íbamos a tener contacto con coaches hasta mediados de julio o principios de agosto”.

¿Ahora estás de vacaciones? “Sí, hasta mediados de agosto que es el primer día de clases, supuestamente. Veremos qué pasa. El semestre pasado lo terminé en línea”.

Estudias psicología deportiva, ¿pensando en ejercer o vas por la carrera de basquetbolista? “Lo tomé por varias razones. Me gustaría ejercer en algún futuro, es una carrera muy interesante. Hay muchos aspectos de la psicología que estoy aprendiendo y me ayudan en el básquet. Un doble objetivo. Me interesa mucho el aspecto psicológico, cómo impacta la mente en el juego. Sabía que me serviría. Y porque me interesa, realmente. Quiero seguir con el básquet lo más que pueda, pero si me toca ejercer, lo haría feliz. Me gustaría ayudar a otros deportistas. El aspecto psicológico es muy importante y no muy hablado. Es muy necesario. Nunca tuve la posibilidad de ir a un psicólogo deportivo, siento que me hubiera ayudado a madurar antes. Me gustaría ayudar a futuros deportistas”.

¿El programa de tu universidad incluye psicológo? “Tenemos uno, pero no es obligatorio. Si quieres hablar, siempre está disponible. Empecé a trabajar con él en mi segundo año, cuando terminó la temporada. Me hizo una evaluación motora, de reacciones y concentración, pero con la cuarentena no pude continuar. Es un trabajo bastante interesante”.

En la cancha, ¿recuerdas lo aprendido en tus clases de psicología? “Más en clases, cuando nombran situaciones y ahí recuerdo cosas de partido. Me ha pasado al revés. Relaciono situaciones como la concentración, cómo te enfocas y meditas antes de un juego, cómo reacciones en ciertas circunstancias, el cansancio, adrenalina y muchos factores”.

En tu segundo año en la NCAA diste un salto notorio comparado al primero, ¿crees que lo aprendido en clases ayudó a mejorar tu juego? “Sí, es muy valorable. En Estados Unidos diferencian entre un año y otro. Si eres de primero, vas a tener menos posibilidades de jugar porque hay compañeros más grandes. Me ayudó bastante focalizar mi objetivo y luchar para obtener mejores resultados. Creo que ha servido. Los cambios fueron notorios, pero este tercer año será aún más relevante”.

Foto: Barry University

Además de tener más minutos de juego, ¿qué cambió en ti entre un año y otro? “Darme cuenta de las habilidades que tengo para darle un poco de identidad a mi juego, saber qué le puedo entregar al equipo, como energía en defensa y ataque. Tengo facilidad para llegar al aro, lo que ayuda al equipo a generar espacios para asistir o anotar. Con esas cosas me di cuenta cómo poder ayudar y traté de explotarlas lo más que pude. La competencia por posición es difícil, en mi puesto somos como cinco. Tenías que hacer algo diferente para destacar”.

¿Qué objetivo te planteas para este tercer año? “El principal es que lleguemos al torneo de marzo. Estos años estuvimos cerca, pero nos desinflamos al final y perdimos cuando no debíamos perder. Siento que tenemos buen equipo y que voy a ser un poco más protagonista, asumir un liderato. Dependerá mucho de cómo juegue o cómo tenga mi rendimiento”.

Ahora serás junior, ¿cómo plasmar el liderazgo en la cancha? “Primero, ser un líder vocal, ejemplar y demostrar el trabajo y todo lo vivido en estos años, traspasarlo a los nuevos. Hay muchas piezas nuevas entonces hay que mostrar el camino, enseñar la forma cómo jugamos y nos relacionamos en el equipo, como cuando me recibieron a mi”.

¿Cómo defines la experiencia de jugar NCAA, donde están los mejores atletas de Estados Unidos? “Es impagable. La forma cómo nos preparamos para jugar los partidos es muy sacrificada, muchas horas de trabajo. Aunque sea división dos, la Conferencia es muy buena, diría que una de las mejores del país, entonces te mantiene en un nivel exigente, dando lo mejor en cada partido. Si entras dormido, cualquiera te puede ganar, aunque vayan últimos”.

¿Cómo recuerdas tus inicios en el básquet? “Empezó en Osorno, donde jugaba mi papá. Siempre lo acompañé a entrenar, a jugar y en viajes de visita. Me gustaba el ambiente, las personas que conocía, la competitividad que había. Lo vi de muy pequeño. Crecí viendo entrenar a mi papá y su ética de trabajo, también cómo algunos se quedaban horas extra. Crecí viendo a su equipo, que se frustraban después de perder y se alegraban cuando ganaban. Adquirí una cultura que pude ver de pequeño”.

Subiste una foto con tu papá hace unos días con la frase “lo que se hereda no se hurta”, ¿cuánto influyó su figura para que seas basquetbolista? “Mucho. Uno puede nacer con más talento que otro, pero la ética de trabajo marca la diferencia. Mi papá siempre dijo que nunca fue un jugador tan talentoso, pero fue el más trabajador. Es lo que más me inculcó. Él, además, fue mi formador. Tuvimos muchas peleas. Fue mi entrenador U14 y U15. Habían momentos duros, donde me criticaba y yo no lo tomaba de buena manera, porque era chico. Pero me di cuenta de que él siempre quiso lo mejor para mi, para rendir al máximo y hasta el día de hoy agradezco lo duro que fue en algunas ocasiones, porque me sirvió para estar donde estoy ahora”.

¿En qué momento decidiste, por ti, seguir este camino? “De pequeño. A los 14 o 15 ya quería dedicarme y jugar en el extranjero. Fue como un sueño y nunca lo solté. No sabría decir en qué club me decidí, pero sin duda fue algo que siempre estuvo en mi cabeza”.

Estuviste en la primera ventana de Clasificatorias a la Americup, ¿cómo evalúas esa experiencia? “Muy bonita. En ese momento, no me esperaba el llamado. Cuando recibí el mensaje de Cristian Santander (coach de Chile) fue una sensación increíble. Era el siguiente paso que cualquier jugador espera. Representar a la selección mayor es un honor. En el partido en Valdivia no jugué mucho, pero cuando lo pude hacer, en Colombia, me solté más. Fue una alegría jugar y hacerlo bien. Ganar en Colombia, con la presión de tener que hacerlo, te da ese toque extra que de alguna forma hace que el triunfo sepa mejor”.

¿Por qué no esperabas el llamado? “Claudio Jorquera me había llamado hace años cuando recién me fui a Estados Unidos, pero no pude ir, tenía los pasajes ya para irme al colegio. Después de esa vez, por diferentes circunstancias no pude venir. Ahora llegó la nómina y no es que no lo esperaba, porque sí pasó por mi cabeza, no es que sintiera que mi talento no era de selección. Tenía en mi mente que ojalá me citen”.

¿Qué hiciste cuando te enteraste? ¿Llamaste a tus papás? “De hecho, mi papá me dijo a mi jajaja. Después vi la nómina, yo estaba en clases. Él me mostró la nómina y después vi el mensaje de Cristian, quien tiempo atrás me había escrito diciendo que, si tuviera la posibilidad, si me gustaría formar parte del proceso. Dije que sí. Después salió la nómina y hablamos de los permisos en la universidad. Gracias a dios me dejaron ir la semana y pude jugar”.

Para tu universidad es un orgullo tener seleccionados, ¿te felicitaron? “Sí. Nuestra universidad se destaca por tener varios jugadores de selección en sus países. El año pasado éramos más internacionales que norteamericanos. De Bosnia, Serbia, Lituania, Inglaterra, dos noruegos… Y la mayoría de selección. No todos en la mayor, pero han sido selecccionados. La universidad daba permisos para jugar torneos Fiba. Me hicieron sentir a gusto, me felicitaron por mi desempeño, pero al día siguiente a entrenar, porque teníamos un partido importante. No pude saborearlo tanto, porque me bajé del avión directo a entrenar”.

Marcelo Pérez y Juan Diego Tello (Foto: FIBA)

¿Recuerdas la celebración después de ganarle a Colombia? “Fue una satisfacción total. Sentíamos que le habíamos fallado a nuestra gente en casa, que teníamos ese partido en el bolsillo y se nos escapó al final. Después, en Colombia, era parecido. Teníamos ventaja amplia en el tercer cuarto y en el último, nos empataron y pasaron. Por las circunstancias del juego, lo que nos iba pasando, nos hizo estar tan contentos y adrenalínicos al final. Sabemos que somos un buen equipo y las posibilidades que teníamos, entonces fue grandioso ganar con todo lo que teníamos en contra”.

Hay ventaja sobre Colombia, pero los otros rivales son Venezuela y Argentina, ¿da ilusión equipararse con selecciones mundialistas? “Son dos equipos muy fuertes, potencias de Sudamérica, pero no por eso nos vamos a achicar. Vamos a jugar como con Colombia, de igual a igual. Habrá respeto, pero saldremos a jugar todo con todo. A demostrar que estamos creciendo y sabemos que vamos a dar que hablar en el campeonato”.

Tuvieron recientemente una reunión por videollamada con los entrenadores. “El preparador físico y los entrenadores Cristian Santander y Carlos Duro, se comunicaron para saber qué estábamos haciendo, si necesitábamos algo, alguna rutina o entrenamiento para seguir en forma en la cuarentena. Siempre tratando de ayudar. Nos están pasando libros en línea, siempre pensando en cuando nos volvamos a juntar y llegar de la mejor manera”.

Formas parte de una buena camada de jugadores chilenos. Hace un año ganaron el bronce en el Sudamericano U21. “Fue un campeonato muy lindo. Era la misma cancha donde después jugamos la ventana, así que tuve varios recuerdos. Fue un tercer lugar muy valioso. Con Brasil se nos escapó, pero a Argentina le jugamos de igual a igual, aunque el físico no nos dio. Kevin Rubio se había lesionado y no había mucha rotación. Nos pasó la cuenta. También la altura, donde era difícil mantener la intensidad. Es una camada especial, porque hemos vivido muchas cosas juntos, nos hemos mantenido mucho tiempo y ayuda, porque estamos afiatados, sabemos los roles de cada uno y ayuda a acoplarnos como equipo”.

¿Despertó algo el Premundial de Valdivia, en 2016? “Fue uno de los campeonatos, con el Sudamericano del año pasado, que empezó todo. Si bien perdimos algunos partidos, competimos de igual a igual y muchas veces pudimos ganar, perdimos por errores nuestros. Pero eso nos abrió los ojos para seguir trabajando y competir”.

Son una generación ambiciosa, ¿te planteas tu carrera ideal? “Primero, seguir jugando a nivel profesional. No sé dónde, dependerá mucho de cómo termine la universidad y las ofertas que pueda haber. Mi objetivo es jugar profesional, ojalá en el extranjero, para seguir desarrollándome como jugador y ponerlo todo en función de la selección”.

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